A mediados de los 70, representantes de los Legionarios de Cristo llegaron a Chile para reclutar a profesores y traerlos a trabajar a la Universidad Anáhuac y a los colegios dependientes de la legión.
En una reunión, en el Hotel Tupahue, del centro de Santiago, a la que asistieron cerca de 50 profesores, principalmente de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el mexicano Florencio Sánchez explicó lo que era la legión y los invitó a México.
Después de aquel encuentro, un joven profesor que daba clases en el colegio jesuita San Ignacio de El Bosque, recibió una noticia: fue uno de los 10 seleccionados para viajar a tierras aztecas.
“La oferta, de hecho, se amplía. La orden desea que su esposa, también profesora, trabaje con ellos. Los mexicanos han reparado en una característica de la profesional: es rubia y tiene ojos azules” se narra en el libro Los Legionarios de Cristo en Chile, de Andrea Insunza y Javier Ortega, académicos de la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales.
“Usted no se imagina lo que es tener esos rasgos en México”, explicó Sánchez al profesor, según la narración de Insunza y Ortega, sustentada, se explica en el prefacio, con documentos y más de cien entrevistas con los protagonistas.
Bibliografía:
Andrea Insunza y Javier Ortega.
Los Legionarios de Cristo en Chile, Dios, dinero y poder
Editado por la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales y La Copa Rota, Santiago de Chile, 2008. Segunda Edición