Por casualidad escuché en la delegación Cuauhtémoc el reclamo de un supuesto representante de un antro a Alonso Rojas entonces director jurídico en esa demarcación, durante la administración de Virginia Jaramillo (2003-2006).
Parte de esa situación la publiqué en una serie de trabajos sobre los giros de alto impacto en el periódico Reforma.
La charla fue más o menos así:
–Nosotros ya le dimos lana a una persona que dijo que iba de su parte, y que era para que no nos molesten, reclamaba el representante del antro.
– Yo no trabajo así. Y cualquier persona que diga que va en mi nombre miente, respondía Rojas.
– Denos chance de trabajar…
–Ya te dije que yo no trabajo así.
Ignoro por qué Rojas, me dejó escuchar esa conversación, ya que él sabía que estaba ahí; tal vez quería mostrarme una imagen limpia. Pero eso nos da una idea de cómo se arreglan las cosas, entre autoridades de ciertas delegaciones y dueños de antros.
Cada vez que hay un problema y se “descubren” irregularidades, inicia una cacería de brujas de parte de las autoridades, que más que resolverlo buscan tener un impacto mediático. En los operativos, las autoridades se muestran eficientes, y clausuran establecimientos y detienen gente.
Así fue en el caso Lobohombo (con 21 personas muertas), y Dolores Padierna, delegada en turno en Cuauhtémoc, se convirtió después en diputada federal.
Así fue en el caso del News Divine, y el 11 de diciembre pasado el ex jefe delegacional, Francisco Chiguil quedó libre de toda culpa, de esa tragedia en la que murieron 12 personas; y toda vía aspiró a aun cargo directivo dentro del PRD.
¿Así será en el caso Bar Bar, en donde dispararon contra el goleador del América, Salvador Cabañas, a pesar de las irregularidades que se han señalado sobre este lugar?
