¿Se imaginan haber visto aquellas primeras películas de los hermanos Lumière? ¿Habrían salido corriendo? ¿Alguna vez se pusieron a pensar de qué material está hecha la luna de Mèliés? ¿Se imaginan haber visitado el primer estudio de cine? ¿Participar en alguna de esas primeras películas? ¿Reconocer a alguna actriz, de esas que existieron antes que las famosas divas? ¿Ver una película entintada a mano?
¿Pueden imaginar lo que se sentía asistir a una sala de cine en los primeros años del siglo pasado? Bueno, pues esa misma emoción sentí al ver La invención deHugo Cabret, de Martin Scorsese.
Estamos en el coche de mi tío. Él va al volante y hace las veces de guía de turistas (un muy buen guía, debo reconocer). Pasamos por el centro, por la calle de las tiendas, por las facultades…
—Esa es la casa Curutchet, la única obra de Le Corbusier en toda Latinoamérica. Normalmente se puede entrar. Ahora está cerrada… El baño no tiene puerta, está construido de tal manera que no se necesita —palabras más, palabras menos, toda con tono argentíno (el acento es para ayudar a la correcta pronunciación).
No nos bajamos del auto. Yo estaba sentada del otro lado y sólo pude ver un poco de esa importante casa. Y digo importante porque hasta yo, que se muy poco de arquitectura, por no decir que nada, conozco a Le Corbusier.
Sonaba interesante (aunque honestamente no entendí aquello de los baños a pesar de que trató de explicarlo más ampliamente), pero tampoco me resultaba fundamental conocer más de aquella casa hasta que dijo:
—Hace poco filmaron una película aquí.
Él no es muy cinéfilo, pero sabía que llamaría mi atención con ese comentario. Entonces pregunté más al respecto. El hombre de al lado era el nombre de la película. Yo no había escuchado nada sobre ella y él no sabía mucho más de ella.
La visita guiada por La Plata (una ciudad muy cercana a Buenos Aires) continuó.
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Son más de 10 horas de vuelo. Maldita sea, si hay vuelos nocturnos de Buenos Aires a México, porqué me mandaron en uno que además de hacer escala sale en la mañana. No importa, conocí un poco de Argentina y lo hice muy bien acompañada.
Amo los aviones con pantalla personalizada y muchas opciones de películas.
Creo que esta misma frase la escribí hace no mucho en este mismo lugar, cuando hablaba de esas casualidades afortunadas de la vida. Y qué más casualidad que encontrar entre la oferta fílmica de esa línea aérea El hombre de al lado. Por supuesto, la vi.
Leonardo (Rafael Spregelburd) vive en la mentada casa con su mujer. Es un hombre fino y culto hasta en el nombre. Víctor (Daniel Aráoz) vive a un lado. Él es, por decirlo de alguna manera, diferente.
Víctor quiere poner una ventana para tener más luz. La ventana, por supuesto (y digo por supuesto, porque si no la trama no tendría conflicto), da a la famosa casa. ¡¿Cómo se atreve a romper con la vista, con el diseño arquitectónico de Le Corbusier?! ¡¿Cómo se atreve a invadir la privacidad de los habitantes de una de las casas más importantes de Latinoamérica?! ¡¿Quién se cree que es?!… Ya, en serio, ¿quién es?
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El hombre de al lado (Marinao Cohn y Gastón Duprat, 2009) forma parte de la 53 Muestra Internacional de Cine que recién comenzó en la Cineteca Nacional y otros cines de México.
pd. Hacía ya más de un mes que no escribía. Bueno, que no escribía aquí, en Poliéster. Así son los diarios (y por lo tanto los blogs), uno escribe en ellos cuando siente la necesidad y, claro, cuando tiene el tiempo para hacerlo. Yo había tenido la necesidad, pero no el tiempo. Lo siento.
Dicen que a los escritores no hay que conocerlos, hay que leerlos. También dicen que a los escritores se les conoce por sus textos… yo prefiero conocer a José Saramago en su casa, acompañado por su mujer, Pilar del Río.
Hace cinco años (cómo pasa el tiempo) fui a la FIL de Guadalajara. Era la primera y, hasta ahora, única vez que la cubría. A pesar de confusiones, discusiones y egos me tocó cubrir la lectura que José Saramago y Gael García Bernal hicieron de Las intermitencias de la muerte, acompañados por música en vivo de Jimena Giménez Cacho, en el Teatro Diana. Y la conferencia de prensa previa también, por supuesto.
Este año, vi y reviví aquella conferencia de prensa y aquella lectura en la pantalla del mismo Teatro Diana pero ahora como parte del documental José y Pilar que se presentó durante el pasado FICG (o, lo que es lo mismo, el festival de cine de Guadalajara). Y no sólo vi y reviví ese micro fragmento de la vida del escritor, también lo conocí en la “intimidad” de su casa, lo observé jugar solitario, lo acompañé en sus múltiples y muy cansados viajes… sí, a veces sí vale la pena conocer a los escritores y más cuando los conoces a partir de una película cuya mayor virtud no es tener a Saramago como protagonista, sino todo lo demás. Y eso es decir mucho.
Pd. Este fin de semana también se estrena I’m still here, un ejercicio interesante sobre cómo funciona el mainstream, los medios y los famosos en Estados Unidos que vale la pena ver.
Suena el teléfono. “Mañana te vas a Londres”. Aceptas, por supuesto. No tienes que disimular, te encanta viajar y más si es para ver y hablar de cine. Haces tu maleta. Un necesario beso de despedida. Tomas el avión. Hace escala en Houston. Aduana. Tienen que bajar tu maleta del avión. Media hora. Pero qué te ven esos gringos que ya van dos veces este año que abren tu maleta. Que fue al azar, una casualidad, dicen. Maldita casualidad. Subes al segundo avión. Ahora sí, rumbo a Londres. Pediste pasillo para evitar pedir permiso para ir al baño. Ni que estuvieras en la primaria. “Hello. We are going to spend the next nine hours together so at least we would introduce ourselves”. Así supieron tu nombre, el cual decían cada vez que ellos necesitaban ir al baño. Pantalla individual. Navegas por todas las opciones de películas. Todas. ¿Mary & Max? En la foto, una señora hecha de arcilla al más puro estilo Coraline pero más decadente. Necesitas más información. Philip Seymour Hoffman y Toni Collette. Promete. La sinopsis dice: A tale of friendship between two unlikely pen pals. Mary, a lonely, eight-year-old girl living in Melbourne, and Max, a forty-four-year old, severely obese man living in New York. The friendship last 30 years. Al terminar toda la revisión, regresas a esa película y le das play. Un niño no ha parado de llorar en la fila de enfrente. La chica del otro lado del pasillo tiene encendida su luz. Ya van tres veces que la pareja que se presentó te pide permiso para ir al baño. La sobrecargo te ofrece agua. Ese niño no para de llorar. Ríes. Recuerdas que no estás sola y que ya hay gente queriendo dormir. No puedes reír fuerte, no eres tan desconsiderada. Te duelen los oídos por los audífonos. Odias usar audífonos. El niño no para de llorar… Sí, es el peor escenario para ver una película. Aún así sonríes, ríes y sueltas un par de lágrimas. No te engañes, fueron más de un par de lágrimas. Hubieran sido más si no sintieras la mirada de tu vecino de asiento. ¡Qué gran descubrimiento! Es hora de dormir. Estás feliz y satisfecha. Aún no llegas a tu destino y ya sientes que valió la pena el viaje, sólo por haber visto Mary & Max. Es hora de dormir. No puedes dejar de pensar en la película. Es hora de dormir. Este año no habías encontrado nada que te conmoviera tanto y finalmente llegó. Quieres hablarle para contarle de tu descubrimiento. Obvio no puedes, estás volando. Es hora de dormir. Maldita ansiedad. Imposible. Sacas tu computadora y comienzas a escribir este texto. Tienes que recomendar esta película. Ni siquiera sabes si se puede conseguir en México. No importa. Por supuesto no hay internet en el avión y no podrás subir este texto hasta que llegues a tu hotel. No importa. Quienquiera que, por casualidad, entre a leer este post en algún momento de la vida, sabrá que existe esa película que tú descubriste por casualidad en un avión… Ya saben que la vida se puede contar uniendo casualidades.
pd1. Que porqué hablo de mí en tercera persona, pues porque así salió. Tal vez fue el cansancio, el sueño o, tal vez, soy ligeramente esquizofrénica.
pd2. No, no subí el texto en cuanto llegué al hotel, de hecho, ya voy de regreso. Quería compartir mi descubrimiento pero también tenía que trabajar y disfrutar de la ciudad… al fin que no es como si la película estuviera en cartelera.
pd3. Son muchas posdatas en honor a Mary y a Max que en cada carta añadían al menos tres posdatas y un regalo (generalmente comida). Como yo no les puedo mandar comida por aquí, pues de regalo les dejo el trailer de la película.
En ocasiones vale más la pena contar anécdotas ajenas que propias. Hoy es el caso. Por ello nos enfocaremos en un par de situaciones que, según cuenta Gerardo Naranjo, sucedieron durante el rodaje de Miss Bala en Aguascalientes (aunque la película está situada en Baja California) y que resultan más inquietantes que la misma película:
ESCENA UNO
En una llantera se estaciona un camión del cual baja un grupo de hombres armados. Llevan a un herido. La gente que estaba cerca sólo se hizo a un lado. Nadie reaccionó ni para bien ni para mal.
La escena forma parte de la película pero, según recuerda el director, no habían avisado a nadie que estarían filmando. Nadie sabía que era ficción y aún así se mostraron indiferentes ante una situación que naturalmente debería causar, al menos, angustia.
ESCENA DOS
En algún momento de la cinta, la protagonista de la cinta, Laura Guerrero (Stephanie Sigman), debe cruzar la frontera norteamericana de ida y vuelta por encargo de un narco. Para filmar la escena en que regresa de Estados Unidos, simplemente pusieron una cámara en el auto y realizaron el trayecto así, sin avisar a nadie nuevamente. Para su sorpresa no hubo un solo policía, agente de migración… no hubo nadie que les dijera algo, que los revisara.
“Podíamos haber traído una bomba atómica y a nadie le importa lo que meten de Estados Unidos a México”, nos contó Naranjo en Guanajuato, el primer lugar de México donde presentaron la película.
Pues si, después del optimismo de la semana pasada, regresamos a la cruda realidad con Miss Bala… y es que no todo puede ser risas y felicidad, aunque tengo que decir que el comentario de Carlos Loret de Mola en el trailer de esta película me hace reír sin importar cuántas veces lo vea.
Hay películas que te levantan el ánimo y no necesariamente porque rías a carcajadas, de hecho normalmente no ríes demasiado, pero cuando terminan te sientes mejor que antes.
Cada quien tiene sus favoritas, porque no a todos nos hace feliz lo mismo, aunque hay algunos clásicos indiscutibles de feel good movies como Cantando bajo la lluvia. Y, tengo que decirlo, es una de mis favoritas ya que además de tener números musicales inspiradores (como el que viene a continuación), cuenta cómo fue la transición del cine mudo al sonoro.
Esta película es de principios de la década de 1950, pero naturalmente no es ni la primera ni la última cinta de ese género que no es realmente un género… y como me parece que en este momento no nos caería mal una ayudadita para levantarnos el ánimo, pues aquí van tres propuestas recientes:
Potiche o Mujeres al poder. Catherine Deneuve y Gérard Depardieu se vuelven a reunir para esta comedia feminista. No, no soy feminista y no es necesario serlo para reír mientras recuerdas que sólo se requiere de un empujoncito para hacer grandes cosas ¿así o más inspiradora?
Esta cinta de François Ozon se presentará como parte del 15º. Tour de Cine Francés que comienza oficialmente el próximo 9 de septiembre. (Revisa aquí la cartelera.)
Submarino. Chico inadaptado conoce a chica inadaptada, ¿alguien se identifica? Crisis matrimonial, ¿alguien? No importa la respuesta, igual es una divertida propuesta que hará las delicias de los hipsters. No se asusten tampoco soy hipster (ya estoy muy vieja para eso) e igual la disfruté.
Esta ópera prima de Richard Ayoade formó parte de la selección oficial del pasado Festival Internacional de Cine de Guanajuato y ya la puedes ver en Cuevana. Creo que es importante aclarar que no se trata de la película que ha estado en la Cineteca Nacional los últimos meses, aunque se llaman igual, esa es de Thomas Vinterberg y no es nada feliz.
Win win. Si el título de la película no les resulta suficientemente inspirador, pues véanla porque aquí todos ganan. Lo sé parece frase publicitaria más que periodística, pero resulta satisfactorio ver en pantalla a personajes reales “actuando bien”, y con eso me refiero a las acciones y no a que tenga buenas actuaciones (aunque sí las tiene, pero como habrán notado, este blog no es de crítica de cine, simplemente es sobre el cine y la vida).
La cinta protagonizada por Paul Giamatti ya se estrenó en Estados Unidos. Ya se estrenó en España. Aquí tendré que recomendar nuevamente que visiten Cuevana (y juro que no obtengo regalías por ello).
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pd. Claro que si lo que quieren es una dosis de realidad cruda y fuerte, también hay propuestas interesantes en el 4º. Festival Internacional de Cine en Derechos Humanos que se termina este sábado… pero no se preocupen, seguirá la intensidad a partir del 29 de septiembre cuando inicie la edición 2011 de DocsDF.
Era una entrevista grabada. Aún no sabía que sucedería aquello que enojó y entristeció a muchos mexicanos. Pero justo ayer Pedro González Rubio decía a Cinesecuencias que su película Alamar era una cura contra la violencia porque saldrías de la sala con ganas de amar y vivir.
Tal vez esté mal que él lo diga, pero no está tan alejado de la realidad. No, no creo que ningún político vaya a verla, tampoco imagino a criminales asistiendo a las salas de cine a ver una cinta como ésta. Tal vez con El infierno sí sucedió, tal vez hasta se reían de ellos mismos (políticos y narcos por igual).
Alamar es diferente, no es para ellos, es para nosotros. No es para reírnos de la situación que vive el país, es para conmovernos y recordarnos qué es lo que realmente vale la pena en la vida. Suena cursi y muy hippie pero tal vez eso es lo que necesitamos.
La premisa es simple y, honestamente, un tanto triste: Natan se irá a vivir con su madre a Italia. Antes de su inevitable separación, Jorge se embarca con su hijo en un viaje ancestral hacia el mar abierto.
Bellos paisajes y comida que se antoja, enmarcan una hermosa historia de amor entre padre e hijo… Y entonces uno piensa que, sin importar lo que pase más adelante en su vida, ninguno de ellos actuaría en perjuicio de alguien más, ni de su país, porque valoran lo simple y verdadero.
Así que todos a los que leo más enojados y más tristes con la situación de México, si quieren apoyar a su país, pueden comenzar desde una sala de cine pues además de lo que pueda dejarles la película, todas las ganancias en taquilla serán destinadas a dos organizaciones no gubernamentales: Razonatura y Save the Children Quintana Roo.
pd. Y ya como dato curioso, aunque Alamar no se trata de un documental, pero los protagonistas son en verdad padre e hijo que “improvisaron” diálogos en situaciones guiadas por el director.
Seguro ya todos (o casi todos) la vieron. Y a todos los que ya la vieron les gustó y muy probablemente entre en las listas de lo mejor del año de varios críticos, amigos y cinéfilos… pero igual no me quedaré con las ganas de platicar de Medianoche en París.
No, no diré que es la mejor película de Allen desde… bueno, aquí cada quien puede poner su última película favorita del director neoyorquino. Tampoco hablaré de sus virtudes, ni de las referencias culturales, ni de lo hermoso que se ve París, ni de cómo todos los protagonistas de Allen siempre son Allen.
En realidad lo que quiero es jugar como él. Regresar en el tiempo a aquellas épocas en que nos hubiera gustado vivir. Y no, para mí tiempos pasados no siempre fueron mejores, de hecho me gusta mi presente (como dijera Fangoria: Empieza por vivir aquí, en el presente. Es tu sitio y además no está tan mal) y me emociona el futuro, pero no por eso no disfrutaría subirme a una vieja carroza que me traslade a…
Honestamente el primer lugar y época que siempre pienso cuando me imagino viviendo en el pasado sí es París y sí es a finales de los 1800 (sí, muy similar al deseo de Adriana –Marion Cotillard– en esta cinta). Bebiendo ajenjo (pero bien preparado, con su terrón de azúcar sobre una cuchara perforada y su chorro de agua bien fría), platicando con Toulouse Lautrec y disfrutando de las hermosas bailarinas del Moulin Rouge.
El segundo lugar es México en las décadas de 1930 a 1960. Disfrutando una reunión amenizada por Agustín Lara y Toña “La Negra”, platicando con “El Indio” Fernández y, si no es mucho pedir, con Buñuel. Asistiendo a carpas, entre más “rasposas” mejor, para disfrutar de un buen cómico y algunas bailarinas.
Podría seguir con otras épocas interesantes, al menos para mí, pero mejor sigan ustedes, que en realidad resulta divertido sentarse un rato a imaginar el pasado, así que… “let’s do it”.
¿Alguno de ustedes pasó por esa etapa en que reniegas de Hollywood y sólo quieres ver cine “de arte”, en que te opones al mainstream y sólo quieres escuchar música “underground”?
Yo sí. No se asusten, ya lo superé. Hace tiempo que entendí que ni todo lo comercial es malo, ni todo lo independiente es bueno. Pero para llegar a eso, creo, tienes que pasar por ese periodo de rechazo a lo conocido (algo similar a revelarte contra tus padres para después darte cuenta que tenían un poco, sólo un poco, de razón).
En esa etapa, la Cineteca y el Chopo (con el famosísimo Eladio) fueron mis refugios cinematográficos. Vi cosas increíbles, pero también algunas insufribles (claro que entonces no me atrevía a admitirlo).
Entonces podía pasar varias horas en la Cineteca, escuchando pláticas ajenas sobre cine, recorriendo su pequeña librería, esperando por películas, revisando críticas… hace poco tuve que estar más de una hora en la Cineteca (sin entrar a ninguna sala ni atender a ninguna conferencia) y no aguanté.
Creo que tiene que ver con que ya no soy una adolescente, pero también con que los tiempos han cambiado y ya no tienes que ir a la Cineteca para ver películas interesantes y por lo tanto ha dejado de ser punto de reunión indispensable para los cinéfilos… por eso, tengo que confesar que ayer que fui a la presentación de la Cineteca Siglo XXI me emocioné.
Sí necesitamos hacer del cine (y más del llamado cine de arte) una experiencia placentera. Con eso es con lo que me quedo de este proyecto, más allá de si nos gusta el diseño o no. Y si además representa poder restaurar viejas películas para así poder exhibirlas, pues ¡ya quiero que sea otoño del 2012! (Sólo esperemos que hayamos malinterpretado las predicciones mayas).
Durante años, la estación del metro Hidalgo fue origen y destino de la mayoría de mis viajes subterráneos diarios. Ahora, cuando camino por uno de sus túneles (el mismo que recorría antes) sólo puedo pensar en el pastel de sugus que venden en Batalla en el cielo (Carlos Reygadas, 2005)
Tengo miles de recuerdos de ese lugar, desde cuando taloneaba ahí con los compañeros de la universidad hasta los pasillos vacíos de un primero de enero por la mañana en que me dirigía al trabajo, pero mi primer pensamiento cuando regreso a ese sitio es la escena de una película.
En una de las cartas fílmicas que So Yong Kim escribe a Fernando Eimbcke (como parte de la exposición Todas las cartas, correspondencias fílmicas que se exhibe en el Centro Cultural Universitario de Tlatelolco, CCUT) explica que no tiene muchas fotografías pues siente que con ellas tus recuerdos quedan atrapados en una imagen. Creo que tiene razón.
Mis recuerdos quedaron atrapados en películas. Mis recuerdos ni siquiera son mis recuerdos, sino recuerdos de cosas que no pasaron en la realidad sino en una ficción (si bien me va, en un documental).
El salón de fiestas donde se casó una de mis primas, es “en realidad” el salón donde se realizó la fiesta de compromiso de la que salió huyendo el protagonista de Amar a morir. Si paseando por Reforma veo el restaurante japonés de grandes ventanales que ni siquiera recuerdo cómo se llama, pienso en Amores perros. La Torre Latino me recuerda irremediablemente Sólo con tu pareja. Al pasar por afuera de cualquier baño de vapor, repaso la escena de El callejón de los milagros…
Y no es que sepa que ahí se filmó tal o cual película, sino que me recuerda una escena en particular de alguna película. Naturalmente no es lo único que pienso cuando paso por aquellos y otros lugares cinematográficos de la ciudad, pero sí es lo primero que se me viene a la mente… y creo que, después de todo, me gusta.
¿Ustedes tienen algún sitio que les recuerde la escena de una película?
Vanesa G. Toca
En mi cabeza puede sonar la canción que acompaña una escena de mi vida. A veces, cuando estoy en una situación estresante, imagino dónde colocaría la cámara para reflejar mejor ese sentimiento. Planeo diálogos. Y aún las situaciones cotidianas las imagino como en una película contemplativa de esas que ahora están de moda.
Puede sonar absurdo y loco, pero aquí estoy contándoles cómo se puede vivir como si se estuviera dentro de una película o, tal vez, muchas.
¿Por qué Poliéster? En 1981 Divine estaba casada con el dueño de un cine porno, al menos así era en Polyester, de John Waters. Ahora, casi 30 años después, 20th Century Fox decidió reciclar más de 20 mil largometrajes en 35 milímetros (algo así como 70 millones de kilómetros) convirtiéndolos en poliéster para hacer prendas de vestir.
No sólo eso, en la actualidad (aunque compitiendo fuertemente con el digital) el poliéster es el soporte principal de la industria cinematográfica. Sí, aquella función que anteriormente cumplía el celuloide, ahora la cumple el poliéster y por ello este espacio recibe su nombre.