Mi nombre es Julieta y soy alcohólica. Provengo de una familia disfuncional.
Cuando tenía algo así como once años, llegué a sospechar que mi madre le era infiel a mi padre con un pobre diablo que de hombre tenía sólo los huevos. Hasta la fecha no sabría desmentir. Años después mi padre me despertó la misma sospecha con una morena desabrida que de mujer tenía sólo el nombre. No desmentiré, mi familia es ahora más grande.
Admito que aquello sonó un tanto falto de educación pero ¿sabes? me vale madre.
Mi vida como una persona bisexual se vuelve cada vez más polémica. Estoy convencida que si llevase una vida heterosexual, todo sería más sencillo sin embargo me gustan las tetas y absolutamente nada puedo ni quiero hacer al respecto.
El alcoholismo desencarnado que habita en mi cuerpo me ha hecho renunciar a una vida normal. La mujer que creía mía me ha abandonado. Nadie entiende que el tiempo no existe aquí y que si estoy en ésta habitación de mi embriagado cerebro, nada me hace dejar de desearla.
Fumo hasta dejar cientos de cadáveres en un cenicero viejo que conservo, regalo de una tía que vive no recuerdo dónde y entonces besando labios diferentes descubro que es cuando se parten las venas de mis manos en cinco, en veinte, en dos. She left. Y distorsiono el idioma porque se escucha mejor en inglés aunque lo haya vivido en español.
Despierto cada día con más sueños que ganas y mi dependencia al etílico me ha mantenido más sobria que viva.
Perdí mi auto y mi brassier en un maratón que concernía sólo al whiskey; perdí a mis amigos al revelarles a sus parejas que estaban condenados a repetir la historia de mis padres.
He ganado un espacio semanal en una revista local donde el editor me paga según su propia digestión de mis palabras y la carga sexual contenida. Por ejemplo hoy, me pagará una cantidad risible que apenas me alcance para no dejar de beber por lo menos hasta que escriba el próximo. Necesito dinero. Escribiré sobre los sueños húmedos y sus consecuentes orgasmos justo al despertar.
He escrito esta verborrea dentro de un martini deliciosamente cargado y no vine aquí para dejar de beber. Vine a llorar como una niña porque sigo enamorada, porque hay quienes se toman un mes para borrarme y porque existe quien con su presencia me sigue manteniendo ingenua y borracha y le sigue moviendo los hilos a esta puta marioneta que aún se rompe en cuarenta cuando habla de ti.
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Llegó tocando a mi puerta buscando una noche de sexo desesperado.
Yo me había enamorado y en definitiva, no estaba para satisfacer deseos carnales a pesar de mi fanatismo por aquellos.
He traído buen vino, susurró como haciendo alusión a tiempos que ya habían pasado, al menos para mí. Sírveme entonces, dije haciendo alusión a todos mis tiempos. Se acercó hasta mí con el trago en mano. Ojo por ojo, me dijo acercando el líquido divino sin la más mínima intención de soltarlo. Búscame en otra vida donde tenga dientes y dame ese vaso, yo no te pedí que vinieras, le dije alargando mi mano con la absoluta intención de beberme todo el licor de un sorbete.
Me acerqué lentamente a ella, le desabotoné la blusa y su respiración se volvió agitada. Ese souvenir me lo había regalado mi madre y yo no sabía que ella lo tenía. Se lo quité de forma sugerente para después darme la vuelta y decir: ponte aquél abrigo que esta noche hace frío allá afuera.
Comenzó a hablarme de amor y yo aún podía advertir su miedo a decirme todo lo que tenía meses callando. Y yo, sentada (pues no podía mantener el equilibrio) me daba cuenta que ni siquiera había cenizas de lo que tuve con ella alguna vez.
Mis noches ya pertenecían a alguien más, en realidad mis días y los minutos de esos días y los segundos de esos minutos de esos días. El piso comenzó a llenarse de ropa interior color café y a decir verdad, los encajes me parecían ridículos.
Junté toda la sobriedad posible, le imploré a mi lengua no hacer de mi palabrerío un rompecabezas, exhalé y enseguida solté: cariño, no te voy a dar un buen discurso porque en primera no sé dar discursos y tampoco te voy a expulsar de mi vida. Fielmente creo que sólo existe esta vida y nada más, olvida las puterías esas de las reencarnaciones y la vida que viene. Para mí eso no existe. La magia que los cuerpos revientan al hacer el amor y los momentos que son dignos de volverse inmortales, se guardan para una sola persona y en esta vida mía, no eres tú. Tu no tienes su nombre, mucho menos sus labios, ni siquiera se parece un poco tu voz, jamás tu piel tendrá su olor. En esta vída mía, no eres tú.
Pero tú (…) comenzó a articular cuando yo la interrumpí: yo tengo de vuelta mi prenda, unos diez mil tragos encima, una mujer desnuda en mi alcoba y nada más.
Y en realidad, no tenía nada más.
- Apoyos gubernamentales para la exportación.
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Todos tenemos enemigos,
todos hemos apostado nuestros cuerpos,
todos soñamos sueños del tamaño del mundo,
todos hemos fingido algún gemido,
y todos mentimos.
En lo personal, he vendido mi alma a cambio de un poco de licor,
no sé escuchar cuando estoy borracha de tanto ron,
y a decir verdad no sé escuchar, esté como esté.
Reviento mis sueños con una aguja,
y también me he prostituido por un poco de calor.
Todos hacemos sexo mental
más nunca faltará un culo que acariciar.
Todos se masturban y en lo personal
soy una lesbiana indecente y llena de lascivia
cuando imagino justo a esa mujer.
El vecino se sube la bragueta y yo me quedo
hasta imponer quietud a mis manos
/minutos tic toc toc/
y todo falla,
grito y salgo despavorida entre las calles
desgarrando cada cara con estas putas
manos tan faltas de quietud y me quedo
hasta mirar sangrar cada una y me pinto entonces
de rojo sin dejar de buscar en sus entrañas
justo a aquella mujer.
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Scotch is most likely my lover,
that’s my first confession.
The second is all about you
and you are not anywhere.
And in my personality
disorder, I see you at my
door, something like
mental masturbation.
It’s true, you never have
what you really want
and that seems to be
the only fuckin’ rule
in this life
because at the end
of the road
nothing matters
even a little.
And I just see you
get away from me.
What went wrong?
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No estoy segura de cuántas copas bebí pero el reloj comenzó a gatear al revés; era una realidad, había despertado un 36 de diciembre del año.. puta madre eso sí no lo recuerdo.
Todo estaba justo en el lugar que lo había dejado excepto las flores que habían hecho de las suyas creyéndose dueñas de mi mesa, tanto como para haber muerto ahí y estar a punto de un retrato como burlándose de mí.
Justo cuando entraba la primer conversación con el cenicero y sus cadáveres, bendije mi ebriedad junto con mis bolsillos vacíos que eran los menos arrepentidos de estar hundiendo mi culo en el licor más asequible.
La opresión en mi pecho no me dejaba respirar y volvía a recordar y volvía a sangrar y volvía a maldecir cada verbo en infinitivo como los escritos aquí. Todas madrugadas diferentes y yo con la misma puta historia que te voy a contar.
Si no te gustan los monólogos no sé qué sigues haciendo aquí, es mi espacio y mis letras, mi hoja y mi tinta, yo he de abusar como me venga en gana usando el término “puta” una y otra vez, prostituyéndolo hasta que te canses de leerlo y te lo creas en una de esas. Ella no tiene la culpa de ser mi palabra favorita ni yo tengo la culpa que sigas aquí esperando que cuente la historia que desangra mi cabeza:
Nunca he aprendido a decir adiós.
Mi abuela siempre me decía que persiguiera todo aquello que me hiciera feliz y yo no entendía por qué las personas dejan de luchar por aquello que desean hasta que a punta de lecciones (por no escribir a la primera “putazos”) comprendí que se trata de mera condescendencia y sumisión a lo no-posible.
¡Bájale a la música borracha de mierda! Me grita el vecino interumpiendo mis memorias mientras pienso “¡bájate los pantalones y grítale a tu mujer que te enseñe a no masturbarte!”
Me encuentro sumergida en una especie de estado caótico y como no puedo tener lo que yo quiero para mí entonces vivo desquitándome con cada letra que uso en mis textos ignorantes de delicadeza para hacerle saber que por ahora es todo lo que puedo darle. (¿Tú sí me escuchas bien? Porque no pretendo hacer caso al estúpido vecino)
Ni abundante ni carente. Sólo algo de mí que se traduce en cada letra.
Y de nuevo me elevo para después romperme en diez mil pedazos. Soy algo parecido a una mala actriz que puesta en escena se convierte en un payaso que no para de llorar.
Y creo que no puedo esperar, tal vez ni siquiera debo. Entonces la actriz se vuelve nómada porque justo hoy vio la silueta que tanto anhelaba, caminar hasta desvanecerse.
Controlar mis sueños no me ha funcionado. Me enveneno con vodka, con whiskey, con ron, y siendo capaz aún de controlar el parpadeo de mis ojos, distingo todavía el rojo del semáforo y me detengo. Te dejo ir.
Salí a la calle después de días enteros; mi aspecto aterraba pero no existía alguien a quien pudiese importarle, ni siquiera a mí. Hipotequé mi casa y empeñé mi auto, compré unas flores sin aspecto moribundo, tomé un tren que me sacara de este pinche planeta y llegué a un mundo feliz desde donde puedo gritarle a Huxley que me importan una mierda sus castas mientras el soma y el alcohol sigan abundando sobre esta tierra.
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