A los pocos días de que se aprobó en la ALDF el matrimonio homosexual, las noticias de que el DF se convertiría en un sitio gay friendly cundieron. La primera nota la leí en El universal, informaba que se construiría un hotel para lunas de miel gays y que se impulsaría la industria dirigida a ese público.
Una dice, bueno, ‘ta bien.
Pero luego vi en el metro un anuncio de un sitio de citas dirigido a homosexuales y me pareció terrible. No digo para nada que no deba existir una industria especifica para quién sea, al contrario, siempre he creído que fue el capitalismo el que dinamitó el movimiento feminista a principios de los años cincuenta, por ejemplo, y sé que una parte del sector gay, la de los profesionales sin hijos, es muy atractiva para el mercado igual que lo es el mercado DINK (Double Income, No Kids)
Pero cuando un gobierno aprueba una demanda caduca y todavía no sale de la polémica por esta cuando ya está vendiendo el nuevo paraíso de tolerancia gay, pues… Es sospechoso.
No digo que no se debió aprobar el matrimonio gay: la comunidad homosexual había sido tratada como medio ciudadano, tenían obligaciones y ningún derecho. Que se le den derechos a todos los que viven en sociedad, de eso se trata.
Pero estas acciones me hacen pensar qué tan comprometido está el gobierno del DF con esa idea, la de garantizar los derechos de los ciudadanos como lo está con la de explotar esa imagen.
