¿Adónde van mis utilidades?

¡Nadie sabe, nadie supo..! Pero, ¡fue horrible, fue horrible..!”, diría el Lonje Moco al contar el relato de cómo seis de cada 10 mexicanos malgastan o no saben adónde quedó el dinero de su reparto de utilidades.

– Ésta es una historia horripilante, una historia macabra, macabrísima, macabrona; donde el espíritu del despilfarro se posesionó de las almas de los trabajadores, de las almas de sus carteras y de las almas… y de las almas…

“¡Sí!, de las Almas, unas empleadas –gemelas– que perdieron sus utilidades al pasar por un centro comercial, donde se les vio mancillando su poder de compra en dos mudas de ropa, una crema facial, un frasco de perfume y una caja de chocolates para su abuelita. ¡Fue horrible, fue horrible!”, narra el Lonje Moco.

Sin embargo, se trata de la realidad de millones de empleados que no realizan un plan de inversión, que se niegan a pagar sus deudas y sacrifican el ahorro, con el objetivo de ofrendarlo al Dios de las Compras Compulsivas.

Derecho constitucional

La Ley Federal del Trabajo establece que el reparto de utilidades es un derecho constitucional, por el cual los trabajadores participan de las ganancias que obtiene una empresa o patrón durante un año, de acuerdo a las siguientes condiciones:

  1. Tienen derecho a recibir utilidades todos los empleados que perciban un salario; quienes hayan firmado un contrato de planta, independiente de los días laborados durante el año; los eventuales, con 60 días trabajados en los últimos 12 meses, de forma continua o discontinua; y los ex asalariados que hayan cumplido con sus funciones en el período de objeto del reparto.

  2. Los patrones están obligados a pagar en un plazo no mayor de 60 días, contados a partir de la fecha en que se presentó o debió presentar la declaración anual de impuestos ante la Secretaría de Hacienda.

  3. Las empresas tiene que presentar su declaración a más tardar en marzo, por lo que deberán entregar las utilidades durante mayo.

  4. Para las personas físicas, el plazo de dicho requerimiento fiscal vence el 30 de abril y tienen que cumplir con el reparto –a más tardar– en junio.

  5. A los trabajadores les corresponde participar del 10% sobre la renta gravable manifestada por el patrón en su declaración anual de impuestos.

¿Dinero mal gastado?

Para nadie es un secreto que la mayoría de población es víctima del consumismo, gastos emocionales, regalos y todas las fechas comerciales del calendario; sobre todo, cuando hay dinero.

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), reportó que sólo 46.4% de los empleados planea el uso que le dará a las utilidades.

El 64.8% de los trabajadores del país no sabe cuánto recibirá por esta prestación, mientras que 16.1% espera obtener entre mil y cuatro mil 999 pesos por este concepto.

En su reporte Brújula de Compra, la Profeco señaló que 23.2% –de quienes planean cómo gastar las utilidades– destinarán su dinero al pago de las deudas; 19.4% comprará ropa; y 19% considera poco importante ahorrar.

Cómo evitar el despilfarro

Redacta una lista de prioridades: deudas, reparaciones y necesidades urgentes.

Cubre –primero– los pagos atrasados en tarjetas de crédito, mueblerías u otros establecimientos.

Piensa si necesitas lo que vas a adquirir. Descarta las compras emotivas, las cuentas onerosas en restaurantes, antros o fiestas.

Compara precios antes de pagar un bien o servicio. Acude a, por lo menos, tres establecimientos diferentes.

Investiga el costo de cualquier producto al pagar de contado o a crédito y los gastos adicionales como transporte o almacenaje.

Compra bienes duraderos, como electrodomésticos o aparatos electrónicos, que hagan falta en tu hogar. Pregunta por la vigencia de la garantía, la facilidad de adquirir refacciones y los centros de servicio.

No contraigas deudas sin antes asegurarte de que podrás pagarlas sin contratiempos.

Si compras a crédito, verifica el monto total, el número de abonos, a cuánto asciende cada uno, cuál es tasa de intereses y las sanciones por incumplimiento.

Consejos de la abuela

En los menesteres del dinero, la experiencia de mi sabia abuela, Doña Genoveva Claridosa, es oro puro. Durante más de 30 años se dedicó a estirar el gasto de su casa.

“Lo primero –dice la abuela– es no soltar ni un solo peso para fiestecitas. Deben impedir que los amigos y gorrones se chupen las utilidades en borracheras, en pagar servicios carnales o cuentas del antro.

“Mejor ahorren y paguen todo lo que deben: gasten 50% en las dichosas tarjetas; 20% lo llevan al banco; y otro 30% lo invierten en un refrigerador nuevo, de bajo consumo de energía, en otra telesvisión –pantalla de plasma– o en el pago de las colegiaturas.

“Como dice el dicho: dinero llama a dinero, pero éste es muy celoso; más cuando el dueño es el peor de los amantes, el amigo o amiga complaciente con los de la gorrita café y el trabajador que gasta por capricho”.

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¡FUE HORRIBLE, FUE HORRIBLE!

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