El ambiente ya no huele a azufre, sino a romance. O, bien, como diría el mandatario venezolano, Hugo Chávez, huele a “esperanza”.
Fue hace apenas tres años, cuando Chávez comparaba al entonces presidente de Estados Unidos, Goerge W. Bush con el diablo, en el mismo escenario en el que ayer, 24 de septiembre, aseveró que la ONU ya no olía más a “azufre, sino a esperanza” –en clara alusión a “Hope” (Esperanza) como símbolo de la campaña presidencial de Barack Obama.
Pero ese no ha sido el único ramillete de rosas desprendido por la izquierda a ultranza latinoamericano. Esta misma semana, el propio Fidel Castro decía “admirar” a Obama por haber reconocido la responsabilidad de las grandes potencias en la precipitación del cambio climático.
¿Es acaso esta una reconciliación entre la vieja izquierda y el nuevo imperialismo? Quizá esto no pase del mero coqueteo por un buen rato, pero, al menos, el cambio ya resulta reconfortante.
Con menos retórica y más pragmatismo, Obama ha hecho lo propio: flexibilizó los viajes a ciudadanos estadounidenses a Cuba –los cuales antes sólo se podían realizar una vez cada tres años, por periodos limitados de 14 días y con un máximo de gasto de 50 dólares al día. Lo que a partir de marzo pasado se transformó a viajes anuales, por un período ilimitado y con un gasto diario de 170 dólares–.
La pregunta es si tras décadas de distanciamiento constante, las relaciones entre dichos países y Estados Unidos podrán ser reconciliadas por el factor Obama.
Lo que sorprende es la animosidad con la que los líderes están respondiendo, a menos de 10 meses del cambio de Administración en la Casa Blanca. Sólo espero que, a diferencia de todas las reconciliaciones, ésta sólo termine en un apretón de manos.
Y, bueno, como recordar es volver a vivir. Aquí están los dos momentos –el del “azufre” y el de la “esperanza”–.
El “azufrozo:”
http://www.youtube.com/watch?v=wg54UgTWJiw
Y el de la “esperanza”:
http://www.youtube.com/watch?v=EY3YiNa38ug



