La era del hielo llega a la birria

Por Xtreme Chuy

Creo que hay personas que se toman el refrán de “Crea fama y échate a dormir” como una filosofía de vida, y aunque pierdan aquello por lo que se hicieron de un nombre, por alguna razón se mantienen en el gusto popular.

En algún momento “La Polar” fue una gran birrieria, donde se podía degustar una sabrosa birria a altas horas dela noche por un precio justo; ahora las cosas han cambiado, dejó de ser ese lugar “popular” para formar parte de esos extraños lugares en los que se ofrece un producto “ordinario” a precios extraordinarios.

Llegué y al parecer sabían de mi presencia, pues inmediatamente empezó a sonar el mariachi. “Bien, tome asiento”, me dijeron y tuve tiempo de ver las cartas: Mariachi $95.00 Norteños $70.00… No, esa no… Birria $95.00 Tacos $28.00.

Bien, pues a darle gusto al gusto, un plato de birria, un taco y un refresco bastarán. El Mariachi sigue en lo suyo, los meseros no paran su andar, llega el plato de birria, ciertamente es abundante, además de que la salsa tiene un olor llamativo, el taco también muestra una porción abundante, que comience el festín.

¡Guau!, está como lo resto el doctor, “sin sal”. Tuve que exprimir varios limones, secar la salsera y vaciar el salero para poder mejor el sabor (está bien, exageré, pero en verdad estaba desabrido) al parecer el problema estaba en la carne, pues ni el taco ni el plato me dejaron un “buen sabor de boca”.

Ahora, para ser justos, creo que la mayoría de los ahí presentes no estaban precisamente por la birria. Si algún viernes saliendo de las luchas, desean seguir la velada entre cervezas, mariachis y conjuntos norteños, La Polar puede ser una buena opción. Se cuenta que varios luchadores suelen acudir al lugar, por lo cual si son “fans” de la lucha puede que encuentren algo atractivo, pero si lo hacen para ir a desayunar algo sabroso, dudaría antes de sugerirla.

La Polar
Guillermo Prieto No. 129
Col. San Rafael
Tel 5546 5066

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Un asesino serial y tarde de pasteles

El asesino serial es un bache que está sobre Río Becerra, a la altura de ese centro comercial de Patriotismo. Cuando me orillé a ver qué daño había sufrido mi auto, encontré a otros cinco coches y una camioneta de tránsito en el acotamiento.

El bache asesino me costó un rin pero no me impidió llegar al Costco, a donde me dirigía por un pastel de chocholate para festejar a uno de mis compañeros.

El problema es que ya en la tienda también me hizo ojitos el pastel de limón (cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia) y como yo puedo resistir todo, menos la tentación, terminé comprando también el panqué.

El pastel de chocholate llegó sano y salvo a la oficina, en donde desapareció en menos de cinco minutos. Como es uno de mis favoritos, comí dos rebanadas con singular entusiasmo. De verdad, era como si mi perro Roco se abalanzara sobre un trozo de carne fresca.

A todo el mundo le gustó este pastel cremoso, esponjoso y chocolatoso, pero… Sí, invariablemente hay un pero. El problema es que mi paladar es muy sensible y no pudo pasar por algo ese “after taste” (sabor residual) a conservador artificial.

Ya sé que nada es perfecto. El problema es que, al parecer, ese es el defecto de los pasteles del Costco, pues al día siguiente, cuando probé el pastel de limón (que repartí entre mi equipo compacto) encontré ese mismo gusto a conservador que tenía el casi perfecto pastel de chocolate.

Qué lástima. Los pasteles no son caros. El de chocolate costó 179 pesos y rindió al menos 30 porciones, y el de limón costó 79 pesos, mucho más barato que el rin de mi auto.

Ni modo. Así es la vida.

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La mejor receta para festejar

La Botica, una mezcalería de La Condesa, resultó un gran lugar para beber mezcal, algunas botanas diferentes y, sobre todo, para tener una súper fiesta de cumpleaños.

El lugar es pequeño, pero bien montado. Ofrece una variedad de mezcales que van desde los 30 hasta los 45 pesos.

Les recomiendo el “reposado”, pero a muchos les gustó el “minero”. También hay de “pechuga” y cremas de mezcal de varios sabores.

La botana de la casa son las habas enchiladas, pero también hay queso, manzanas con hojaldre de chamoy y otras cosas ricas.

Para los más sofisticados, hay una especie de raspados que saben a gloria.

Yo recuerdo haber bebido cinco mezcales y al menos tres ampolletas de Victoria, y mis amigos hicieron lo propio, así que a pesar del aguacero salimos felices de la celebración.

Hay que tener cuidado con el mezcal que es muy poderoso y, sobre todo, hay que tener cuidado con el alcoholímetro, así que mejor lleven conductor resignado, pero no dejen de ir, sobre todo en bola y con mucho ánimo de pasarla bien.

La Botica
Alfonso Reyes 120
Colonia Condesa

El extraño encanto de la decrepitud

Kafkapulco… Así le dicen al puerto de Acapulco, donde “Luismi” ganó sus primeros bronceados, esos que le hicieron famoso en su adolescencia…

Al ver ahora a Luis Miguel uno se pregunta qué le pasó, en dónde lo perdimos… Y me acuerdo de Luis Miguel porque no entiendo qué rayos le ve la gente, así como no entiendo esa naturaleza kafkiana de Acapulco.

¿Más detalles? Llegué al Princess (al Fairmont Acapulco) y, al poner ojos en la estructura, no pude contener la carcajada. Estuve ahí, riéndome durante varios minutos y me reí más cuando recorrí parte de las instalaciones… ¿Por qué? Porque el costoso hotel (la habitación más barata cuesta 3 mil pesos la noche) tiene forma de pirámide maya…

O sea, imagínese usted que va a Chichen Itzá y se hospeda en el meritito templo de Kukulkán, con agua caliente y sábanas blancas en cama king size. Los bell boys y los recepcionistas usan guayaberas bordadas con glifos mayas que no saben qué quieren decir…

En fin… La Oda al mal gusto por excelencia.

Los periodistas acapulqueños dicen que, después de que Kafka fue a Acapulco, ya no quiso escribir…

También kafkiano fue el lugar donde comí. Un restaurante (o algo así) llamado Las Palmas, en Playa Tamarindos. Iba al “Amigo Miguel”, pero ahí siempre hay mucho ruido y yo quería descansar, así que entré a este sitio donde la única comensal era yo…

“Si no le gusta no le cobro”, me dijo desafiante el encargado, así que entré más por seguirle la broma que por haberle creído…

Me senté en una mesa que estaba en una terraza, cubierta por un hermoso almendro cuya sombra despejaba el calor de la tarde. Me senté ahí y pedí un ceviche de pulpo y pescado que resultó la más extraña preparación de ceviche que he probado jamás.

Mientras esperaba a que llegara mi orden pasé al baño… Otra habitación desierta, con los espejos manchados, los lavabos rotos, la pintura descascarada… Al salir una señora me quería cobrar cinco pesos por haber usado el servicio…

Tras convencerla de que yo era cliente del local volví a mi mesa y desde ahí me puse a recordar la decrepitud que vi en La Habana y en Lisboa… No tan extrema como la de este sitio pero sí lo suficiente para nostalgiar y preguntarse en qué punto perdieron su esplendor, que no su encanto.

Sentada ahí también recordé un libro de Bolaño, las Putas Asesinas, que no habla mas que de la decrepitud y lo absurdo de Kafkapulco… (y eso que todavía no aparecían los ejecutados).

Después del ceviche llegó mi arroz con camarones, que resultó tener un poco de pintura para que se viera amarillo, como si tuviera azafrán. Estaba preparado con camarones pacotilla, pimiento verde y un poco de cebolla… De guarnición tenía unos deliciosos plátanos fritos…

La verdad es que no sabía mal. Demasiado caro para el lugar y para lo que era (unos 130 pesos), y al mismo tiempo, no. Esa extraña decrepitud tiene su encanto. Para mí, en ese momento, fue el recuerdo de la Habana, de Lisboa, del libro, la sombra del almendro y mi escenario de una dulce conversación llena de promesas.

Sólo en Kafkapulco…

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Los secretos de la mega pizza en Clavería

Por Xtreme Chuy

La duda comenzó con una fotografía y gracias a este blog pude comenzar a resolver el misterio de la mega pizza que resultó estar en Clavería. Una vez ubicado el lugar, sólo faltaba encontrar con quién ir a celebrar, lo que se convirtió en un reto, así que la espera fue prolongada, pero valió la pena.

El hombre siempre tiende a ponerse metas, algunas provechosas, otras estúpidas… Así es como me justifiqué para una tarea absurda: Encontrar el lugar en el que venden las pizzas más grandes que jamás antes haya visto (agradeceré cualquier dato para encontrar una pizza circular más grande) con un buen sabor y en un lugar que no pertenece a una franquicia “conocida”.

La pizza tiene un sabor original, grato y sabroso. Tiene una buena salsa, los ingredientes son frescos, la masa no es tan delgada como me gustaría, pero no llega a aquel grosor casi obsceno de algunas de las franquicias más conocidas.

Lamento decirles que no están hechas en horno de piedra, pero eso no impide que se logre un buen sabor. El precio es acorde a los ingredientes y puede ir desde una “margarita” de 200 pesos hasta una “Marco Polo” de 600 pesos, (estos precios son de la “super”) o irla combinando a su gusto.

Poco más se puede decir de la pizza, solo que es para nueve personas.

El lugar cuenta con otros productos dentro de los que se destacan las pastas y las crepas, también podrían ir con alguien que se reserve a las ensaladas. Las bebidas son aceptables y los postres buenos.

El costo en un plan moderado no es muy alto. Diría que 200 por persona. El lugar se llama Marco Polo, está ubicado en la colonia Clavería.

No creo necesario hacer reservación, pero no esta por demás

Marco Poloi
Av Clavería #158
Tel 53 96 81 34

http://www.marcopoloclaveria.com/

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Pulpo al olivo, un amor irracional

La comida peruana ejerce sobre mí un encanto especial. La he probado en varios restaurantes en el DF, pero la del Mánkora, en Polanco, me cautivó.

Me gustan por sobre muchas cosas los ceviches con sus distintos tipos de “leches” (marinadas), pero el pulpo al olivo me vuelve loca, y eso que no la única “ciencia” que tiene es la salsa de aceitunas negras, porque lo demás, son lajas de pulpo cocido y ya.

Pedimos una combinación de mariscos: Tres conchas de garra de león una con ceviche de pescado, otra con pulpo al olivo y otra camarones en leche de tigre amarilla. Slurp! Nada más de recordar se me hace agua la boca otra vez.

Después, una combinación de guisados: Un platito con el ultra famosos ají de gallina (una especie de mole amarillo almendrado), otro con un guisado de mariscos a la menta y otro con carne en una salsita verde, que además traía una guarnición de arroz colorado, en forma de molotitos.

Compartimos una sopa de mariscos, una sopa espesa, una especie de “chupe” que tenía pulpo, calamar y trocitos de pescado… Y ya no llegamos al postre porque simplemente ya no podíamos comer más.

La comida peruana en el Mánkora tiene muy buen sazón. No es barata pero es muy, muy rica. Por todo eso y tres cervezas pagamos 600 pesos. Nada mal para festejar un cumpleaños adelantado.

Además, tienen una modalidad de buffet. Por 350 pesos más bebidas, uno puede probar distintas clases de ceviches y varios guisados. Nada mal para probar la variedad de sabores que tiene el Perú.

Mánkora
Alejandro Dumas 16, Colonia Polanco, casi frente al Hotel W
5281-4338, 5281-3547

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Culto al kitsch en la Roma

Kitsch es una palabra alemana que significa cursi. La palabra kitsching es un adjetivo femenino que también significa cursi. Para la Real Academia de la Lengua Española es un adjetivo: Dicho de un objeto artístico: Pretencioso, pasado de moda y considerado de mal gusto

Lo cierto que el concepto tiene su historia, así que les dejaré aquí un vínculo a un blog que lo presenta muy bien y seguiré con la reseña. Lo triste es que lo que más llame la atención de este lugar sea la decorción onda “Alicia en el país de las maravillas”.

Sabor Amor está en la Roma. Me lo habían recomendado mucho pero a mí no me gustó tanto. Me parece demasiado caro y, como dije, demasiado kistch, hasta en sus platos.

Pedimos un fondant de berenjena, porque como les he repetido ad nauseam, AMO la berenjena . El problema es que el fondant era frío y no caliente y predominaba el sabor de queso filadelfia sobre el de la berenjena. Hasta me produjo una suerte de empalago.

También pedimos un corazón de filete con salsa de algo y puré de papas. Resultó que la salsa era una salsa verde pero era muy poca y se tardaron demasiado en traernos un poco más.  Para cuando llegó el refil, ya casi habíamos acabado con la carne.

Finalmente, compartimos una ensalada de lechugas con camarón empanizado en ajonjolí. El platillo que cuesta más de 100 pesos tenía sólo tres, únicamente tres camarones. Sabía bien, pero me pareció un robo.

Como la experiencia no fue tan intensa como pensábamos, decidimos tomar el postre en otro lado. Sin embargo, debo informar que me han contado que sus postres son excelentes.

Nosotros pasamos sin ver y caminamos unas cuadras a la Bella Italia, donde una rockola nos regaló las mejores canciones de Elvis y Sinatra y, por supuesto, una deliciosa malteada de Chocolate.

Total, que la cuenta en Sabor Amor llegó a poco más de 600 pesos.
El restaurante está en Álvaro Obregón 206, casi esquina en Isurgentes
Colonia Roma

Acá les dejo en compañía de Sinatra

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¿Comida con patas o gastronomía itinerante?

Debo confesar que nunca he ido a un “rave”, una fiesta “clandestina” que se celebra cada vez en un sitio disitino y de cuya existencia uno se entera de boca en boca.

Aquí, en el DF, están organizando un festival de gastrononomía itinerante que se supone debe funcionar como un “rave”. Se llama “Pop-up” y acá les dejo los detalles.

Yo no podré ir, pero ustedes, si pueden, vayan. Parece que será de lo mejor en mucho tiempo.

Los Pop-ups son idea de un par de chefs de Los Angeles que comenzaron a “intervenir” restaurantes en su zona. La idea llegó luego a Diego García, chef y dueño del restaruante “Villa del Valle”, en Ensenada, Baja California y luego llegó a un trío de capitalinos que no son chefs, sino entusiastas de la comida y la gastronomía.

Los tres chefs más Marco Margáin se instalarán en El Broka, un restaurante ubicado en la calle de Zacatecas 126, en la colonia Roma, que regularmente está cerrado los fines de semana. Ahí, traerán “El mar a la ciudad” para la comida y cena del sábado y la cena del domingo.

El menú consta de siete tiempos preparacos con productos traídos de Ensenada, Baja California. Cuesta 480 pesos el cubierto y no incluye alcohol.

Ah, por si queda duda: No se admiten reservaciones.

Más información en Twitter en:  @C0mensales

Aquí les dejo el ultrafamoso Clandestino, de Manu Chao

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Punto de quiebre

“Que le cuentes a alguien tu vida no quiere decir que le hayas entregado también tu alma”,
La elegancia del erizo
Muriel Barbery

Mi relación con el restaurante del club donde juego tenis está en punto de quiebre, como se dice en argot tenístico. Es una sucursal de “La Tía Yeya” que no acaba de ganarme, pero suma buenos puntos.

15 – 0
La primera vez que fui a “La Tía Yeya”, en la Del Valle, me pareció lugar un poco caro. Un salmón con fetuccini cuesta 120 pesos pero la porción no es muy grande y a la pasta le faltó sabor.

15 – 15
En contraparte, el lugar es muy limpio y el servicio es excelente. Salí con sentimientos encontrados, pero sin tantas ganas de volver.

15 – 30
Hacen un estupendo café. Prefiero el capuccino, pero el americano es rico también. Aún mejor, un capuccino cuesta sólo 22 pesos, cuando el Starbuck vale unos 35.

30 – 30
¿Por qué creen que una persona que practica una hora y media de ejercicio por las mañanas quiere un sandwich bañado en mantequilla y con papas fritas de bolsa como guarnición?  No lo entiendo. Además, el sandwich cuesta más de 40 pesos. Otra véz, más caro que el croissant de Starbucks.

40 – 30
El restarante “La Tía Yeya” tiene poco en el club deportivo donde aprendo a jugar tenis, así que “apenas nos estamos conociendo”. El chef anterior cocinaba muy rico, los platos estaban muy bien servidos y los meseros era muy flexibles.

En cambio, me da la sensación de que los “nuevos” escatiman cada peso. Las guarniciones son simplonas y poco atractivas y se niegan a cambiar el jugo por un poco de fruta.

40 iguales
Las tortillas son hechas a mano y también sirven quesadillas de flor de calabaza, hongos y chicharrón prensado, así como gorditas y sopes, es decir, todas esas “garnachas” que amamos pero que siempre tenemos que ir a conseguir al puesto del mercado.

Ventaja
Tiene menús del día y de desayunos, algunos de los cuales empiezan desde los 56 pesos…

Y así podría seguir con esto de la Tía Yeya, pero creo que ya tienen la idea. Mejor, les dejo con un gran comercial de Novak Djocovik, el nuevo campeón del Masters de Roma y de Madrid y de Miami. Este hombre me encanta, me fascina su determinación, su disciplina y, al mismo tiempo, cómo disfruta las cosas que hace pues, al contrario de Rafael Nadal, este serbio no sólo ama lo que hace, también ama cada parte del camino que tuvo que recorrer para llegar a la cima.

Y, sobre todo, no le tiene miedo a volar.

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Amor absoluto

Santísima arrachera asada, benditas tortillas de harina, sacrosantos frijoles charros, nopalitos celestiales, guacamole, salchichas Ponderosa, cerveza, chicharrón de puerco, salsa de chiles asados…

Así, entre este magnífico repertorio, terminó el “puente” de Semana Santa.carneasada

No sé cuánto tiempo había pasado desde que estuve, por última vez, en una de estas comilonas. Lo que sí puedo decir con toda certeza es que me desquité con fe y singular alergría y comí, y comí y luego volví a comer.

Lo malo de este post es que no puedo recomendarles algún lugar a donde ir a disfrutar de una experiencia de estas, porque esto es un asunto familiar, pero sí puedo darles algunos tips:

- Las mejores salchicas para asar son marca Ponderosa (originarias de Monterrey, NL)
- En DF pueden conseguir excelente carne en una carnicería que está en Mitla y Eje 5, en la Narvarte
- Además de arrachera, busquen “agujas norteñas”
- Para mejor sabor, el guacamole debe llavar ajo, limón y chile chipople molido
- Los frijoles charros saben mejor recalentados

Y como extra, les dejo mi receta, bueno, la receta familiar de los Frijoles Charros:

1 kilo de frijoles bayos
3 jitomates en cubos pequeños
1 cebolla en cubos pequeños
150 gramos de tocino en cubos pequeños
150 gramos de chorizo en cubos pequeños
4 salchicas (de preferecia Ponderosa) en cubos pequeños
1 lata pequeña de rajas de chiles en vinagre
2 puños de cilantro lavado

En una olla grande, freír el tocino y el chorizo hasta que suelten la grasita. Añadir la cebolla y dejar que acitrone. Agregar el jitomate y dejar que se cueza y suelte el jugo. Añada entonces los frijoles cocidos, con tod y su caldo y añadir la salchica. Dejar hervir hasta que reduzca dos o tres dedos. Una vez que reduce la preparación, añadir los chiles. Apagar el fuego, añadir el cilantro y tapar la preparación para que la hierba suelte el herbor.

A esto, señores y señoras, le tengo amor absoluto, sin reservas. Ojalá algún día puedan probar algo así.

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