el tiempo de los otros

Nada peor que tener una pelea o enfrentar una noticia dura en pareja. Hay veces en que, afortunadamente, los tiempos están coordinados y las emociones también. Lloran juntos, se recuperan juntos. Pero como todos somos distintos y la vida nos ha llevado a comportarnos de diferentes modos, es raro que eso suceda. Uno puede estar muy de acuerdo en lo cotidiano, en lo que se come o no, en los horarios de dormir, en el tiempo que se le dedica al trabajo. Sin embargo, hay parejas a las que les sobrevienen los roces cuando llega un momento fatal y dramático.

Uno se puede quedar callado y la otra hablar sin cesar o al revés. Uno llora a escondidas, y el otro le comenta a todos sus amigos, familia y conocidos por lo que están pasando. En fin. Hay personas que piden ayuda de inmediato y otras que simplemente llevan con ellos la angustia por unos días en soledad y después la sueltan o la superan. Ambas cosas desesperan, aunque si uno está haciéndolas le parece que el otro es el que está equivocado con su actitud.

Aunque me cuesta llevarlo a la práctica, lo más sano es dejar que cada uno manifieste su tristeza, ansiedad, conmoción, de la forma más honesta que pueda. Para l@s que son acelerad@s les recomiendo respetar el tiempo de su compañer@. Respirar, mirar, evitar angustiarse porque el o la otra no se mueve ni aunque haya un terremoto. No l@ provoquen con preguntas, ni lo castiguen con indiferencia. Esperen un tiempo prudente (por lo general, ese tiempo se mide de acuerdo a cuánto se demora uno mismo en dejar de darle vueltas al conflicto que provocó la crisis), sino pasa nada, piensen en soluciones.

Quienes se van para adentro, creo que tiene que hacer un esfuerzo para al menos mantener un estado de cotidianidad llevable: si compartían el desayuno diariamente, lo mejor es seguir haciéndolo, sobre todo si tenemos en cuenta que las crisis de las que hablamos no tienen que ver con un conflicto de pareja. Esa es la manera de darle la sensación de estabilidad al otro, pese a mantener el mutismo.

En cualquier caso, lo mejor es pensar que no hay mal que dure cien años. Y que de hecho, finalmente, los conflictos fortalecen de acuerdo a la forma en que uno los lleve. No pierdan el objetivo, que es estar feliz y enamorado de su pareja, y vayan paso a paso resolviendo. Al menos las cosas que golpean una vez, cuando vienen de nuevo pegan menos fuerte.