El domingo que recién pasó fuimos a la celebración de un matrimonio. Era en una viña a una hora de Santiago. Ni se imaginan lo bellos que pueden ser los valles cercanos a la capital chilena en primavera.
Pero más impresionante que el paisaje fue el discurso que hizo el novio. Le dedicó unas palabras a la novia que emocionaron a todos los que asistimos. Entre las cosas que le dijo, lo que más me tocó a mí, fue que ella es una persona que da sin esperar nada a cambio, que lo recibe tal como él es y que tiene una cantidad ilimitada de amor que entregar.
Quisiera ser así y que dijeran eso de mí al recordarme o describirme. Quisiera poder transmitirles a quienes más quiero que estoy ahí para ellos irrestrictamente. Quisiera poder acoger en mis brazos a cada ser que amo y que siente que ha caído, para ayudarlo a retomar el vuelo. Quisiera que todo eso sobrepasara cada uno de mis defectos y caprichos.
El trabajo por ser lo que queremos parte por mirar a los otros y apreciar sus virtudes. Quizás, incluso, por envidiarlas. Si les da rabia alguien, muchas veces es porque tiene nuestros defectos que más odiamos de nosotros mismos exacerbados o porque tiene aquello que más deseamos. Atentos con los ojos, porque lo que vemos nos muestra lo que necesitamos en el camino de ser mejores.
