Tepocata, víbora prieta, pelele, corrupto, entre muchos, muchos –de verdad, muchos otros– insultos, adornan de forma tan colorida la política mexicana. Por eso es que cuando uno ve cómo los medios estadounidenses hacen la gran alharaca porque un senador gritó a Obama, durante un discurso en el Congreso: “¡Mientes!”, pues, uno se pregunta: “¿Qué estuvo mal?”.
Imagínense, es como si mandáramos a un chavo de un barrio popular, digamos Tepito, a una de las colonias “bien” y acabaran de bronca, y el de Tepito dijera: “pues es que sólo le menté la madre”. Así me siento, yo soy el chavo de Tepito que no comprende por qué tanto lío por un “mientes”.
No sólo los medios se colgaron de la lámpara y las frases de señorita en defensa de su honor maltratado salieron para tirarse al piso, como la del vicepresidente Joe Biden, quien dijo: “Sentí vergüenza por la cámara y por un Congreso al que amo. Denigró a la institución”, ¡zas!
No, no, no, pero eso no es lo más increíble de todo esto. Tomen asiento, porque lo que sigue, francamente, provocaría un corto circuito para el “Mexican way”: Joe Wilson, el congresista republicano, culpable de este desgarriate SE DISCULPÓ!!!! (NO MA!!!!!!!!). Él solito, no había nadie haciéndole manita de puerco ni nada, pidió disculpas (!!!!). No sin antes el propio líder de su bancada criticara su actitud incorrecta.
O sea, recapitulando…
PRIMER ACTO: Joe Wilson, congresista republicano, le grita a Obama “mientes”, en el Capitolio.
SEGUNDO ACTO: Todo el mundo se lanza a la yugular de Wilson, incluyen medios, opositores y sus propios partidarios!!!!.
TERCER ACTO: Wilson termina pidiendo perdón por el exabrupto a la Casa Blanca.
Y, como si todo esto fuera poco, la página oficial de Wilson fue clausurada, porque, repentinamente, tuvo más tráfico del que nunca sólo tener y se cayó. O sea, el señor tuvo un mal, mal día y todo por un “mientes”.
No entiendo, si en México con tomas de tribuna, insultos, descalificaciones hemos llegado tan lejos… Ah! Ya entendí…
Bueno, pero, entonces… ¿de las máscaras de cerdo mejor ni hablamos, verdad?
Este fue el momento (chéquense el quejido reprobador, por ahí del minuto 2:10):
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Y esto en lo que se convirtió la página en el Congreso de Joe Wilson:

