No sé qué cosa astral estará pasando por el sur del mundo, pero los fracasos amorosos se sobrevienen con más fuerza que la lluvia de ranas que se ve hacia el final de la película Magnolia. Está ruda la cosa. Muchas amigas abandonadas, conocidas que lloran sin poder controlarlo alrededor mío. Me espanto.
Como es un cuento más viejo que el mundo, no hay mucho nuevo qué decir. Será para mejor, no hay mal que por bien no venga, mejor que haya sido ahora que más tarde, el que se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen, es una oportunidad, nadie se muere de amor, la pena se pasa… En algún momento de la vida yo he dicho todo eso y me han dicho todo eso.
Pero hoy, tomando un té con una gran amiga, hablando sobre un despecho, miré hacia la pared del lugar que nos acogía y vi un cuervo gigante. Bajo la fotografía en blanco y negro decía: “Un cuervo común, y nada más. Un cuervo común, nunca más”. (Camila Téllez, 2009) Una frase nueva, para un problema de siempre.
