
Una forma de conocer un tema es involucrándose en él de manera que el hecho o las ganas de hacerlo fotográficamente pasen a segundo plano, haciéndose parte del asunto elegido. Hacer que la cámara entre en un mundo para que los personajes se acostumbren a ella no es sólo una forma de conseguir “buenas” imágenes, es una manera de vivir la fotografía.
Ingresé en el mundo de la Masonería Mixta con el propósito de conocer más sobre el tema y a la vez intentar retratar este mundo. Fue ahí donde conocí esta manera de trabajar: Tomar el tema con el mismo respeto y pasión con la que tomo la cámara.
Luego de “acostumbrar” a la gente a que te vea siempre con la cámara ocurre un fenómeno difícil de explicar, la cámara es lo mismo que el yo.
Al intentar retratar, dar a conocer o sólo mostrar una mirada sobre un tema nos involucramos en menos o mayor medida con él. En mi opinión creo que para mostrar consistencia y compromiso en un trabajo fotográfico hay que involucrarse más allá de la cámara…pienso que hay que hacer del trabajo intelectual y emocional lo más importante dentro del proceso.
Hay personas que piensan que la fotografía como medio de expresión es fácil, es divertida y nada más. Los que nos hemos comprometido con ella nos vamos dando cuanta en el camino que de fácil no tiene nada. En la fotografía convergen muchas cosas: los sentimientos, las experiencias, el compromiso, y dentro de esas y muchas otras cosas está una de las más importantes…la obsesión.
Quizás esa última palabra es la más importante, la que ayuda a resumir en una palabra todo lo que he mencionado esta vez: OBSESIÓN. Eso es lo que experimenté con el tema de la Masoneria.


