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A estas alturas una creería que ya todos saben usar el twitter, pero… No es así.

Y explicar qué es o cómo se usa no es tan sencillo. Definir a Twitter como un sitio de microblogging o como un chat es bastante erróneo o al menos parcial. Dejarlo en que se twittea es poco claro para quienes no lo usan, pero cuando los blogs cundieron la gente se acostumbró a que blogueaba o posteaba, así que debemos acostumbrarnos a decir que twitteamos.

Abrir una cuenta no representa problemas si ya han abierto cuentas en internet antes. Una vez dentro de sus cuentas deben saber que Twitter funciona casi como otras redes sociales: se acumulan amigos para saber que hacen.

La principal diferencia es que en las redes sociales como Facebook o Myspace, al agregar a un amigo a la red, éste debe aceptarnos y una vez que lo hace nos convertimos en amigos mutuos. En Twitter hacerse de amigos funciona en dos vías: tú puedes seguir a alguien o alguien puede seguirte a ti. Que ambos se sigan es independiente.

El mero mole

Una vez en tu cuenta, en la página de inicio/home se despliegan las actualizaciones de estado de sólo 140 caracteres de las personas que siguen. En eso consiste Twitter: en lanzar ideas de 140 caracteres.

La página de inicio contiene los tweets de las personas que sigues y tu perfil, los tuyos. Cada uno puede ser llamado insdistintamente timeline (TM).

En el TM las cosas se ven así:

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La parte en negritas (rositas aquí) es el nombre del usuario al que sigues y escribió el tweet. El resto es el tweet. Este en particular tiene un link.

Si tú escribes un tweet dirigido a alguien, para que lo sepa escribes una arroba seguida del nombre de usuario: @PublimetroMX y así el usuario sabrá que lo mencionas.

Algunos se verán como este:

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En él, la particula RT significa Re Tweet, que constituye una retransmisión del tweet seguido del nombre de usuario que lo escribió originalmente. En este tweet se entiende que @PublimetroENT hace un RT a @GaelGarciaB el cual termina antes de la partícula ‘<’ que indica que el usuario que lo retwitea, lo comenta. Además de ‘<’ puede usar ‘/’, ‘=’, ‘=>’, ‘–>’… pero todas indican que lo que sigue es el comentario al tweet.

En Twitter se puede identificar un tweet dentro de un tema o hashtag. Eso se hace escribirndo el signo ‘#’ seguido del tema. El tema o hashtag más famoso es el #FollowFriday (#FF): la fiesta de las relaciones públicas en Twitter.

El #FF es una recomendación a tus seguidores para que sigan a otra persona. Su éxito se explica porque el fin de las redes sociales es tener muchos amigos, y en Twitter, seguidores. Se usa así: “#FF a @usuario por tal motivo” o sólo “#FF a @usuario, @usuario, @usuario, @usuario…”.

El hashtag puede usarse para aglutinar por temas los tweets y verlos en conjunto. Cuando mucha gente twittea sobre el mismo tema, usa los hashtag.

Así como no se puede controlar que alguien decida seguirte, tampoco puedes hacer que deje de hacerlo, pero puedes bloquearlo. Esto sólo va a funcionar cuando la gente esté dentro de sus cuentas, pues Twitter permite ver los TM con sólo escribir la página del usuario (www.twitter.com/@usuario)

Si deseas que esto no ocurra, puedes proteger tus tweets y no serán vistos más que por las personas que aceptes como seguidores cuando estos entren a sus cuentas.

Para la próxima semana dejamos la pregunta: ¿para qué sirve Twitter?

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De repente mi sobrina, ¡bendice los alimentos y se persigna por las noches! Dice que la Virgen es nuestra madre y no sé qué más. Lo cual, por supuesto, me hizo sospechar de la televisión. Seguramente se la vive viendo telenovelas y La Rosa de Guadalupe.

Porque acá somos un batido ideológico. Mis padres decidieron no inculcarnos la religión que les inculcaron a ellos, y al crecer podríamos elegir. Ora siendo viejos creo que el temor a morir los ha vuelto medio respetuosos con los católicos y en Navidad mi mamá se empeña en arrullar al niño.

La cosa es que, al crecer, un de mis hermanas adquirió cierta espiritualidad medio mafufa (dice que Dios es una súper nova de hidrogeno híper poderosa, pero no cree en las instituciones religiosas); la ootra no sabe que es nihilista; y yo soy una anarquista apostata (a todas nos bautizaron) y cuando leía a Kerouac quise ser budista. El papá de la sobrina le va a la Santa Muerte y al América. Esa niña no tenía de donde salir así.

Cuando me quejé de la televisión, me dijeron que la señora que me dio el catecismo (les digo que acá es un desastre) dio el salto evolutivo y se convirtió en maestra del kínder de mi sobrina. Me daba el patatús. ¡Eso es ilegal!

Entonces tomé una Constitución Mexicana, agarré a la sobrina y le leí el artículo tercero. Le expliqué el significado de la palabra “laico” y le dejé claro que su maestra violaba la ley. Dijo odiar a la Constitución y mi mamá que no le diga esas cosas a la niña.

Pensaba en esto cuando me di cuenta que eso de ser ateo es cosa de familia.

Una vez mi abuelo cumplió un año de muerto y le hicieron una misa. El tema al salir de ella fue la estafa de cobrar una misa como privada y que hicieran dos al mismo tiempo y el hecho innegable de que el sacerdote era homosexual…

Tenemos una tía cristiana, pertenece a la Iglesia Pentecostés de los Últimos Días y otra que es un desmadre. La llevó al Templo y la segunda se unió. Y cada que bebía levantaba sus vasos una y otra vez dando gracias al Señor por la borrachera que se iba a poner. No duró mucho de cristiana.

Cuando la hija de esta última cumplió 15 años, tuvimos que ir a misa. Recuerdo a mi prima Vanesa sentada hasta atrás pintándose las uñas, a Toño burlándose de los salmos, y a mi abuelita viéndonos feo a todos. Luego el sacerdote le preguntó a Fátima, la festejada, qué creía que sus padres esperaban de ella.

- Lo mejor.
- ¿Pero qué es lo mejor, Fátima?
- Pues, que sea una buena persona, buena estudiante, que tenga una carrera.- Nomás le faltó decir: “casarme virgen”.
- Muy bien. Fátima.

En la madrugada, bien peda, se quejó de que mi abuelita la pellizcara saliendo de la misa:

- Eres una hipócrita, nomás le echaste puras mentiras al padre.
- Ay abuelita, no me pellizque…

Ora tengo una tía bruja que cree en los colores, la aromaterapia y el tarot, pero jura que todo eso obedece a Dios (una revoltura hereje, además) y otra que es santera. Estos últimos me caen mal porque por respeto a la casa, no se puede beber ahí. Si eso es lo único bueno de los católicos, su capacidad de volver vino el agua. ¡Salud!

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Oscar y yo trabajábamos en un hotel. Yo tendría cerca de 10 meses laborando ahí cuando Oscar llegó. En un principio no nos caímos bien, pero fue más por mí culpa, ya que él había llegado para sustituir a un amigo al que quise mucho. Y así pasaron ocho meses en los que tuvimos que trabajar juntos y en que mi presuroso odio fue tomando matices más suaves hasta convertirse en una buena amistad que fue sellada por varias salidas a diferentes bares.

Todas las semanas parecía que seguíamos un guión, ya que llegaba el viernes o el sábado (nunca en jueves, porque eso me parecía un abuso) y nos íbamos a diferentes cantinas, puteros, bares, casas, otros hoteles, moteles de paso, pero nunca a lugares en donde se bailara, porque a Oscar no le gustaba bailar y a mí nunca me ha gustado la música expresamente hecha para bailar.

A pesar de su franco rechazo al baile, era bastante bueno en la conversación con las mujeres y no requería de demostrar sus (supongo) nulas habilidades para la pista, aunque esto no era necesario por los lugares a los que íbamos… en fin, el se iba con su conquista y yo me quedaba a esperarlo bebiendo o bien, también lograba ligar y me iba por mi cuenta. Cuando eso ocurría, Oscar y yo platicábamos y comparábamos resultados, y por supuesto, ambos exagerábamos, o al menos yo tenía la honestidad para admitir que exageraba, pero no frente a él.

Cuando ni uno ni otro conseguíamos ligar con alguien, nuestras pláticas se tornaban profundas y reveladoras, y también se retorcían entre miles de exageraciones y luchas constantes por tratar de demostrar quién o quien no tenía la razón.

Y claro, Había conversaciones llenas de halagos y reconocimientos, pero estas producían un mayor remordimiento el lunes siguiente.

Un fin de semana hubo una salida que mezclaba las dos cosas. Primero empezamos a defender nuestros puntos en temas muy banales, y luego estos llevaron a sendas de temas más ricos y sustanciosos, para luego llegar a temas reveladores, como los significados ocultos en las canciones, o gente que habíamos conocido y que trabajaba en la CIA, o gente que no nos importaba. Pero la gente que no nos importaba nos hacía desembocar en gente que Sí, sí nos importaba y estas eran Oscar y yo. Era cuando iniciaba nuestra etapa de mutuos reconocimientos. Y reconociendo y revelándonos fuimos platicando primero en el taxi y luego en la habitación.

Yo me acosté en la cama con una cerveza en la mano, y Oscar encendió la tele. Lo que miraba lo hizo sentarse en el borde de su cama, completamente incrédulo. Su cara hizo que de inmediato me involucrara en lo que sucedía en el aparato. Era un noticiero, y la noticia era terrible: había muerto Lady Di.

Oscar Comenzó a llorar, y yo no pude evitar llorar también, no sólo había muerto Lady di, sino también una muy importante parte de nosotros. Oscar me abrazó y lloró en mi hombro. Entre sollozos hizo una pausa y me dijo que me amaba. Yo le respondí:

-Yo te amo también.

Y nos quedamos dormidos.

Por: Gandhi Cancino.

¿Gay friendly?

A los pocos días de que se aprobó en la ALDF el matrimonio homosexual, las noticias de que el DF se convertiría en un sitio gay friendly cundieron. La primera nota la leí en El universal, informaba que se construiría un hotel para lunas de miel gays y que se impulsaría la industria dirigida a ese público.

Una dice, bueno, ‘ta bien.

Pero luego vi en el metro un anuncio de un sitio de citas dirigido a homosexuales y me pareció terrible. No digo para nada que no deba existir una industria especifica para quién sea, al contrario, siempre he creído que fue el capitalismo el que dinamitó el movimiento feminista a principios de los años cincuenta, por ejemplo, y sé que una parte del sector gay, la de los profesionales sin hijos, es muy atractiva para el mercado igual que lo es el mercado DINK (Double Income, No Kids)

Pero cuando un gobierno aprueba una demanda caduca y todavía no sale de la polémica por esta cuando ya está vendiendo el nuevo paraíso de tolerancia gay, pues… Es sospechoso.

No digo que no se debió aprobar el matrimonio gay: la comunidad homosexual había sido tratada como medio ciudadano, tenían obligaciones y ningún derecho. Que se le den derechos a todos los que viven en sociedad, de eso se trata.

Pero estas acciones me hacen pensar qué tan comprometido está el gobierno del DF con esa idea, la de garantizar los derechos de los ciudadanos como lo está con la de explotar esa imagen.

Twitteros:

Perdonen ustedes que venga a mostrarles mi talego de huesos; no los culpo si están tentados a acusarlo de recurso bajo y manipulador. Para mí, en cambio, sólo se trata de una prueba, irrefutable, ya que al parecer se encuentran demasiado engolosinados con “su” “libertad de expresión” como para recordar acuerdos básicos de lo social.

Esto de convivir en sociedad implica que a fuerzas va a haber otro, y sé que muchas veces no nos gusta. Otro que puede ser nuestro hermano, el vecino, el que se subió al transporte público, uno que cruza la calle mientras manejamos o al revés. Otro metido por accidente, quizás sólo segundos, a nuestra existencia, pero con todo el derecho de estar ahí como lo tengo yo y al que seguro, le estorbo tanto como él a mí.

La mutua presencia estorbosa del otro es conflictiva. Dos yo, o dos otros, o las dos cosas al mismo tiempo, queriendo eliminarse por mutuos y estorbosos (¿un acuerdo?)

Para eso son las leyes: para salvaguárdanos de nuestras pulsiones. Sin ley, el otro yo, el otro y yo, yo y el otro, ya nos habríamos eliminado.

La cosa a veces no consiste ni en llegar a los golpes, me refiero a dos conviviendo incapaces de respetarse. Como el vecino (¿cuántas veces hemos sido ese vecino?) que pone la música muy alto; el que fuma sin importarle si yo decidí alguna vez no hacerlo. El que no respeta el semáforo, mediador entre los accidentales otros que cruzan la misma calle.

La cosa es, queridos, que nadie piensa en que sus acciones se corresponden con las de otros. Es una ley de Newton, pero qué nos importa a nosotros la física, si ni opera en nuestras vidas, ¿no?: a cada acción, corresponde una reacción.

Mi talego contiene los huesos de Lety y Koyote, dos amigos que se bebieron unas chelas y salieron a comprar más. Es cierto, el reglamento de tránsito permite que uno se pase los altos en la madrugada, y era de madrugada cuando Lety y Koyote fueron por más cervezas a un Oxxo (¿por qué abren esas cosas las 24 horas del día?).

Cruzaron la calle y un auto azul pasó, permitido por la ley a no tener conciencia de los otros. Pero las leyes de los hombres, vil derecho, no se corresponden con las de la física: colisionaron, pues dos cuerpos, qué les importa a ellos el reglamento de tránsito, no pueden ocupar el mismo espacio.

A veces pienso en que si los Oxxos no abrieran todo el día, quizás… Otro, en que ese reglamento está mal y es excluyente: y en la sociedad, a fuerzas, se tiene que incluir.

Otros días creo que si el alcoholímetro fuera un programa de verdad, que se aplica diario, con penas reales (como las actuales) y no un gesto turístico que se aplica sólo en temporada de fiestas, quizás uno de esos pinches polis que nos caen tan gordos hubiera impedido al conductor del auto azul seguir manejando.

Pero soy ingenua: seguro ese conductor habría leído en Twitter, que engolosinado en su soberbia cree en la libertad por la libertad y no entiende los alcances, los límites, las consecuencias, no piensa en el otro, hubiera leído la ubicación del retén, lo habría evadido y bien chingón porque no lo pararon, de cualquier modo habría matado a mis amigos.

Karina Almaraz.

Frente al grupo

Por: Lalo Babieca.

Por los nervios oigo sin escuchar, garabateo un cuento en mis fichas bibliográficas, veo como se mueven los labios, las manos; sus ojos me tocan de momento para regresar veloces a sus notas, nadie presta atención.

Mientras habla, dirige una mirada rápida sobre su auditorio sin detenerse en nada ni en nadie; sólo un detalle en la primera fila llama un poco su atención: una chica (prácticamente mi vecina) duerme con los ojos abiertos, una mirada fija que parece interesada en la exposición.

Quien se encuentra en frente se siente halagado, pues al menos hay una persona que parece manifestar interés en lo que dice. Mi privilegiada posición me ayuda a percibir claro que quien expone se dirige principalmente a mi vecina. Es a la que ha elegido para dirigir su mirada después de algunos minutos, ella le ayuda a calmar sus nervios.

Aunque la mirada sea fija, penetrante, el expositor la encara sin timidez, no quiere darse cuenta que su único público atento es una mujer ausente; o tal vez ya lo sabe, y se dirige precisamente a los únicos ojos que en verdad no lo ven y no pueden juzgarlo, que no pueden notar el temblor de la quijada, el sudor de las manos nerviosas, la saliva seca y blanquecina en las comisuras de los labios.

En todo caso, le ayuda a sortear cuarenta y siete minutos aburridos para todos, salvo para él, que expone, pues en él esos minutos se extendieron como una liga, que aunque larga siguieron siendo los mismos cuarenta y siete tensos, aburridos minutos.

Y al final, todos recordamos esa cátedra, porque ahí, entre nosotros, mientras escuchábamos las generalidades del análisis estructural del relato literario, una chica había muerto, sentada, con los ojos abiertos, quizá de aburrimiento; seguro por la incapacidad del expositor por no haber sabido explicarlo.

Bueno, espero que este cuento no te halla matado de aburrimiento, sino me sentiré muy culpable y no volveré a escribir nunca más nada, como el tipo del relato, que después de eso nunca más regresó a la escuela por la culpa de saber que sus palabras habían matado a una persona. Creo que se metió a estudiar derecho.

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Ayer formatié mi iPod (otra vez y sin querer). Eso transformó el viaje en Metrobús.

La ciudad ante mis ojos revelaba historias como la del edificio de la Torre Insignia, o Torre Banobras, el edificio triangular sobre Insurgentes edificado por Mario Pani, alguna vez el segundo edificio más alto de México, tan sólo después de la Torre Latinoamericana y uno de los 5 más altos de los años sesenta y setenta. Pasé junto a él como todos los días en los últimos seis meses y por fin le puse atención: está abandonado y lleno de graffittis, rematado con un anuncio de que las oficinas están en renta.

Junto a él corren las vías del antiguo tren de Buenavista, ahora terminal “multimodal” a la que van a dar el Metro, el Metrobús y el Tren Suburbano. Las vías están rodeadas de una obra negra que aspira a ser un rebozante centro comercial listo para recibir a los viajantes y ser parte de una moderna y eficiente estación de tren.

Más adelante, un hombre cargado de enormes leones y pandas de peluche lee con atención un comunicado de la CFE, pegado afuera de una universidad de periodismo.

Sé que llueve porque, sin audífonos, son claras las gotas de lluvia sobre el toldo del Metrobús y poco después manchan con sus rayitas transparentes las ventanas.

También caen sobre un plantón del SME lleno de nacimientos y alegorías a los Reyes Magos, al parecer no han tenido tiempo de quitarlos, junto a mantas que llaman a la Huelga Nacional.

Un chico me observa observa y escribir. Entonces él mismo comienza a mirar con atención por la ventana buscando con atención las historias que se nos escapan.

Por: Karina Almaraz.

¡Cronopios de todos los países, uníos! Contra los tontos, los dogmáticos, los siniestros, los amarillos, los acurrucados, los implacables, los microbios. ¡Cronopios!¡De frente, marchen!

Julio Cortázar

Ya lo saben ustedes. La Asamblea Legislativa del DF aprobó el matrimonio entre homosexuales y además les permitió adoptar. Lo previsible: el debate en pro y en contra no se ha hecho esperar. Yo les aviso: estoy a favor, y no vengo a convencerlos. Sólo quiero quejarme del mal nivel de los argumentos del bando en contra.

1.Es antinatural.

Ora sí que por amor de Dios. Manzanas con manzanas, por favor. Decir que la homosexualidad es antinatural es negarle al ser humano sus otras capacidades: intelectuales, emocionales, y, sobre todo, sociales. Es reducirnos a ser algo natural, lo que equivale a ser sólo animales. Y como yo y varios siglos de “ciencia” social lo vemos, lo social se antepone a lo natural. O lo supera.

El matrimonio no es natural. De hecho muy pocas especies, totalmente excepcionales, son monógamas. En la naturaleza nunca hemos visto un matrimonio, porque éste es un constructo social. Pertenece a la sociedad. Igual que la orientación sexual y más específicamente, el rol de género. Venir a decir que la gente dentro de la sociedad debe comportarse naturalmente es dar patadas de ahogado.

2.Van a traumar a los niños.

Acerca de que puedan adoptar se ha dicho una serie de cosas horrorosas. La primera, que va en contra de los derecho de los niños a tener una familia. Como yo le veo es exactamente lo contrario… Se brinda a un niño sin familia tener una, la orientación sexual de los padres es como valor agregado.

La segunda es que esos niños van a crecer con traumas… Pues igual que un niño en una familia tradicional, ¿no? Pregunten a un psicólogo. Al que tengan a un lado. Les va a decir que su papá tomaba mucho y le pegaba a su mamá, que su mamá lo vestía de marinerito y que como es el más chiquito y sus hermanos mayores le pegaban, ahora cuida a los animales porque se identifica con ellos.

La tercera es una aberración: que se presta a que esos degenerados (los homosexuales) abusen de los niños… ¡¡¡ZAS!!! Ésto es terrible por varias cosas. La primera es que reducen, otra vez, a las personas a una sola cosa y en este caso es a lo sexual. ¡Es un prejuicio enorme! Además es un ejercicio de desmemoria tramposo. ¿Que los heterosexuales no han violado nunca a un niño? Ya no quiero hablarles de los casos en que supuestos castos seres han abusado de su posición para abusar de un niño…

Una cuarta: que no están capacitados para ser padres (o madres). ¿Debo recordarles esa frase que surgió en las familias tradicionales, que nadie sabe ser padre?

Mi mamá me contó de Noé, un amigo homosexual de la familia. Hace fácil 15 años que no lo vemos, cuando lo conocimos la sociedad era muy diferente a cómo es ahora. Dice que Noé alguna vez les dijo que no le quedaba más que ser gay por las noches y que su vida nocturna era intensa por eso, por ser el único momento en que podía ser él mismo.

Pues mi mamá sólo entendió que le encanta el desmadre. Sólo entendió lo que quiso entender. No quiso ver que la sociedad lo redujó a esconderse y que quizás sufría.

El otro día Esteban Arce en un programa que hace en el 4, “entrevistó” a una sexológa sobre la orientación sexual. Desde la ignorancia no la dejó hablar, fue incapaz de argumentar, de escuchar. El problema es que este tipo lo hizo en cadena nacional, visto por gente a la que le va a transmitir sus ideas. Traumando gente con sus comentarios (a los gays), abusando de su posición, incapaz de hacer algo para lo que sí enseñan a hacer (entrevistar. Hay escuelas para eso). Veánlo.

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Por: Karina Almaraz

Esto es el DF, la relatividad es lo que rige acá, no los relojes. Y menos en diciembre. Alguna vez Carlos Monsivaís escribió que en el Metro dejaban de operar las leyes de la física en cuanto al espacio y en un metro cuadrado cabían más personas de las que los cálculos estimaban… Pues ahora también en cuanto al tiempo ocurre eso. Nadie sabe ya cáunto dura un minuto.

La cosa empeora este mes. ¿De dónde sale tanta gente en diciembre? ¿Dónde se guardaron todo el año? El sábado pasado, 5 de diciembre, se le ocurrió a Marcelo Ebrard encender un árbol navideño que mide 90 metros. El árbol, sobre avenida Reforma, está rodeado de un bazar navideño y ese día hubo concierto y toda la cosa… La gente caminaba sobre Insurgentes y Reforma como sólo he podido verlo en las marchas.

De Poliforum a Revolución son 12 estaciones. Bueno, me tardé mucho en llegar. No había taxis vacíos, el metro era insufrible y todos los camiones del metrobús pasaban atiborrados.

Una semana después el caso es el mismo. Viernes 11 de diciembre. No sólo la zona alrededor de la Basílica se vuelve intransitable, toda la ciudad se llena de peregrinos, cierran Reforma para que se pueda disfrutar del árbol y el bazar… Madero, cerrada para que los turistas puedan caminar a gusto por el centro…

El Twitter hierve en recomendaciones del estilo “No salgan, está hasta la madre”, todos informan que cada punto de la ciudad está atascado.

Lo cierto es que no pasa sólo en diciembre, aunque este mes es bastante peor que los otros, pero la realidad es que el tráfico, más allá de darle bonitas frases a los cronistas, es una señal inequívoca de lo inhabitable que se ha vuelto la ciudad.

¿Y que pasa? ¿A alguien se le ha ocurrido comenzar campañas de control natal? No, pero hemos escuchado sobre cosas bastante menos urgentes, como las cédulas de identificación biométrica, el mismo árbol de Navidad, o se gasta el presupuesto en más vialidades mal planeadas (el metrobús es un ejemplo que merece ser estudiado). O se gastan el dinero en lavarnos el cerebro con eso de la influenza…

Todo urge en este país, sobre todo si sirve para taparle el ojo al macho. Mientras, hay que comprarse un carro para entrarle al estacionamiento que se ha vuelto cualquier avenida de la ciudad, subirse a una bici para ser atropellado en cuanto alguien pueda avanzar (además de muchos, somos unos maleducados viales), o intentar la proeza de viajar sentado en el transporte público. Y llegar a su casa a ver en la tele que todos le dan las gracias a la Virgen por un año más en este bonito país.

Por: Karina Almaraz

La Navidad no me prende. Si pudieran borrar esa festividad, me sentiría muy aliviada. Aún así entré a un intercambio en la oficina. Porque los regalos me encantan.

Para facilitarle la vida a todos y evitar las injusticias, en este tipo de intercambios se pone una cantidad mínima a gastar y se nos pidió que mandáramos un mail con opciones de regalo. Eso ya le quita un poco de espontaneidad y sorpresa al asunto, pero lo hace sólo para no devenir en decepción, pero lo que leí en un mail de alguien del intercambio, me hace pensar que esto se ha ido degradando hasta convertirse en un trámite seco y sin emoción.

Alguien pidió cosas súper practicas y utilitarias, onda una tarjeta del metro cargada con los 200 pesos. Una pensaría que es una buena opción, pero esas cosas no parecen regalos.

Busqué la definición de regalo y me gustó esta: “1 Cosa que uno da a alguien para que sea suya y con el fin de complacerlo, festejarlo, mostrarle afecto” (la saqué de acá http://diccionario.sensagent.com/regalo/es-es/)

Un regalo debería causarnos emoción y, en este caso, deberíamos esperarlo con ansía desmedida. No debo agregar que son mejores esos regalos que no esperamos y nos dan porque quisieron y no porque salió en un papelito que debíamos hacerlo.

La vida ya es demasiado fea y complicada como para estar pensando en los pasajes hasta en la hora de pedir un regalo, ¿no creen?

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