el riesgo

En el mundo que veo, existe una contradicción que nos inmoviliza: se ensalza a los valientes, pero se premia a los precavidos. Estamos rodeados de aprensivos que detienen los impulsos dándonos razones que aparentemente tienen sentido. Sin embargo, si uno escarba un poco se encuentra con un único fundamento: el miedo.

No te enfrentes con otros, no causes conflicto, desparece entre la multitud, haz lo que se debe, no te rebeles, no seas distinto, no seas la oveja negra, nos recalcan.

La vida no está escrita en un libro, no se sigue por manual. No hay correcto ni incorrecto. No hay verdad.

Por eso, creo yo, es mejor actuar de acuerdo con nuestros propios valores, historia e individualidad. Y ser consecuente.

Si eso implica un riesgo, al menos sabremos que vale la pena, que va de acuerdo a nuestro sentido de vida y a nuestra búsqueda de la felicidad. No se ahoguen en el miedo. Porque el miedo causa aburrimiento. El aburrimiento infelicidad. Y finalmente se pueden sentir muertos.

mi amiga, la muerte

No se puede rechazar la evidencia de la muerte. No se puede olvidar un cuerpo sin alma, tendido rígido y frío ante la mirada de uno. No se puede más que llorar al tocar la piel de a quien queremos y que ya no nos responde con una caricia.

La muerte está ahí, permanente, inmóvil, exacta, programada. Está en mi recuerdo de ver el ataúd de un abuelo que nunca conocí, a los tres años. Está en mis dedos que han vestido a familiares. En mi nariz que se ha visto sofocada por el aroma de las flores dentro de una iglesia una tarde de marzo. En mis ojos que lloraron sin descanso una medianoche de julio.

Lidiar con ella es un ritual que he ido aprendiendo en mis treinta y tantos. Paso a paso, sé que hay que ir despidiéndose. Siento cuando viene y cuánto hay que respetar su llegada. Eso no quita ni la pena ni la rabia. Pero ayuda a no quedarse con cuentas pendientes. Cuando se les acerque la muerte, no la enfrenten, no la peleen, solo recíbanla y aprovechen el tiempo que a veces permite. Dejen ir, permitan la paz y la tranquilidad. No retengan.

La muerte es la compañera de la vida.

Regalar

Tengo una amiga que se dice a sí misma el Grinch. Algo le pasa con la navidad que pone en su facebook que la odia, que le carga jugar al amigo secreto, que no le gusta esto de regalar.

Para mí, la navidad es uno de los momentos es que uno le expresa a otro a quien respeta y quiere, lo que siente. Es una ocasión para ponerse en los zapatos del otro y pensar qué lo haría feliz.

Los objetos que damos son símbolos de lo que vemos en el otro. Pero claro, todo depende de cómo hayamos pasado las navidades más significativas de nuestras vidas. Quizás los Grinch han sufrido mucho. Y uno no es quien para juzgarlos. A veces, si se les quiere, sí se les puede hacer un cariño y endulzarles un poco el alma. Otras hay que dejarlos tranquilos. No a todos nos gusta lo mismo.

Antes de hablar

Cuando tenía 9 años, tuve una profesora de castellano que me marcó con las historias que nos contaba. No eran de ficción, sino que de su vida real.

Una vez, sentada mirándonos a todos, comenzó a hablarnos sobre lo difícil que había sido para ella embarazarse y de las muchas pérdidas que tuvo. Nos explicó con detalle cómo un día fue al baño y vio en el excusado flotar el cuerpo de dos nonatos que tenía sobre sus cabezas mechones pelirrojos. Describió su dolor físico y emocional. Nos transmitió las horas de llanto y de incredulidad que la rodearon.

Hay personas que cuando emiten palabras, lo están haciendo para sí mismas. Se les olvida quién es su público, a quién le dejarán esa parte suya. A los 9 años, nadie es capaz de entender en toda su dimensión la historia de mi profesora. Quizás ni a los 30. Antes de hablar, no olviden que por algo uno lo hace en voz alta, que no es un monólogo, sino que un diálogo, una conversación. Antes de hablar, piensen, aunque sea mínimamente, en el otro.

el miedo

Hace unos meses vi un documental sobre el fotógrafo de guerra James Natchwey. Su vocación, que afortunadamente para él confluye con su profesión, lo ha llevado a estar expuesto a muchas situaciones que a cualquier mortal podrían causarle terror. Cuando en el documental le preguntan por el miedo, él responde lo siguiente:

“El miedo no es lo importante. Lo importante es cómo lo manejas. Hacerme esa pregunta es lo mismo que preguntarle a un maratonista si ha sentido dolor. Lo que importa no es lo que sientes, sino cómo lo enfrentas. Le podría pasar a cualquiera, en cualquier minuto. Sabemos que es una posibilidad. Cuando salimos, todos los días, es lo que enfrentamos: viene con el territorio, es parte del trabajo y lo sabemos desde el principio. Pero nadie se autocompadece. Es sólo parte de”.

Natchwey me deja ver que los peligros más corrientes son iguales. Que lo único que hace falta es reconocerlos y vivir con ellos, junto a ellos, como una parte más de lo que es nuestra vida.

Lo que quisiera ser

El domingo que recién pasó fuimos a la celebración de un matrimonio. Era en una viña a una hora de Santiago. Ni se imaginan lo bellos que pueden ser los valles cercanos a la capital chilena en primavera.

Pero más impresionante que el paisaje fue el discurso que hizo el novio. Le dedicó unas palabras a la novia que emocionaron a todos los que asistimos. Entre las cosas que le dijo, lo que más me tocó a mí, fue que ella es una persona que da sin esperar nada a cambio, que lo recibe tal como él es y que tiene una cantidad ilimitada de amor que entregar.

Quisiera ser así y que dijeran eso de mí al recordarme o describirme. Quisiera poder transmitirles a quienes más quiero que estoy ahí para ellos irrestrictamente. Quisiera poder acoger en mis brazos a cada ser que amo y que siente que ha caído, para ayudarlo a retomar el vuelo. Quisiera que todo eso sobrepasara cada uno de mis defectos y caprichos.

El trabajo por ser lo que queremos parte por mirar a los otros y apreciar sus virtudes. Quizás, incluso, por envidiarlas. Si les da rabia alguien, muchas veces es porque tiene nuestros defectos que más odiamos de nosotros mismos exacerbados o porque tiene aquello que más deseamos. Atentos con los ojos, porque lo que vemos nos muestra lo que necesitamos en el camino de ser mejores.

todas queremos ser reinas (y reyes)

“Tú serás mi rey si yo soy tu reina”, le dije implícitamente a mi marido, cuando recién empezábamos a conocernos, y mucho más explícitamente después. El amor, para mí, se trata de eso. De no andar fingiendo y acomodándose a costa de sacrificios. De ser como a uno le salga respetando siempre al otro.

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secretos

Y ustedes, ¿se han callado muchas cosas? ¿Se han quedado dormidos y han despertado asustados de que alguien sepa qué es lo que hay en su cabeza mientras sueñan? ¿Tienen un secreto?

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madres y males

Las cosas se pusieron mal y por eso me desaparecí tantos días. Hubo momentos de angustia, de neura, de pena. De optimismo exacerbado y de depresión exagerada.

Lo que pasó, le pasa a todo el mundo. Sólo que para mí fue la primera vez. Y fue tarde. ¡A esta edad que se me venga a enfermar la mamá! Yo que vivía con ese temor latente de que ocurriera y me pilló tan desprevenida como si nunca me lo hubiese imaginado. Sigue leyendo…

gente difícil

Hay días en que uno anda de lo más bien. Estás haciendo tu trabajo tranquilamente, pensando que nada te sorprenderá y que la tarde terminará con un happy hour en el bar favorito, con los amigos de siempre. Te quedarás dormido plácidamente. Ojalá los días fueran así de perfectos. Pero, claro, existen las personas.

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