Archive for confianza

el miedo

Hace unos meses vi un documental sobre el fotógrafo de guerra James Natchwey. Su vocación, que afortunadamente para él confluye con su profesión, lo ha llevado a estar expuesto a muchas situaciones que a cualquier mortal podrían causarle terror. Cuando en el documental le preguntan por el miedo, él responde lo siguiente:

“El miedo no es lo importante. Lo importante es cómo lo manejas. Hacerme esa pregunta es lo mismo que preguntarle a un maratonista si ha sentido dolor. Lo que importa no es lo que sientes, sino cómo lo enfrentas. Le podría pasar a cualquiera, en cualquier minuto. Sabemos que es una posibilidad. Cuando salimos, todos los días, es lo que enfrentamos: viene con el territorio, es parte del trabajo y lo sabemos desde el principio. Pero nadie se autocompadece. Es sólo parte de”.

Natchwey me deja ver que los peligros más corrientes son iguales. Que lo único que hace falta es reconocerlos y vivir con ellos, junto a ellos, como una parte más de lo que es nuestra vida.

Lo que quisiera ser

El domingo que recién pasó fuimos a la celebración de un matrimonio. Era en una viña a una hora de Santiago. Ni se imaginan lo bellos que pueden ser los valles cercanos a la capital chilena en primavera.

Pero más impresionante que el paisaje fue el discurso que hizo el novio. Le dedicó unas palabras a la novia que emocionaron a todos los que asistimos. Entre las cosas que le dijo, lo que más me tocó a mí, fue que ella es una persona que da sin esperar nada a cambio, que lo recibe tal como él es y que tiene una cantidad ilimitada de amor que entregar.

Quisiera ser así y que dijeran eso de mí al recordarme o describirme. Quisiera poder transmitirles a quienes más quiero que estoy ahí para ellos irrestrictamente. Quisiera poder acoger en mis brazos a cada ser que amo y que siente que ha caído, para ayudarlo a retomar el vuelo. Quisiera que todo eso sobrepasara cada uno de mis defectos y caprichos.

El trabajo por ser lo que queremos parte por mirar a los otros y apreciar sus virtudes. Quizás, incluso, por envidiarlas. Si les da rabia alguien, muchas veces es porque tiene nuestros defectos que más odiamos de nosotros mismos exacerbados o porque tiene aquello que más deseamos. Atentos con los ojos, porque lo que vemos nos muestra lo que necesitamos en el camino de ser mejores.

secretos

Y ustedes, ¿se han callado muchas cosas? ¿Se han quedado dormidos y han despertado asustados de que alguien sepa qué es lo que hay en su cabeza mientras sueñan? ¿Tienen un secreto?

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la manda

Algunos cruzan los dedos. Otros hacen un nudo en alguna vestimenta y lo golpean contra algo repitiendo: “pilato, pilato, si no me gano la lotería no te desato”. Muchos rezan, prenden velas, le piden a sus muertos. Y los menos o los más -se los dejo a su criterio- hacen mandas, a veces ante una virgen o un santo, y otras ante sí mismos.

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Intermedio amoroso

Hace una semana (sé que no tengo la rapidez de un llame ya) Carolina me escribió a mi mail filosofadesupermercado@gmail.com. Esta chica mexicana que tiene 27 frescos años, es sicóloga, muy encantadora, y busca una respuesta sobre amor. ¿Quién no lo hace? Yo creo que hasta los más veteranos se autocuestionan repetidamente sobre este ítem irremediable de la vida. De hecho, una vez le pregunté a mi madre cómo se suponía que tenía que sentir uno en las relaciones, y pese a sus decenas de años de matrimonio, no me supo responder. ¿Será que tenemos un problema familiar? Mejor volvamos a Carolina.

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Un día a la vez

Acá en Chile, los taxistas y los micreros (los que conducen los autobuses urbanos) pegan un cartelito cerca del volante que dice: “Dios es mi copiloto”. Yo les debo confesar que soy bien atea, pero que no me causa ningún tipo de urticaria el hecho de creer en Dios, sino que más bien una cierta envidia. No nací con esa facultad de tener fe y creo que a esta altura soy incapaz de construirla. Me parece una inhabilidad de mi parte.

Si creyera en Dios, yo preferiría que él fuera mi piloto. Es verdad que hay un poco de comodidad en mi postura, no lo puedo negar. Pero es que a veces hace tanta falta que alguien guíe.

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la maldita paciencia

Es maldita porque cuando es necesaria, es esquiva. No cae del cielo, no se educa, no se siente como primer impulso. Maldita porque es el consejo sabio que todo el mundo da frente a la mayoría de los problemas. Maldita porque por más que uno se repita a sí mismo “tengo que tener paciencia” como un mantra, eso aumenta la ansiedad y se pierden aún más los estribos.

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Frustración

Me he dado cuenta de que muchos distribuyen a las personas en dos grupos: los que tienen tolerancia a la frustración y los que no. A veces pienso que estoy entre las primeras y, otras, entre las segundas. ¿Cómo saberlo con certeza? Me imagino que la catalogación tiene que ver como el grado de predicción sobre las actitudes que tendrá un individuo X frente a una situación que lo frustre. Por ejemplo, cómo actúa si su novia lo deja, si lo despiden del trabajo, si fracasa consecutivamente en cumplir una de sus metas.

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Agua con azúcar

Es invierno en Chile. Y hace frío. Acá en Santiago, no tanto como el de los países nórdicos ni como en las zonas más cercanas a la Antártica. Pero es frío igual.

Para enfrentarlo, me enfundo en muchas capas de ropa: panties, dos pares de calcetines, dos camisetas, otra más que se vea linda, algo de lana gruesa para rematar la tenida, junto con unos botines y el infaltable abrigo. En invierno, esa cantidad de ropa, me hace ver más flaca. Contradictorio, ¿verdad? Me da la sensación de estar oculta y protegida. Soy pudorosa.

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First step

misipank-1

Así que aquí estamos. Presentándonos. Les cuento un poco. Me llaman misi pAnk por lo dulce y lo desestructurada. Misi porque soy juguetona, risueña, torpe y cariñosa. Y castellanizado el pAnk porque, claro, el vivo reflejo de esa ideología no soy, sino que más bien una interpretación libre. Tengo problemas con la autoridad, con cumplir con plazos, con aprender pasos de baile. A cambio, me atrevo a cantar, a hacer snorkel en el mar sin saber nadar (aunque abrazada de un flotador, suicida no soy), a faltar a una cita si es que el ánimo no me acompaña. Me permito todos los días, eso sí, comer algo que me guste, besar a mi marido apenas despertamos, acariciar a mis gatos cada vez que es posible, consolar a mis amig@s . Entreno cada hora mi capacidad de tolerancia y trato de abrir mi mente lo más posible: si tuvieran mi trabajo, también tendrían que hacerlo. Me dedico a editar textos de otros, a interpretar sus mentes para saber qué es lo que quisieron decir, adecuando el tono y las palabras según quién sea. Pero claro, no es solo por eso que estoy aquí, invitándolos a que me cuenten sus problemas para ver si logramos resolverlos o aliviarlos.

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