Las mejores cosas llegan sin buscarlas, sin llamarlas. Más bien, como que nos escogen o nos llaman y en ellas uno descubre la belleza de lo cotidiano.
El sábado, mi hermana, Jefer (mi sobri) y yo, íbamos a desayunar. Acababa de contarle a Claudia que a Nicolás le había gustado mucho un lugar que ella y yo conocemos desde hace muchos años. Así que al arrancar, me dijo: ¿Vamos a Villa Casona?
Sin dudar, le dije: “No, vamos a probar en Polanco, a ver qué encontramos”. Y partimos. Llegamos muy pronto porque no había tráfico y entramos por Mazarik. Yo sólo tenía claro que quería ir a por donde está el parque para después llevar a Jefer a los juegos.
Fue raro, llegué a la calle del parque, recorrí dos cuadras, di una vuelta a la derecha, luego a la izquierda y de pronto lo vi en una esquina: mesas de madera sobre la acera que el sol bañaba en ese momento, parasoles y, adentro, un mostrador repleto de pan. El lugar, además, tiene valet partking, así que tras leer el nombre del establecimiento: “Le pain quotidien”, dije: “Acá”.
Es sensacional, tienen todos los clásicos franceses, cuernitos, daneses, tartaletas, quiches y, además, panquecitos de manzana, de plátano y panes de varios granos y pasas, casi todo orgánico pero delicioso.
También tienen desayunos: tazones de frutas mixtas con yougurt y granola, omelettes de queso gruyere con jamón serrano, o de queso de cabra con espárragos, huevos poché y desde luego, el clásico pan francés. El café es cosa aparte, y más el Mocha, que preparan con chocolate belga. ¡¡¡¡¡¡¡¡MMMMMMMMMMMMMMMMM!!!!!
A mí me parece que los precios son MUY buenos. Un Mocha chico costó 40 pesos, un Mocha con chocolate belga y café de verdad que SABE y HUELE delicioso. Un café cualquiera en Cinépolis cuesta lo mismo, pero NO LO VALE.
Mi hermana y yo compartimos un tazón de frutas y un croissant, cada quien pidió un omelette y un café. Pagamos 380 pesos y salimos muy, muy llenas y contentas.
Le Pain Quotidien
Oscar Wilde no. 20, local 3
Colonia Chapultepec Polanco
Les dejo una pieza que guardaba para este momento. Me gusta porque para mí así son las cosas: sencillas pero confiables, siempre esperando por nosotros, llamándonos y listas para recibirnos, para abrazarnos. Y todo esto viene a cuento porque la semana pasada conocí a un joven chef muy impetuoso, entusiasta y emprendedor. A los 26 años tiene tres restaurantes. Pero Daniel Ovadía me dice que él transforma la comida “de la calle” y la presenta en una mesa linda, con manteles largos… ¿Y eso qué?
No dudo que su comida sea buena, de hecho me dijeron que en el Paxia se como muy rico, pero el planteamiento de Daniel no me gustó. En fin. Acá les dejo, una vez más, a Calamaro y prometo ir pronto al Paxia, para ver qué tal.
embedded by Embedded Video
