Anécdotas familiares

De repente mi sobrina, ¡bendice los alimentos y se persigna por las noches! Dice que la Virgen es nuestra madre y no sé qué más. Lo cual, por supuesto, me hizo sospechar de la televisión. Seguramente se la vive viendo telenovelas y La Rosa de Guadalupe.

Porque acá somos un batido ideológico. Mis padres decidieron no inculcarnos la religión que les inculcaron a ellos, y al crecer podríamos elegir. Ora siendo viejos creo que el temor a morir los ha vuelto medio respetuosos con los católicos y en Navidad mi mamá se empeña en arrullar al niño.

La cosa es que, al crecer, un de mis hermanas adquirió cierta espiritualidad medio mafufa (dice que Dios es una súper nova de hidrogeno híper poderosa, pero no cree en las instituciones religiosas); la ootra no sabe que es nihilista; y yo soy una anarquista apostata (a todas nos bautizaron) y cuando leía a Kerouac quise ser budista. El papá de la sobrina le va a la Santa Muerte y al América. Esa niña no tenía de donde salir así.

Cuando me quejé de la televisión, me dijeron que la señora que me dio el catecismo (les digo que acá es un desastre) dio el salto evolutivo y se convirtió en maestra del kínder de mi sobrina. Me daba el patatús. ¡Eso es ilegal!

Entonces tomé una Constitución Mexicana, agarré a la sobrina y le leí el artículo tercero. Le expliqué el significado de la palabra “laico” y le dejé claro que su maestra violaba la ley. Dijo odiar a la Constitución y mi mamá que no le diga esas cosas a la niña.

Pensaba en esto cuando me di cuenta que eso de ser ateo es cosa de familia.

Una vez mi abuelo cumplió un año de muerto y le hicieron una misa. El tema al salir de ella fue la estafa de cobrar una misa como privada y que hicieran dos al mismo tiempo y el hecho innegable de que el sacerdote era homosexual…

Tenemos una tía cristiana, pertenece a la Iglesia Pentecostés de los Últimos Días y otra que es un desmadre. La llevó al Templo y la segunda se unió. Y cada que bebía levantaba sus vasos una y otra vez dando gracias al Señor por la borrachera que se iba a poner. No duró mucho de cristiana.

Cuando la hija de esta última cumplió 15 años, tuvimos que ir a misa. Recuerdo a mi prima Vanesa sentada hasta atrás pintándose las uñas, a Toño burlándose de los salmos, y a mi abuelita viéndonos feo a todos. Luego el sacerdote le preguntó a Fátima, la festejada, qué creía que sus padres esperaban de ella.

- Lo mejor.
- ¿Pero qué es lo mejor, Fátima?
- Pues, que sea una buena persona, buena estudiante, que tenga una carrera.- Nomás le faltó decir: “casarme virgen”.
- Muy bien. Fátima.

En la madrugada, bien peda, se quejó de que mi abuelita la pellizcara saliendo de la misa:

- Eres una hipócrita, nomás le echaste puras mentiras al padre.
- Ay abuelita, no me pellizque…

Ora tengo una tía bruja que cree en los colores, la aromaterapia y el tarot, pero jura que todo eso obedece a Dios (una revoltura hereje, además) y otra que es santera. Estos últimos me caen mal porque por respeto a la casa, no se puede beber ahí. Si eso es lo único bueno de los católicos, su capacidad de volver vino el agua. ¡Salud!