Honduras pasó de tener dos presidentes –Manuel Zelaya, electo para el periodo 2006-2010, y Roberto Micheletti, quien cubre un interinato tras la deposición de Zelaya– a no tener ninguno.
Sin embargo, ayer se dio a conocer que Micheletti se retiraría del poder del 25 de noviembre al 2 de diciembre. Mientras que se convoca a elecciones presidenciales para el próximo 29 de noviembre.
Honduras, sumergida en una de las peores crisis de su historia, enfrenta su destino sin un líder al frente.
Esta semana, también, tuve la oportunidad de conversar vía telefónica con el presidente Zelaya, quien asegura que no abandonará la lucha por regresar al poder del país centroamericano.
El tiempo apremia y los organismos internacionales, como la OEA, parecen no darse cuenta de que la solución a este conflicto, que lleva en puntos suspensivos casi cinco meses, urge.
Una honduras empobrecida ya no puede lidiar más con la pobreza, una crisis financiar mundial y la inestabilidad políticosocial en su interior.
Hoy tuve el gusto de conversar con varios hondureños, quienes anhelan –como muchos otros– en que la paz y la estabilidad regrese a su país. Pero no a costa de dádivas ni de parches mal pegados a una situación tan precaria.
La solución no puede, bajo ningún motivo, quedarse en la retórica de políticos. Hace falta acciones que den un nuevo respiro a Honduras.
Si Zelaya se va o se queda. Si Micheletti regresa o no, me parece, ahora es lo de menos. Lo que Honduras merece es un líder.


