En medio de una balacera

Sentí terror. La vi caer encima del niño, que por esas fechas tenía cinco años. Yo me encontraba a 30 metros, recargado en una jardinera, abrazando a otro menor, que tenía ocho años.

La gente gritaba: las madres y los padres corrían a abrazar a los niños, de cinco, tres nueve años, que jugaban en la calle.

La policía Municipal de Chimalhuacán, en el Estado de México, se abría paso, entre los transeúntes, para perseguir a varios jóvenes, al tiempo que disparaba.

Las detonaciones se oían una tras otra. “¡Detente!”, gritaban los uniformados y seguían disparando.

Al final, ella sólo se había tropezado con la banqueta al tratar de huir de la situación; él resultó raspado de la espalda debido a la caída; y los jóvenes que habían asaltado a un taxistas, fueron detenidos.

Realizando mi trabajo periodístico ya había escuchado de cerca el estallido de las balas, y hasta el zumbido que provocan esos pedazos de plomo al cortar el aire.

En una ocasión vi el rostro lleno de incertidumbre de Luis Pérez, un compañero de Televisa, cuando un grupo de comuneros, ocultos entre los árboles del Ajusco, jugaba tiro al blanco con un tambo que estaba a 10 metros de nosotros, y veíamos el polvo que levantaban las municiones al penetrar el suelo. Aún así, no dejó de transmitir su información.

Había visto caer a un camarógrafo de Televisión Azteca al ser herido por la esquirla de un petardo, mientras varios reporteros estábamos tirados al lado de los postes, o al filo de las banquetas evitando esas armas caseras, en pleno Insurgentes Sur, a la altura de Ciudad Universitaria.

Pero quedar en medio de una balacera, con las personas a las que quieres, eso sí que provoca terror. Quieres cuidar a todos y no descuidar a nadie, pero sabes que no puedes hacer nada contra una bala.

Años después, la posibilidad de quedar atrapado, a la mitad de un tiroteo, pero con armas de alto poder, se ha incrementado para miles de familias, principalmente de los estados del Norte, en donde hay escuelas que han cerrado para proteger la integridad de los niños, y cientos de familias que ya no salen a la calle. Muchos no han tenido tanta suerte.

Es el costo de combatir a la delincuencia, dicen algunas personas que defienden la estrategia del Gobierno contra la delincuencia organizada, si es que hay alguna estrategia.

Twitter: @chimalhuacano