Por: Karina Almaraz
La Navidad no me prende. Si pudieran borrar esa festividad, me sentiría muy aliviada. Aún así entré a un intercambio en la oficina. Porque los regalos me encantan.
Para facilitarle la vida a todos y evitar las injusticias, en este tipo de intercambios se pone una cantidad mínima a gastar y se nos pidió que mandáramos un mail con opciones de regalo. Eso ya le quita un poco de espontaneidad y sorpresa al asunto, pero lo hace sólo para no devenir en decepción, pero lo que leí en un mail de alguien del intercambio, me hace pensar que esto se ha ido degradando hasta convertirse en un trámite seco y sin emoción.
Alguien pidió cosas súper practicas y utilitarias, onda una tarjeta del metro cargada con los 200 pesos. Una pensaría que es una buena opción, pero esas cosas no parecen regalos.
Busqué la definición de regalo y me gustó esta: “1 Cosa que uno da a alguien para que sea suya y con el fin de complacerlo, festejarlo, mostrarle afecto” (la saqué de acá http://diccionario.sensagent.com/regalo/es-es/)
Un regalo debería causarnos emoción y, en este caso, deberíamos esperarlo con ansía desmedida. No debo agregar que son mejores esos regalos que no esperamos y nos dan porque quisieron y no porque salió en un papelito que debíamos hacerlo.
La vida ya es demasiado fea y complicada como para estar pensando en los pasajes hasta en la hora de pedir un regalo, ¿no creen?
