Los tontos del trabajo
Como los hombres no son muy dados a confesarse en público, Enrique me escribió a filosofadesupermercado@gmail.com contándome su historia. Como es larga, se las resumo: trabaja en una oficina de arquitectos y constantemente percibe la envidia de uno de sus compañeros, que mira en menos (ningunea, decimos en Chile) sus labores e ideas y lo deja mal delante de los jefes. Según Enrique, esto comenzó desde que pisó la oficina: el otro tipo se llama igual, así que le sugirió que se presentara por su segundo nombre. Esa onda. “Cada vez que me lo topo en la oficina, lo primero que se me cruza por la mente es tomar el teclado y rompérselo en la cabeza, a ver si se le pasa lo estúpido. ¿Alguna idea genial para zafarme de este imbécil?”, me planteó.
