Existe un lugar como ninguno en la tierra, lleno de maravillas, misterios y peligros. Algunos dicen que para sobrevivir en este país hay que estar loco, como Felipillo –el protagonista de la historia de hoy–, quien por fortuna lo está.
Tal fantasía es la realidad de una nación gobernada por un monarca que sólo escucha al Gato Sonrisas y al Señor Conejo, quienes –en su calidad de tesorero y encargado de crear empleo– le susurran al oído:
“¡Señor, el desempleo bajó; el país crecerá 5% este año; y el pueblo siente que el narco está perdiendo la guerra!”.
Durante la última fiesta del té, el hilarante minino convocó a una conferencia de medios en la que anunció: “De acuerdo a los analistas financieros, la economía está en total recuperación”.
– ¡Es imposible, porque el país enfrenta un déficit de más de cuatro millones de empleos, el precio de la gasolina sube cada mes y los salarios apenas aumentaron 4.5% en el último año!, le contestaron algunos especialistas.
– ¡Esto es imposible… sólo si tú piensas así!, contestó Felipillo, mientras lanzaba por los aires su colorido sombrero, símbolo de su poder y jerarquía.
Fantasías de la realidad
Para el mundo real, la narración es parte de una de las más grandes fantasías escritas por los políticos, quienes miden la riqueza en números y estadísticas que no dan de comer y garantizan el bienestar de más 50 millones de pobres.
El tesorero de la nación afirmó que el Producto Interno Bruto (PIB) avanzará más de 5% en 2010; una tasa de desarrollo que sería mayor si el Congreso del País de las Maravillas aprueba una reforma fiscal integral.
Ello sin importar que el último intento de cambio hacendario trajo un alza de precios, tras el incremento mensual de ocho centavos en la gasolina; de 15 a 16% en la tasa máxima del IVA; de 28 a 30% en el ISR; y la imposición de 3% a las telecomunicaciones.
Lo que no dijo el Gato Sonrisas es que al involucrar al Congreso, a través de la aprobación de las llamadas reformas estructurales, el Gobierno responsabiliza a los diputados y senadores del fracaso de tales expectativas, algo muy fructífero cuando el país entre a un período preelectoral, en 2011.
Locuras del desempleo
Cada año, la población requiere de un millón 300 mil nuevos empleos, pero el Señor Conejo sólo prometió un máximo de 800 mil puestos en 2010.
Dijo que en 2009 sólo se perdieron 181 mil plazas de trabajo, debido a la recesión económica, cuyos efectos provocaron el desplome anual de 6.5% del PIB.
Destacó que entre enero y marzo, se abrieron 234 mil puestos, lo cual –dijo– es una forma de generar prosperidad entre la población.
Nada más lejos de la realidad, porque aún subsisten 2.7 millones de personas en desempleo; hay 12.6 millones más en las filas de la informalidad; y más de cuatro millones de jóvenes no tienen opciones de desarrollo, por el incumplimiento de las metas laborales.
Reflexiones maravillosas
Frente a dichas estadísticas resulta muy importante que los protagonistas de esta historia acepten que el País de las Maravillas es un cuento y, por lo tanto, la sociedad demanda una realidad económica, política y social que beneficie al bolsillo.
Como dice mi sabia abuela, Doña Genoveva Claridosa: “Honor a quien honor merece”, por lo que de resultar ciertas las cifras oficiales, el Gato Sonriente y el Señor Conejo serán dignos del reconocimiento público.
De lo contrario, como reza el lema constitucional de cualquier nación democrática, como la que hoy nos ocupa: ¡Que el pueblo se los demande!
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NADIE ES RESPONSABLE
DEL PARECIDO CON LA REALIDAD
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