La sociedad antinatural

Por: Karina Almaraz.

¡Cronopios de todos los países, uníos! Contra los tontos, los dogmáticos, los siniestros, los amarillos, los acurrucados, los implacables, los microbios. ¡Cronopios!¡De frente, marchen!

Julio Cortázar

Ya lo saben ustedes. La Asamblea Legislativa del DF aprobó el matrimonio entre homosexuales y además les permitió adoptar. Lo previsible: el debate en pro y en contra no se ha hecho esperar. Yo les aviso: estoy a favor, y no vengo a convencerlos. Sólo quiero quejarme del mal nivel de los argumentos del bando en contra.

1.Es antinatural.

Ora sí que por amor de Dios. Manzanas con manzanas, por favor. Decir que la homosexualidad es antinatural es negarle al ser humano sus otras capacidades: intelectuales, emocionales, y, sobre todo, sociales. Es reducirnos a ser algo natural, lo que equivale a ser sólo animales. Y como yo y varios siglos de “ciencia” social lo vemos, lo social se antepone a lo natural. O lo supera.

El matrimonio no es natural. De hecho muy pocas especies, totalmente excepcionales, son monógamas. En la naturaleza nunca hemos visto un matrimonio, porque éste es un constructo social. Pertenece a la sociedad. Igual que la orientación sexual y más específicamente, el rol de género. Venir a decir que la gente dentro de la sociedad debe comportarse naturalmente es dar patadas de ahogado.

2.Van a traumar a los niños.

Acerca de que puedan adoptar se ha dicho una serie de cosas horrorosas. La primera, que va en contra de los derecho de los niños a tener una familia. Como yo le veo es exactamente lo contrario… Se brinda a un niño sin familia tener una, la orientación sexual de los padres es como valor agregado.

La segunda es que esos niños van a crecer con traumas… Pues igual que un niño en una familia tradicional, ¿no? Pregunten a un psicólogo. Al que tengan a un lado. Les va a decir que su papá tomaba mucho y le pegaba a su mamá, que su mamá lo vestía de marinerito y que como es el más chiquito y sus hermanos mayores le pegaban, ahora cuida a los animales porque se identifica con ellos.

La tercera es una aberración: que se presta a que esos degenerados (los homosexuales) abusen de los niños… ¡¡¡ZAS!!! Ésto es terrible por varias cosas. La primera es que reducen, otra vez, a las personas a una sola cosa y en este caso es a lo sexual. ¡Es un prejuicio enorme! Además es un ejercicio de desmemoria tramposo. ¿Que los heterosexuales no han violado nunca a un niño? Ya no quiero hablarles de los casos en que supuestos castos seres han abusado de su posición para abusar de un niño…

Una cuarta: que no están capacitados para ser padres (o madres). ¿Debo recordarles esa frase que surgió en las familias tradicionales, que nadie sabe ser padre?

Mi mamá me contó de Noé, un amigo homosexual de la familia. Hace fácil 15 años que no lo vemos, cuando lo conocimos la sociedad era muy diferente a cómo es ahora. Dice que Noé alguna vez les dijo que no le quedaba más que ser gay por las noches y que su vida nocturna era intensa por eso, por ser el único momento en que podía ser él mismo.

Pues mi mamá sólo entendió que le encanta el desmadre. Sólo entendió lo que quiso entender. No quiso ver que la sociedad lo redujó a esconderse y que quizás sufría.

El otro día Esteban Arce en un programa que hace en el 4, “entrevistó” a una sexológa sobre la orientación sexual. Desde la ignorancia no la dejó hablar, fue incapaz de argumentar, de escuchar. El problema es que este tipo lo hizo en cadena nacional, visto por gente a la que le va a transmitir sus ideas. Traumando gente con sus comentarios (a los gays), abusando de su posición, incapaz de hacer algo para lo que sí enseñan a hacer (entrevistar. Hay escuelas para eso). Veánlo.

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La ciudad de la esperanza

Por: Karina Almaraz

Esto es el DF, la relatividad es lo que rige acá, no los relojes. Y menos en diciembre. Alguna vez Carlos Monsivaís escribió que en el Metro dejaban de operar las leyes de la física en cuanto al espacio y en un metro cuadrado cabían más personas de las que los cálculos estimaban… Pues ahora también en cuanto al tiempo ocurre eso. Nadie sabe ya cáunto dura un minuto.

La cosa empeora este mes. ¿De dónde sale tanta gente en diciembre? ¿Dónde se guardaron todo el año? El sábado pasado, 5 de diciembre, se le ocurrió a Marcelo Ebrard encender un árbol navideño que mide 90 metros. El árbol, sobre avenida Reforma, está rodeado de un bazar navideño y ese día hubo concierto y toda la cosa… La gente caminaba sobre Insurgentes y Reforma como sólo he podido verlo en las marchas.

De Poliforum a Revolución son 12 estaciones. Bueno, me tardé mucho en llegar. No había taxis vacíos, el metro era insufrible y todos los camiones del metrobús pasaban atiborrados.

Una semana después el caso es el mismo. Viernes 11 de diciembre. No sólo la zona alrededor de la Basílica se vuelve intransitable, toda la ciudad se llena de peregrinos, cierran Reforma para que se pueda disfrutar del árbol y el bazar… Madero, cerrada para que los turistas puedan caminar a gusto por el centro…

El Twitter hierve en recomendaciones del estilo “No salgan, está hasta la madre”, todos informan que cada punto de la ciudad está atascado.

Lo cierto es que no pasa sólo en diciembre, aunque este mes es bastante peor que los otros, pero la realidad es que el tráfico, más allá de darle bonitas frases a los cronistas, es una señal inequívoca de lo inhabitable que se ha vuelto la ciudad.

¿Y que pasa? ¿A alguien se le ha ocurrido comenzar campañas de control natal? No, pero hemos escuchado sobre cosas bastante menos urgentes, como las cédulas de identificación biométrica, el mismo árbol de Navidad, o se gasta el presupuesto en más vialidades mal planeadas (el metrobús es un ejemplo que merece ser estudiado). O se gastan el dinero en lavarnos el cerebro con eso de la influenza…

Todo urge en este país, sobre todo si sirve para taparle el ojo al macho. Mientras, hay que comprarse un carro para entrarle al estacionamiento que se ha vuelto cualquier avenida de la ciudad, subirse a una bici para ser atropellado en cuanto alguien pueda avanzar (además de muchos, somos unos maleducados viales), o intentar la proeza de viajar sentado en el transporte público. Y llegar a su casa a ver en la tele que todos le dan las gracias a la Virgen por un año más en este bonito país.

Intercambio navideño

Por: Karina Almaraz

La Navidad no me prende. Si pudieran borrar esa festividad, me sentiría muy aliviada. Aún así entré a un intercambio en la oficina. Porque los regalos me encantan.

Para facilitarle la vida a todos y evitar las injusticias, en este tipo de intercambios se pone una cantidad mínima a gastar y se nos pidió que mandáramos un mail con opciones de regalo. Eso ya le quita un poco de espontaneidad y sorpresa al asunto, pero lo hace sólo para no devenir en decepción, pero lo que leí en un mail de alguien del intercambio, me hace pensar que esto se ha ido degradando hasta convertirse en un trámite seco y sin emoción.

Alguien pidió cosas súper practicas y utilitarias, onda una tarjeta del metro cargada con los 200 pesos. Una pensaría que es una buena opción, pero esas cosas no parecen regalos.

Busqué la definición de regalo y me gustó esta: “1 Cosa que uno da a alguien para que sea suya y con el fin de complacerlo, festejarlo, mostrarle afecto” (la saqué de acá http://diccionario.sensagent.com/regalo/es-es/)

Un regalo debería causarnos emoción y, en este caso, deberíamos esperarlo con ansía desmedida. No debo agregar que son mejores esos regalos que no esperamos y nos dan porque quisieron y no porque salió en un papelito que debíamos hacerlo.

La vida ya es demasiado fea y complicada como para estar pensando en los pasajes hasta en la hora de pedir un regalo, ¿no creen?

Amo de casa un poco triste

Por: Karina Almaraz.

Chava Rock es un nombre familiar para los que leen revistas de Rock. Fundador de Mescalito, la única revista que pide estrictamente estudiantes para ser su colaborador y le pide a las divas del periodismo que ni se acerquen, colaborador de Rolling Stone y personaje multicitado en todas las columnas de José Xavier Návar, es también papá soltero.

Desde hace unos años su hija Lily, actualmente de 10 años, lo acompaña a reportear. En una de esas nos los encontramos, cada uno con una cámara en la mano. A ratos Lily parece su asistente, a ratos su mejor alumna, pero nunca su hija.

Ella le dice cuando se acaba la batería de la cámara, le indica dónde trae más. Le recuerda que al otro día tiene clase y él le dice que no vaya, pero termina convenciéndolo de que debe ir y parten, rumbo a su casa para, al menos entre semana, dormir temprano.

Él mismo narra en este video un poco de esa faceta que no conocemos de Chava Rock: http://videos.publimetro.com.mx/video/iLyROoafIUUv.html

PIENSA POR TI MISMO

Por: Franz De Paula*

Toda evolución en pensamiento y conducta

debe aparentar en un principio herejía y mala conducta.

George Bernard Shaw.


Darwin Differs

Una enorme diferencia entre la gente, creo yo, es su capacidad de autocuestionamiento.

Cuando alguien se pregunta, ¿cómo es que existe todo?–¿cómo es que existo yo?–, el carácter de la respuesta define de qué tipo de persona estamos hablando.

Hay quienes responden que todo es obra de un ser supremo –con diferente nombre de acuerdo a su creencia personal– que creó y dispuso todo de la forma en que la conocemos.

Ésta es una respuesta fácil. No requiere mayor explicación, aún cuando preguntemos qué o quién es ese poderoso Creador, cómo es que existe, siendo algo más complejo aún que el universo mismo, qué había antes de Él o si alguien más lo creó.

La respuesta, tarde o temprano, acaba llegando al punto inicial: No preguntes, no podrías entenderlo – sólo créelo, porque Él así lo ordena.

Pero si, por otro lado, la respuesta es explicada con bases y razones reales, entonces aclara y exhorta a investigar más, a saber más. A interesarse por conocer, por conocerlo todo, por conocerse a uno mismo.

Las cosas no siempre han sido de la manera como las conocemos. El universo cambia desde su explosivo inicio. Seres y eras se han ido y muchas más vendrán.

Todo evoluciona, y lo que no, se estanca y no sirve. A eso se le llama selección natural. Un tipo muy inteligente y observador llamado Charles Darwin la demostró hace un siglo y medio.

El problema con la mentalidad de alguien más es justo ése: no es la tuya. Eso incluye doctrinas, creencias y estilos de vida que probablemente no son los que querrías para tí. Normalmente el castigo infinito y la culpa (en sus diferentes versiones y celebrada en diferentes fiestas de guardar) son manejados como medio principal de manipulación. Su única verdad es la que no contradice su creencia. Oprimen el pensamiento crítico, la curiosidad por descubrir, por imaginar, por explorar. Inculcan estar satisfechos con no entender el mundo. Debes creer – de lo contrario, Él te castigará para siempre.

Creer no es simplemente una cuestión de decisión. No puedo creer en una enorme tortuga sosteniendo la Tierra sólo porque alguien me lo pida. Pero si te enseñan a creer en ella desde que naces, me pregunto, ¿de qué manera esa formación te hará evolucionar?

Esa mentalidad obsoleta ha influido en la vida de millones por siglos. Billones continúan perdiendo la suya por causas que podrían haberles sido ajenas. La historia de la humanidad es un claro ejemplo de ello – las peores catástrofes en pérdida humana de la historia, una enorme mayoría, están relacionadas con dogmas y religiones. Segregan, censuran, etiquetan junto al color de piel, idioma, partido político o deportivo. Es claro lo dañinas que son para la vida y la evolución del ser humano.

Se supone que lo que nos distingue como especie humana es la inteligencia, nuestra capacidad de autocuestionamiento. De no habernos preguntado de dónde venimos, cómo es que pensamos o de qué están hechas las cosas, no habría avance. Aún continuamos descifrando de dónde venimos, pero en el camino hemos conseguido averiguar bastante hasta este momento. Sabemos lo infinito hacia ambos lados que es el universo. Nuestros ojos no han encontrado un final aún. Esto jamás lo hubiéramos logrado sin averiguar de qué está hecho todo lo que nos rodea, de qué estamos hechos nosotros mismos. Sin conocimiento, sin su consecuente tecnología, no habría posibilidad de comunicarnos como lo hacemos hoy, o de hacer largos viajes a conocer gente diferente y lugares interesantes. No conoceríamos el universo dentro y fuera de nosotros. No nos conoceríamos. La vida sería oscura y no evolucionaría. No haríamos justicia al término inteligencia.

Toda gran verdad dicha por vez primera suena a blasfemia. Precisamente hoy hace 150 años fue publicado uno de los pocos libros que han marcado el siguiente nivel en nuestra evolución como especie inteligente: El Origen de las Especies. Nuestra comprensión de la vida y de todo lo existente nos eleva a la altura de la continua sorpresa, en cada nuevo descubrimiento nos descubrimos más a nosotros mismos. No es la especie más fuerte ni la más inteligente la que sobrevive, sino la más adaptable al cambio. Y cambiar de mentalidad, sin duda, implica un paso adelante en la evolución humana. Impresionante, como dijo otro muy listo señor, que hoy sea más fácil desintegrar un átomo que superar un prejuicio.

No hay necesidad de explicarnos con cuentos de hadas la vida sólo para sentirnos afortunados por experimentarla. Si ya estamos aquí, ¿qué mejor labor que entender nuestro colorido universo y de qué manera real despertamos con vida en él? El único medio es nunca dejar de cuestionarse.

Dudo, por lo tanto pienso, por lo tanto soy, dijo un listo matemático francés hace mucho.

*Franz de Paula. Diseñador, ilustrador, escritor y amante de los gatos. Tiene un IQ de 158 según Facebook y es un gran conversador. Se compró una edición viejita de “El origen de las especies” y escribió esto.

www.franzdepaula.blogspot.com

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franzdepaula@gmail.com

Reunión Generacional

Por: Lalo Babieca

Me preguntaba dónde es que podía estar tanta gente que fui conociendo a lo largo de mi vida, qué es lo que estarían haciendo, cómo serían sus vidas ahora que volvía a la ciudad. Ya echados a andar estos pensamientos me di cuenta que era extraño. Nunca, en todos los años en que estuve ausente me encontré repasando en la cabeza algún rostro, alguna anécdota que me hubiera sucedido con alguien en esos años, mis primeros años de vida. Me fui jurando que no extrañaría a nadie, me fui para borrarlo todo y empezar de nuevo, en cualquier otra parte, donde nadie supiera mi nombre. Y el nuevo empleo de mi padre se presentaba perfecto para eso, para no regresar nunca. Pero estaba equivocado, había algún día de volver y ahora me daba cuenta que siempre algo de mí se quedó en esta parte. De repente los recuerdos se agolpaban en mi mente, nítidos, con luces doradas y olor a tierra mojada. 


El vecindario era el mismo pero lucía diferente, quizá porque no lograba reconocer los rostros que no correspondían con las fachadas. Faltaba la señora Lucía viendo pasar personas desde su puerta, sentada en una silla de plástico, casi siempre acompañada por otras viejecitas un poco menores que ella, la líder indiscutible de los octogenarios; faltaba el auto destartalado donde vivía José, expulsado de su propia casa por sus sobrinos, los cuales, muy amables, le habían dejado vivir, que más bien era pasar la noche, en el auto; ya no estaba Laura, la chica de la farmacia que me ponía nervioso con sólo pasar frente a ella, faltaba la farmacia, la paletería, la música a todo volumen de un vecino del que nunca pude conocer su rostro cuando se mezclaba entre los demás por la calle, sólo escuchaba a través de su ventana la música que escapaba, y yo esperaba a que alguien se asomara para saber quién era aquel que ponía cosas que nadie más por esas calles escuchaba; fue gracias a él que escuché por primera vez a Los Beatles, aunque no sabía en ese entonces que se trataba de ellos, pero ya empezaban a gustarme; en fin faltaban muchos colores que antes solía tener mi barrio, o que ahora los veía diferente.


Estaba sólo de paso en la ciudad, y decidí pasar a visitar a viejos amigos, pero no encontraba a nadie, quizá porque no pude hacer a ningún verdadero amigo, sólo conocidos con los cuales despistar al aburrimiento.

Un nuevo centro comercial se había erigido sobre lo que antes fue un enorme terreno baldío. Se hacía de noche y tenía que continuar mi viaje hacia el sur. Pasaría sólo a comprar algunas cosas necesarias para el camino.

Y ahí estaban casi todos. Mis viejos compañeros de la primaria vendiendo, comprando, exhibiendo, limpiando, acomodando, vigilando, todos con la sonrisa parte del uniforme de esa mole comercial; Laura en la sección de fármacos, ya sin la belleza natural que antes me aturdía, Gustavo, el portero del equipo de la primaria, enfundado en un uniforme azul, vigilando con sus ojitos negros que no se alterara el orden, que no se robara ni una sola uva; Antonio era viene viene en el estacionamiento; Rebeca tras la caja dos, la caja rápida, por la que pasaban todos apresurados, desesperados, pagando con moneditas el precio justo; Rodrigo supervisor; Daniel cortaba carnes y ofrecía salchichas.

Era como estar de regreso, en una kermese a la que le faltaban las risas y el juzgado para las bodas entre niños. Todo se acomodaba perfecto en esas estanterías. Por un momento pensé en ir y solicitar trabajo, llegar por fin a algún sitio donde no me sentiría totalmente ajeno, volver a formar parte de ese mundo donde las cosas no habían cambiando solo por el deterioro normal del paso del tiempo, posiblemente estaba cansado de no pertenecer a ninguna parte, de vivir en hoteles y nunca terminar lo que iniciaba, de preferir huir y no hacer nada antes de enfrentarme a un fracaso.

Entonces fue que sonó en los altavoces Eleanor Rigby. Tenía que volver a irme, sabía que las cosas sí habían cambiado, estaban peor que cuando me fui, estaban como para volver a irse y esta vez sí pensar en todos ellos; irme para continuar mi vida, para terminarla algún día, seguir buscando, llegar al sitio adecuado. 


Estiré la mano que se me derretía entre las monedas para pagar mis botellas de agua embotellada, los paquetes de galletas, y el paquete de cigarrillos que le pedí a Rebeca.

Al decirme “Buenas Noches, ¿encontró todo lo que necesitaba?”, se me cerró la garganta, no pude decir que sí, que efectivamente lo había encontrado, pero que no me era suficiente. En ese instante en que levantó la mirada para formular su pregunta vi un brillo en sus ojos que yo interpreté como que me había reconocido, el cual se apagó instantáneamente, volviendo a olvidarme como lo había hecho hace 15 años, para continuar su vida, para cobrarle al cliente que estaba detrás mío.

Circus

Trata sobre mí como artista, lo que hago, lo que aporto a un espectáculo, es básicamente parecido a un circo. Aporto trajes y cosas teatrales divertidas, que hacen que la gente quede admirada.
Britney Spears en entrevista con Jocelyn Vena, 2008.

Dicen que el hábito no hace al monje, pero cómo lo entretiene. Eso le pasa a Britney Spears, que este año se vistió de domadora, maestra de ceremonias, remedo de maga y se hizo acompañar por bailarines vestidos de payasos, malabaristas y demás entes propios de su disco Circus (Jive Records, 2008), título que según ella, se refiere no sólo a su vida, un verdadero circo de tres pistas que llegó a transmitirse por la cadena UPN en 2005, sino también, ella insiste, es un título que refleja su gusto por lo divertido e impredecible del espectáculo circense.

Tanto le gusta lo “divertido” e impredecible que hemos podido verla pasar de chica virgen a borracha que se casa en Las Vegas usando jeans y gorra, historia que la pudo convertir en La Mujer Araña del circo por desobedecer a sus padres; pasó por su etapa junkie con un corte de cabello digno del manicomio, que en el circo sólo usa El Hombre Fuerte, siempre ataviado de caníbal; y es mejor olvidar que el embarazo la dejó hecha La Mujer Gorda de las carpas.

Con tantos guiños al Espectáculo más Grande del Mundo, era obvio que Spears terminaría armando un circo… más. Y al ser el disco que la regresaría a los escenarios, debía ser “una gigantesca megaproducción”, palabras de su representante, Larry Rudolph.

Spears arrancó su gira este 2009 el 3 de marzo en una ciudad devastada, como ella: Nueva Orleáns, famosa por las palabras Mardi Gras, carnaval, circo, fiesta. Y al ser el Mardi Gras una celebración de Semana Santa, es una fiesta de resurrección. Ciudad y cantante vestidas de fiesta para renacer.

Ataviada con diseños de los gemelos Dan y Dean Caten, creadores de la firma Dsquared2, la ex chica Disney cantó cada canción usando un traje distinto. En su primer concierto Britney Spears cantó ‘Radar’ agarrada a una barra de streptease, los bailarines se disfrazaron de ninjas para hacer artes marciales mientras la Princesa del Pop interpretaba ‘Gimme more’ y la colaboración que tenía con Madonna, ‘Me against the music’, se convirtió en un baile al estilo Bollywood.

Además, con la ayuda del ilusionista Ed Alonzo, Britney incluyó en el concierto trucos de magia para añadirle emoción al asunto. El público pudo ver como la Princesa del Pop se metía en una caja y fingía ser partida en dos mientras cantaba ‘Ooh Ooh baby’ o como el escenario se convertía en una gran bola de fuego con ‘I’m slave for you’. Todo ello aderezado con hasta 25 indumentarias distintas.

En entrevista con Vogue los gemelos Caten explicaron que para idear los trajes de la gira partieron de la idea tradicional del circo “y luego la abandonamos. Queríamos crear algo mucho más provocativo e indecente, animal y primario”. El resultado es una mezcla de circo con sadomasoquismo no exenta de polémica.

La primera fue el exceso de photoshop que se usó para renovar por completo a la cantante. El caso más dramático fue una de las imágenes promocionales del sencillo Womanizer, dónde Spears usa un payasito negro y tiene un bastón entre las manos, se ve más alta, delgadísima y su cara.. ¿Es ella?

En esa foto, a sus espaldas hay un anillo de fuego, como en la letra de Circus: I’m like the ring leader/ I call the shots/ I’m like a firecracker/ I make it hot/ When i put on a show (…)all eyes in me in the center of a ring,/ Just like a circus.

La segunda fue el descarado plagio al traje emblemático de la gira Sticky & Sweet Tour de Madonna, en el que la Reina del pop usa un traje transparente y un sombrero, mezcla de maestro de ceremonias con vaquero y que Spears usó como parte de sus cambios de vestuario en una gira que se realizaba al mismo tiempo que la de Madonna. Pero no es un secreto que Britney Spears aspira a parecerse a Madonna en todo.

Sin inmutarse por el plagio, Spears continuó su gira, que la colocó de nuevo en el pedestal del pop que solita destruyó. ¿Cuánto tiempo le va a durar el gusto esta vez?

¿La culpa de todo es del árbitro?

El jueves pasado viendo el futbol se me ocurrió: ¿Qué parte de responsabilidad le corresponde a los jugadores en la violencia post partido?

Aunque afortunadamente se ha vuelto menos común, aún quedan partidos que de sólo escuchar a los contendientes se piensa de inmediato que ese partido será peligroso.

Uno es el Pumas-América. La barra de pumas se ha ganado el mote de “la mejor porra de México” y el América es su acérrimo enemigo. La cosa se dio en varios momentos, que como buena niña no recuerdo a detalle, pero según me contó un ex cuñado, todo comenzó con la mala decisión de un arbitro, que marcó una falta a favor del América alguna vez y con eso modificó el marcador. La afición en lugar de tomarla contra el arbitro, odió al América de por vida.

Y de ahí, los golpes se acumularon.

Así que este jueves, cuando esa falta que marcaron a favor del América les permitió anotar su primer gol y modificar el sentimiento de derrota de los azul crema, que le permitía a los Pumas mantener el marcador y ganar sin problemas el partido, no pude evitar pensar en qué jugadas puercas como esa son la causa de que las porras se enfrenten.

Claro, Poncho me dijo que no le quitara culpa al árbitro, pero este se dedica a vigilar que los jugadores respeten las reglas. Las violan ellos, las jugadas puercas, las faltas, todo lo hacen los jugadores.

Por ejemplo, Palencia es un experto en faltas falsas, y ya todos lo saben. Pero de que le salen bien, le salen bien. Eso sólo se logra con años de entrenamiento…

Pero esta vez fueron los del América quiénes recurrieron a tirar patadas y tirarse al piso para que el arbitro los beneficiara. Los que vimos el partido desde la televisión pudimos darnos cuenta en las repeticiones que esas no eran faltas. ¿Qué tal si los aficionados, por mil motivos, pudieron darse cuenta también?

El árbitro no dispone de la repetición instantánea, pero los aficionados tienen celulares, ven desde otros ángulos, qué sé yo… ¿Qué hubiera pasado si el sentimiento de aficionado que siempre asumirá que la falta es falsa se hubiera convertido en certeza? ¿Qué hubiera pasado si todos hubieran estado seguros de eso? ¿Y si encima hubieran empatado o hasta perdido los Pumas a causa de eso?

Violencia, sin más. Todos tiene su parte de culpa, pero, ¿el jugador está consciente de la suya?

No lo sé.

Y a veces pienso que no les importa.

P.D.: Si alguno quiere que investigue el dato exacto del partido que inició la rivalidad Pumas- América, comente y lo investigamos.

¿Cuento?

Ya sé que tenemos a una furiosa cuentista, Bibiana Faulkner y su blog Hártate de mí. Pero escribí este textito y decidí que hoy, el blog iba a servir para él. Como bien se ha dicho: este blog es un reblogtijo. Hoy, como ven, se le dislocó la memoria y olvidó sus posts, lo trataremos con más cuidado, le leeremos cuentos fúricos, esperando se recupere.

Yo le dije que eres una puta y que te gustaba lo mío. (Lo que le dije fue que tenías una obsesión patológica con lo mío)

Al otro día ya te estaba perreando, claro. Esto se repitió tantas veces, que aprendí a callarte. Te me quedaste adentro como un desagradable humor corpóreo. Como el cáncer.

Y eso duele.

Cuando era niña y decía que me dolía el estomago, mis tías decían: “vomita”. Y yo sabía que no era eso. Pero tenían razón. Se saca todo, se exorciza. Se limpia la boca con la manga y se sigue (los ojos un poco rojos, el mal sabor de boca)

Se sigue.

La cosa es, que si debo vomitarte, nadie puede venir a decirme que yo no te trago. Te he comido entera y me ha hecho daño. Maldita comida rápida, barata, y falsa.

Eres como una mala hamburguesa. O una pierna de pollo del Coronel Sanders.