Ya sé que tenemos a una furiosa cuentista, Bibiana Faulkner y su blog Hártate de mí. Pero escribí este textito y decidí que hoy, el blog iba a servir para él. Como bien se ha dicho: este blog es un reblogtijo. Hoy, como ven, se le dislocó la memoria y olvidó sus posts, lo trataremos con más cuidado, le leeremos cuentos fúricos, esperando se recupere.
Yo le dije que eres una puta y que te gustaba lo mío. (Lo que le dije fue que tenías una obsesión patológica con lo mío)
Al otro día ya te estaba perreando, claro. Esto se repitió tantas veces, que aprendí a callarte. Te me quedaste adentro como un desagradable humor corpóreo. Como el cáncer.
Y eso duele.
Cuando era niña y decía que me dolía el estomago, mis tías decían: “vomita”. Y yo sabía que no era eso. Pero tenían razón. Se saca todo, se exorciza. Se limpia la boca con la manga y se sigue (los ojos un poco rojos, el mal sabor de boca)
Se sigue.
La cosa es, que si debo vomitarte, nadie puede venir a decirme que yo no te trago. Te he comido entera y me ha hecho daño. Maldita comida rápida, barata, y falsa.
Eres como una mala hamburguesa. O una pierna de pollo del Coronel Sanders.
