Como los hombres no son muy dados a confesarse en público, Enrique me escribió a filosofadesupermercado@gmail.com contándome su historia. Como es larga, se las resumo: trabaja en una oficina de arquitectos y constantemente percibe la envidia de uno de sus compañeros, que mira en menos (ningunea, decimos en Chile) sus labores e ideas y lo deja mal delante de los jefes. Según Enrique, esto comenzó desde que pisó la oficina: el otro tipo se llama igual, así que le sugirió que se presentara por su segundo nombre. Esa onda. “Cada vez que me lo topo en la oficina, lo primero que se me cruza por la mente es tomar el teclado y rompérselo en la cabeza, a ver si se le pasa lo estúpido. ¿Alguna idea genial para zafarme de este imbécil?”, me planteó.
He tenido compañer@s así. Un@s que me destrozaban por la espalda cada vez que tenían oportunidad de hablar con alguno de los jefes. Otros que me tiraban las puñaladas de frente, humillándome delante de todos. Me han contado de rumores que alguien ha inventado sobre mí para enemistarme con el resto del equipo. Como soy ‘niñita’ y sensible, lloré mucho. Craso error demostrar esa debilidad delante del oponente. Pero eso lo aprendí mucho después.
Esto del trabajo es la mayor guerra a la que nos debemos enfrentar a diario. Así que los sentimentalismos no están admitidos entre las paredes de la oficina.
Creo que la mejor estrategia a seguir (porque lamentablemente hay que hacer una) es establecer alianzas. Tener buenas relaciones con la mayor cantidad de personas -no digo que de amistad, pero sí de buena onda- es la mejor protección ante los seres malintencionados. Si a eso se le suma tratar de no hablar mal de ellos directamente y hacerse el loco, aunque por dentro te estés retorciendo cuando escuches los comentarios de mala crianza, es posible que la cosa mejore aún más. Mi recomendación es contestar sin impulsividad y sin ponerse a la altura del atacante, diciéndole lo justo y necesario para aclarar , por ejemplo, que el nombre no te lo vas a cambiar y que ya verán qué hacer si hay confusiones. Y siempre, sonreír. ¿Un poco pasiva agresiva mi recomendación? Puede ser. Lo importante es ponerle límites al contrincante. En algunas circunstancias, lo único que queda es ser explícito y decirle al personaje calmadamente que tenga respeto. Muchas veces esa es la mejor solución porque lo agarras de sorpresa y tienes todas las posibilidades de ganar.
cariños,
misi pAnk
