Nada peor que tener una pelea o enfrentar una noticia dura en pareja. Hay veces en que, afortunadamente, los tiempos están coordinados y las emociones también. Lloran juntos, se recuperan juntos. Pero como todos somos distintos y la vida nos ha llevado a comportarnos de diferentes modos, es raro que eso suceda. Uno puede estar muy de acuerdo en lo cotidiano, en lo que se come o no, en los horarios de dormir, en el tiempo que se le dedica al trabajo. Sin embargo, hay parejas a las que les sobrevienen los roces cuando llega un momento fatal y dramático.
Sigue leyendo…
Algunos cruzan los dedos. Otros hacen un nudo en alguna vestimenta y lo golpean contra algo repitiendo: “pilato, pilato, si no me gano la lotería no te desato”. Muchos rezan, prenden velas, le piden a sus muertos. Y los menos o los más -se los dejo a su criterio- hacen mandas, a veces ante una virgen o un santo, y otras ante sí mismos.
Sigue leyendo…
Es tiempo de magnolios y ciruelos en flor en las calles de Santiago. Todo está floreciendo. Incluso, eso que creíamos muerto.
Así también le está ocurriendo a uno de nuestros asiduos lectores. Nuestro amigo X se casó a los 20 años con una chica de 18. Estaban enamorados y embarazados. En un mail me contó que tuvieron problemas como todo matrimonio. Él tuvo otras mujeres, ella después de mucho tiempo quiso trabajar y comenzó a verse mucho con un amigo que conoció entonces: “Para que te cuento los detalles, se veía enamorada de él. Entonces acordé que si estaba enamorada de otro, el divorcio era lo mejor. Ella me decía que le diera tiempo de pensar qué quería. Yo presioné y presioné que lo mejor era el divorcio y así lo hicimos. Quedamos divorciados en los próximos dos meses”. Así terminaron ocho años de relación.
Sigue leyendo…
Hace una semana (sé que no tengo la rapidez de un llame ya) Carolina me escribió a mi mail filosofadesupermercado@gmail.com. Esta chica mexicana que tiene 27 frescos años, es sicóloga, muy encantadora, y busca una respuesta sobre amor. ¿Quién no lo hace? Yo creo que hasta los más veteranos se autocuestionan repetidamente sobre este ítem irremediable de la vida. De hecho, una vez le pregunté a mi madre cómo se suponía que tenía que sentir uno en las relaciones, y pese a sus decenas de años de matrimonio, no me supo responder. ¿Será que tenemos un problema familiar? Mejor volvamos a Carolina.
Sigue leyendo…
Acá en Chile, los taxistas y los micreros (los que conducen los autobuses urbanos) pegan un cartelito cerca del volante que dice: “Dios es mi copiloto”. Yo les debo confesar que soy bien atea, pero que no me causa ningún tipo de urticaria el hecho de creer en Dios, sino que más bien una cierta envidia. No nací con esa facultad de tener fe y creo que a esta altura soy incapaz de construirla. Me parece una inhabilidad de mi parte.
Si creyera en Dios, yo preferiría que él fuera mi piloto. Es verdad que hay un poco de comodidad en mi postura, no lo puedo negar. Pero es que a veces hace tanta falta que alguien guíe.
Sigue leyendo…
Es maldita porque cuando es necesaria, es esquiva. No cae del cielo, no se educa, no se siente como primer impulso. Maldita porque es el consejo sabio que todo el mundo da frente a la mayoría de los problemas. Maldita porque por más que uno se repita a sí mismo “tengo que tener paciencia” como un mantra, eso aumenta la ansiedad y se pierden aún más los estribos.
Sigue leyendo…
Me he dado cuenta de que muchos distribuyen a las personas en dos grupos: los que tienen tolerancia a la frustración y los que no. A veces pienso que estoy entre las primeras y, otras, entre las segundas. ¿Cómo saberlo con certeza? Me imagino que la catalogación tiene que ver como el grado de predicción sobre las actitudes que tendrá un individuo X frente a una situación que lo frustre. Por ejemplo, cómo actúa si su novia lo deja, si lo despiden del trabajo, si fracasa consecutivamente en cumplir una de sus metas.
Sigue leyendo…
Ya sabemos cómo sigue la canción. Los Beatles a veces fueron ingenuos…mucha hierba quizás, demasiada adolescencia. O no. Quizás me equivoco y el fondo de esa aparente liviandad es mucho más profundo.
Hace unos días dejó un comentario Negra en este blog. Dijo que a veces sentía que ella es su propio cuervo. Y sí, qué se puede decir, de vez en cuando uno mismo lo es, haciéndose zancadillas, autoboicoteándose, atrapándose en la autoflagelación, planteando profecías que luego se autocumplirán. Y en ese caos de sentimientos y de tormentos, en esa tempestad negra que empapa y que no deja pensar, que enfría el alma y la hace pedir piedad, aparece alguien que nos dice: “¡Pero cómo no ves!”. Y no, pues, uno no ve. Y no es que no quiera, es que no puede.
Sigue leyendo…
No sé qué cosa astral estará pasando por el sur del mundo, pero los fracasos amorosos se sobrevienen con más fuerza que la lluvia de ranas que se ve hacia el final de la película Magnolia. Está ruda la cosa. Muchas amigas abandonadas, conocidas que lloran sin poder controlarlo alrededor mío. Me espanto.
Sigue leyendo…
Es invierno en Chile. Y hace frío. Acá en Santiago, no tanto como el de los países nórdicos ni como en las zonas más cercanas a la Antártica. Pero es frío igual.
Para enfrentarlo, me enfundo en muchas capas de ropa: panties, dos pares de calcetines, dos camisetas, otra más que se vea linda, algo de lana gruesa para rematar la tenida, junto con unos botines y el infaltable abrigo. En invierno, esa cantidad de ropa, me hace ver más flaca. Contradictorio, ¿verdad? Me da la sensación de estar oculta y protegida. Soy pudorosa.
Sigue leyendo…
|
|