¿Recuerdan aquella frase de “esto se arregla una cerveza”? Probablemente la frase resulte menos común si la dice un Jefe de Estado, digamos -por mencionar alguno-, Barack Obama.
Los gobernantes del mundo siempre se ha promulgado por “el diálogo”, pero quizá sea Obama el primer en poner el antecedente de que éste vaya acompañado con un trajo. De entrada, no suena mal.
A lo largo de 40 minutos, el profesor de Harvard Henry Gates y el oficial James Crowley, junto a Obama y el vicepresidente estadounidense, Joe Biden, se echaron sus chelitas, en el Jardín de la Casa Blanca, sin micrófonos y con las cámaras a varios metros de distancia, con el fin de hacer las paces.
Todo comenzó la semana pasada cuando a Gates, un hombre de color, se le olvidaron las llaves de su casa, así que se le hizo fácil irrumpir n su propia casa -total, era su casa, ¿no?-. El problema vino cuando uno de sus vecinos alertó de que un hombre había entrado a la casa -sin saber que estaba denunciando al propio dueño del inmueble-. James Crowley fue el policía que se presentó al lugar.
A partir de aquí, los hechos ya no están muy claros, pues, al parecer. Cuando Gates le dijo a Crowley que era el dueño del lugar, el segundo le pidió una identificación y el catedrático se negó a identificarse y comenzó a insultar al uniformado, corriéndolo de su hogar. Crowley, mientras que eran peras o manzanas, hizo lo que cualquiera con una placa y un arma en su sano juicio hubiera hecho: lo arresto.
Así empezó todo. Gates alegaba racismo. Crowley, faltas a la autoridad. Vino Obama y dijo que los policías eran unos “estúpidos” por arrestar a un hombre por entrar a su casa.
Ahí no quedó todo. Porque a Obama le fue peor que si hubiera escupido para arriba. Las críticas por haber insultado las autoridades no se hicieron esperar.
Para calmar la desazón hizo un llamado a las partes a tomarse una “chelita” en la Casa Blanca, cita que se celebró ayer y tras la cual, Crowley aseguro que pronto se reuniría nuevamente con Gates para acabar de platicar, aunque aseguró que tanto uno como el otro deseaban ver “hacia adelante, en lugar de hacia atrás” (qué bonito!).
El gorrón del cual todo mundo está hablando es del vicepresidente Biden, el cual, de un inicio al meno, ni invitado estaba. A mi, simplemente me parece que se trataba de evitar victimizar a Crowley, un policía blanco -al que ya de por sí Obama había llamado estúpido- al proyector la imagen de “dos negros contra un pobre y vilipendiado blanquito”… Ya ven como es esto de las minorías mayoritarias…
En fin, la chela de la paz ha sido bebida. Y, con su permio, yo iré a hacer lo propio.
Glu, glu, glu…. HAAAAAA!!!!
Y no’más para que se les antoje… Chequen!
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