Muchas veces uno se pregunta –cuando vemos a diputados blindados con su fuero, capaces de cometer prácticamente cualquier atrocidad sin que la ley pueda tocarlos– si los políticos de otras partes del mundo gozan de tales prebendas. Hoy el caso Italia nos demuestra que no es así.
El “Laudo Alfano” dotó de inmunidad al Premier en 2008, justo después de que sus trapos más sucios comenzaran a ventilarse en público y después de dado inicio su tercer mandato.
Sin embargo, al Tribunal Constitucional de este país le tomó menos de 48 horas definir que “bajo el principio de igualdad” no existía razón para blindar con inmunidad a Berlusconi.
En cambio, en nuestro adorado país, el principio de igualdad se establece bajo la base de que “todos somos iguales… Pero algunos somos más iguales que otros”.
Pero, bueno, a Berlusconi no le preocupa el asunto del fuero por mero ornamento. Al señor Premier le esperan, desde hace rato, al menos cuatro procesos en su contra, los cuales van desde evasión fiscal, intento de soborno a senadores de la oposición, ordenar que se falsificara su testimonio en dos procesos (por lo cual ya hay un culpable en la cárcel, el abogado británico David Mills).
Un Tribunal encontró que el fuero o inmunidad de Berlusconi resultaba injusta a los italianos. ¿Hasta cuándo tocará el turno a México, para quitárselo a esos centenares de baquetones? ¿Qué no dicen que el que nada debe, nada teme?
El coqueto Berlusconi…

