Y el mundo, ¿a mí qué?

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Visar o no visar, ése es el dilema

By elmundoamique on 16 July 2009 0 Comments

Cualquier persona inmersa en la era de la globalización, sabe perfectamente que las fronteras deberán tender a la extinción y la que la libertad de mercado y tránsito regirían en el futuro… Sin embargo –y como en cualquier contrato bancario– existen las letras chiquitas, las cuales contienen las grandes diferencias, mismas que bien podrían ser explicadas por las frases preferidas de mi abuela. Es decir:

PRIMERA diferencia: “Todos somos iguales, pero habemos unos más iguales que otros”. No se puede hablar de una “aldea global” mientras persistan las diferencias abismales. Ya no hablemos de país a país, sino de ciudad a ciudad. Es más, de la Del Valle a Tlahuac. Un mundo es globalizable, pero aquí estamos hablamos de muchos mundos. ¿Cómo globalizas, por igual, al obrero mexicano que gana mil 664 pesos y el europeo gana, en promedio, el equivalente a 25 mil pesos, o el canadiense con 19 mil?

SEGUNDA diferencia: “El león no es como lo pintan”. Aquí no se trata de los “elitistas” canadienses ni de los “pobrecitos” mexicanos. Cada año, al Gobierno de la hoja de Maple le sale en un ojo de la cara el dar trámite a la creciente demanda de solicitudes de refugio. Por cada una, eroga, en promedio, 4,700 dólares canadienses. Si en 2008, las solicitudes por parte de mexicanos sumaron 8,069… Pues nos da, que sólo por ese año se gastaron casi 38 millones de dólares (nada despreciable). Y si resulta que del año 2000 a la fecha, nuestros connacionales ingresaron 25,371 solicitudes… Y, bueno, todo para que sólo se haya aprobado 11% del total de las solicitudes en el último año.

TERCERA diferencia: “Así no baila mi hija con el señor”. Los canadienses no sólo se (y nos) amanecieron con la idea de “¿y si les ponemos visa?, sino que, además, se pusieron sus moños. La visa canadiense cuesta 835 pesos, por un año, además “se considerará” que el solicitante cargue entre sus chucherías una constancia de no antecedentes penales, un examen médico y una biografía (vea el lado positivo a esto y explote sus dotes literarias).

CUARTA diferencia: “No hay borracho que coma lumbre”. Bueno, pero nuestros políticos, de primer nivel, establecieron una visa “en reciprocidad”, aunque sólo aplicable a diplomáticos y funcionarios canadienses, pues como aquí nadie patea el pesebre y una medida más abrupta y tajante (o sea, pareja), hubiera puesto en riesgo cuatro mil millones de dólares, por concepto turismo que entran a nuestro país, por parte de nuestro cuasi vecinos, los canadienses, quienes representan, después de los estadounidenses, los extranjeros que más visitan nuestro país.

En fin, una esperaría más de unos socios comerciales –a partir del tan rimbombante Tratado de Libre Comercio–. Y si se trataba de asegurar sus fronteras y bla, bla, bla, ¿tenía que ser de un día para otro? “Pasándose por el arco del triunfo” (esa también era frase de la abuela) las consecuencias humanas? ¿No se podían ahorrar –a nosotros y, sobre todo, a ellos, los que en este momento llevan horas a las afueras de la embajada canadiense– las lastimosas imágenes de gente suplicando por un pedazo de permiso? ¿Y su pedazo de consideración?

Sí, todos somos iguales. Pero, sólo de vez en cuando, sería bueno estar del lado que es más igual.

Para ver las imágenes de este desgarriate, da click a la imagen:

Mexicanos hacen cola para ir a Canadá - Publimetro
Mexicanos hacen cola para ir a Canadá – Publimetro

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