La agresión contra Salvador Cabañas desnudó a la sociedad mexicana. Las autoridades, dueños de bares, medios de comunicación y el gremio futbolístico, así como aficionados, paramédicos y doctores, mostraron su verdadero rostro. Por ello, la importancia de este caso, más allá del mero atentado, que sirve para ejemplificar la actual situación del país y de todos los que lo conformamos.

El delantero paraguayo fue baleado en la cabeza en un bar que violaba la ley al permitir la portación de armas, la discriminación en las revisiones para ingresar y trato preferencial entre sus clientes, además de vender alcohol a horas que prohibe la Ley de Establecimientos Mercantiles vigente en el Distrito Federal.
Pero para operar, el Bar-Bar necesitó de la complicidad de los órganos de vigilancia que, se supone, deben regular a estos centros de diversión. Autoridades delegacionales corruptas, desde los directores jurídicos hasta el último de los inspectores de antros, se hicieron de la vista gorda y hasta después del la agresión reaccionaron. Por si algo faltara, también se corrompieron juntas vecinales como publicó el periódico El Universal. La comunidad en Twitter, la misma que alerta sobre los alcoholímetros, se escandalizó de que un bar estuviera abierto a las 5 am.
Además, hay mercado que subsidia el cohecho “antrero”. El gremio futbolístico aceptó, unanimemente, que sus diversiones consisten en ir a bares a altas horas de la madrugada. Alegan que es su derecho y claro que lo es, pero al estar en un lugar que trabaja en la ilegalidad, el riesgo de hechos como el que le ocurrió lastimosamente a Cabañas aumenta de forma inmediata. Es una forma de distraerse un tanto irreponsable.
Pocas horas después del acontecimiento, comenzó a circular la fotografía donde aparecía el americanista herido, y fue hasta entonces, cuando una figura pública era objeto de la nota roja , que se desató una discusión acerca de la publicación de estas imágenes, cuando todos los días vemos al “muertito del día” en diarios mexicanos. La foto se vendió en 7 mil pesos y fue tomada por paramédicos.
Los medios de comunicación especularon sobre la muerte cerebral del ariete; siempre fueron desmentidos. Por si fuera poco, en el noticiario de Carlos Loret de Mola se difundieron fotos enviadas por un televidente del “JJ” ,el supuesto agresor, con el dueño del Bar-Bar y el gerente, . Minutos más tarde, hablaría la persona que aparecía en esas imágenes. No era José Jorge Balderas Garza, sino otra persona. ¿Y el principio básico del periodismo de corroborar la información antes de difundirla?
La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal cometió numerosas pifias. Sus peritos entraron al Bar Bar dos horas después de la agresión; dio a conocer un domicilio del llamado “JJ”, principal sospechoso del disparo, pero los vecinos dicen que no lo conocen. Además, confundió al escolta del agresor con un preso en el Reclusorio Oriente desde enero. Si a esto se le suma que se difundieron varias versiones de la captura de Balderas Garza (o cualquiera de la múltiples identidades que utilice) en distintas entidades durante el fin de semana, todas rumores, vemos la calidad de nuestras autoridades cuando de investigar un crimen se trata.
La descomposición social entra en juego en la figura del “JJ”. Estamos en un país donde cualquiera tiene el atrevimiento de dispararle a alguien en la cabeza, como si se tratara de algo cotidiano y que se puede hacer en cualquier momento, a cualquier hora y lugar. Lo peor es que ya nadie en México se sorprende.
Sin embargo, no todo ha sido malo. La afición al futbol se volcó en muestras de apoyo a Cabañas. Se quitó su respectiva camiseta y oró por la salud del futbolista. Los médicos del hospital Ángeles del Pedregal han mostrado capacidad para tratar de salvarle la vida, hasta ahora, con buenos resultados.
Por su parte, Salvador Cabañas ha mostrado fortaleza y ganas de luchar, la principal característica que ha mostrado desde que llegó a este México, que su caso ha desnudado.