Sin duda hablo de mí.

A veces me pregunto el tamaño de los años de alguien de veintitrés, me pregunto el calor de las frustraciones, también si es que existe un lugar para la pureza del alma y dónde podrá albergarse la virginidad de una emoción.
Entendí que las necesidades de las manos no se suplen en la propia carne y que no hace falta amar para entregar el cuerpo. He fallado en más de ciento treinta promesas; he borrado cinco de cada cuatro recuerdos y me he atrevido a jurar amor eterno. El karma me ha hecho pagar hasta los malos pensamientos y mis romances aún me recuerdan que a veces da vergüenza sin razón. Tengo en fragmentos el hígado, después el corazón, pero he sido fiel a mis pasiones esas que dominan la carne roja mía.
Evito escribir a mis padres para no caer en un desamor ajeno a mí. Vivir el de ambos me ha robado unos cuantos años y es por eso que me pregunto el tamaño de los míos.
Me emborracho porque sí y entre mis sábanas hago amor sin saber hacer.
Sin duda hablo de mí.