Aprendiendo a aprender

No sé como le voy a hacer para meter a una hora de terapia todo lo que me pasó el fin pasado y ayer. La verdad en cuestiones de madurez emocional fue un fin muy útil, tuve la oportunidad de ver una situación que yo viví hace algunos años desde una perspectiva completamente diferente.

Es una historia medio larga, pero a cuentas muy resumidas, ayer tuve que convivir con la nueva novia de alguien que por mucho tiempo me gustó. Fue de esas relaciones medio de amigos con beneficios en las que uno se clava (esa fui yo) pero al final, después de hablar mucho las cosas, se logra crear una amistad de verdad (sin beneficios).

No soy masoquista, les voy a explicar cómo sucedió esto. Yo tenía planeado ir a un concierto ayer, al cual invité a un amigo y a esta persona y resulta que el mismo día  del concierto me avisa que invitó a su novia (es de esas relaciones en las que cortan y regresan y luego vuelven a cortar y luego alguien empieza a salir con otra persona pero a la mera hora regresan, ¿ya saben?).

Debo admitir que me horroricé inmediatamente, hice berrinche, me enojé, asumí que sería una noche muy incómoda y hasta consideré no ir. Afortunadamente, cinco minutos después de esto recapacité y decidí que ser la amiga de alguien implica tener que conocer y convivir con su chica del momento. Supongo que es natural que, aunque alguien ya no te guste, cuando hubo algo ahí siempre será un poco raro el tener que convivir con la novia. Es algo similar a los celos, pero es peor porque no te sientes con derecho a sentir eso.

Ya que esta relación de amistad sólo funciona porque hablamos las cosas, a mi se me hizo importante decir que la situación me incomodaba, pero que iba a hacer un esfuerzo por tener la mente abierta (algo especialmente difícil cuando tu amigo o amiga se la pasa hablando mal de la persona con la que está saliendo).

Y…. Sorprendentemente, me la pasé muy bien. A veces nos cerramos a estas experiencias porque asumimos que nos vamos a sentir de alguna manera, pero en realidad no hay forma de saberlo. Hace un año estoy segura que algo así me hubiera destrozado, pero las experiencias no pueden ser las mismas si nosotros cambiamos y crecemos.

Hay personas que se reúsan a crecer, sus problemas siempre son los mismos porque no aprenden. Las situaciones que vivimos y la gente que entra a nuestras vidas están ahí para enseñarnos lecciones importantes sobre nosotros mismos, reusarnos a sentir el espectro completo de emociones que estas implican o cerrarnos a la posibilidad de aprender algo aunque sea doloroso nos condena a repetir lo mismo una y otra vez.

Todo lo que necesitamos para ser felices está dentro de nosotros, sólo hay que aprender a aprender.

Flujo de consciencia

Hoy vamos a intentar algo nuevo, ¿saben qué es el flujo de consciencia? Este término, acuñado por William James se origino en el budismo y en palabras muy prácticas puede ser descrito como el monólogo interno que cada uno sostiene de manera consciente. Además de su uso en el campo de la psicología, el flujo de consciencia también ha sido implementado de manera importante en las obras literarias, partiendo de la premisa que cada persona tiene un universo dentro de su cabeza, grandes autores como Virginia Woolf lo han usado extensivamente en libros como “Mrs. Dalloway”.

Muy bien, ya todos entendemos qué es el flujo de consciencia, ahora, no sé cuantos de ustedes han estado en terapia, pero en mi caso particular, un ejercicio que me ayudo mucho fue el de escribir en un diario. Este ejercicio empezó como una tarea de mi terapeuta y con los años se ha convertido en un hábito, especialmente cuando viajo.

Debo aclarar que hay una diferencia muy grande entre escribir lo que hiciste tal día y escribir lo que sientes o lo que estás pensando, el propósito de estos ejercicios es hacer introspección, en muchos casos ayuda a identificar lo que sentimos. Ayer me di la tarea de escribir un flujo de consciencia que experimenté después de accidentalmente ver un post de mi ex. Antes de compartirlo con ustedes les aclaro que sigo en terapia, así que no se asusten. Esto es lo que pensaba antes de dormir ayer:

¿Por qué nuestro corazón no hace lo que nuestra cabeza quiere? O talvez es al revés y nuestra cabeza no hace lo que el corazón quiere. Cualquiera que sea, ¿por qué es tan difícil que se pongan de acuerdo? ¿Cómo sabes a cuál seguir? ¿Cómo saber si estás racionalizando o siguiendo a tu instinto? ¿Cómo sabes si son buenos tus instintos?

Evidentemente estoy racionalizando, o al menos eso intento. Para empeorar tantito las cosas, nuestro mundo está lleno de dichos que sólo nos confunden más, cosas como: “Si amas algo déjalo ir, si regresa es tuyo, si no regresa nunca lo fue”, “Ojos que no ven , corazón que no siente”, para empezar, si realmente amas algo, ¡no lo dejes ir! Digo, creo que eso es obvio.

Y en realidad ese no es mi problema, mi verdadero problema es que nunca sé cuando quiero a alguien lo suficiente como para esperar, como para luchar por esa relación. Puede ser que el no saber significa que ese sentimiento no está ahí, pero al mismo tiempo siento celos, siento tristeza, a veces enojo. ¿Si existen esos sentimientos significa que también tiene que existir el amor, el deseo?

Si no existe el amor, ¿cómo le hago para dejar de sentir lo demás?, en concreto, ¿cómo le hago para dejar de sentirme mal? Ahí les va otro dicho: “Un clavo saca otro clavo”, ahora hasta le agregan: “que un clavo saque otro clavo no depende del martillo, sino de la madera”. Qué confuso, ¿se supone que yo soy el bloque de madera? Y ¿por qué sacaría un clavo con exactamente lo mismo? Cuando lo más racional sería buscar algo diferente, algo que sí funcione. Y más importante, ¿quién se supone que es el martillo?

Puede ser que haya algo de verdad en: “ojos que no ven, corazón que no siente”, la última vez que tuve que olvidar a alguien mi terapeuta me dijo que dejara de pensar en esa persona, cosa muy difícil dado que lo hacemos inconscientemente. Ves un comercial para esa película que vieron en el cine y BAM ya estás depre de nuevo, pero lo vas haciendo algo consciente, algo mecánico, en cuanto tu cerebro empieza a recordar ese día, lo frenas, pones tu cabeza en blanco y sigues con otra cosa.

Pero… esos sentimientos siguen ahí, muy adentro, quizás nunca desaparecen o cuando lo hacen no nos damos cuenta. Como esa vez que te encuentras a tu ex y en lugar de ser una experiencia igual de horrible que tener que ver el debate del domingo de nuevo (sin el traductor para sordomudos, la famosa edecán y los productos de lumen), resulta que te da lo mismo, es más, hasta dices: “¿Cómo pude salir con esa persona tanto tiempo?”

Es imposible saber qué hacer, lo único que puedes es intentar ser honesto contigo mismo, si algo te hace sentir mal, admítelo, ese es el primer paso y ni modo, voy a cerrar con otro dicho, pero este sí es una verdad universal. “El tiempo lo cura todo”.

FIN.

¿Han intentado escribir lo que sienten como un flujo de consciencia? Inténtenlo, sólo como ejercicio de introspección, lo recomiendo mucho.

Ensayo sobre la sordera

Antes de empezar mi blog de esta semana, les quiero recordar que este blog no es de política, ni de salud, ni de finanzas, cuando me propusieron por primera vez escribir este blog, la idea era que fuera sobre anécdotas y experiencias. Yo intento relacionar esas anécdotas con temas de salud mental o madurez emocional.

A pesar de que soy una persona muy interesada en la política y en temas sociales, este blog no está enfocado a esos temas y espero que no lo lean esperando saber más sobre el debate del debate, los problemas con Televisa y TV Azteca por la trasmisión del debate o el escándalo de Wal-Mart.

Habiendo dicho eso, una de las razones por la que este blog nació fue porque algunas personas me consideran chistosa (aunque estoy empezando a sospechar que esas personas sólo son mi mamá y mi entonces editora), pero si logró que alguno de ustedes se divierta unos minutos o aprenda algo sobre la vida, seré muy feliz.

Tercera llamada, tercera. Comenzamos.

Se supone que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, la semana pasada yo me quedé sorda. Un día desperté y me di cuenta que no escuchaba nada de mi oído izquierdo. ¿Saben como me di cuenta? Porque estaba acostada sobre mi oído derecho y nunca escuché mi despertador (cual tapón para ver una carrera de NASCAR).

Este señor tiene un cigarro adentro del oído.

Tengo una amiga que una vez se despertó para ir a la escuela (a la hora del zombie, es decir, como a las 5 am), se levantó, caminó al baño, prendió la luz y se sentó en el escusado,  entonces empezó a tallarse los ojos (muy fuerte). Cuando terminó de tallarse abrió los ojos y se encontró en completa oscuridad. Hizo lo que seguramente la mayoría de nosotros haría, empezó a gritar “¡Estoy ciega!”, unos segundos después entró su mamá al baño y le dijo que no fuera idiota, que se había ido la luz. Sí, la luz se fue mientras se tallaba los ojos la zonza esta. Ok, lo de mi oído no se parece nada a esto.

Asumí que tenía un tapón de cerilla y como buena mexicana que se automedica (¡No se automediquen!), compré unas gotas para deshacer los tapones de cerilla, seguí las indicaciones y me puse las gotitas por varios días, pero seguía sorda.  Al cuarto día de ser la burla de la oficina y mi grupo de amigos, decidí hablarle a un doctor.

Tuve que ir al hospital, resulta que tenía una infección en el oído. Me lo limpiaron por más de una hora usando un aparato que nunca pude ver porque me lo metieron en el oído (duhhh), pero que dolió como nada me ha dolido en la vida. Después de eso me rellenaron el oído con una gaza que tuve que traer ahí por un día completo y me recetaron antibiótico en gotas y mantener mi oído seco.

¿Saben que significa mantener tu oído seco? Cada vez que me bañaba tenía que ponerme una bolita de algodón y cubrirme la oreja de vaselina. No sé cómo lo lograba, pero siempre terminaba con más vaselina en el pelo que en la oreja. Esa fue la semana del pelo grasoso (la vaselina es muy difícil de enjaguar porque al estar hecha de petróleo no se mezcla con el agua), pero lo logre.

Y el momento más glorioso de mi semana no fue poder oír o que ya no me doliera el oído, si no poder bañarme sin estar toda embarrada. Lo anterior es broma, es horrible no poder escuchar de un oído, es como tener instaladas unas bocinas que están en mono y no surround en la cabeza.

A lo que voy es, disfruten lo que tienen, porque todo puede desaparecer cualquier día y no siempre se tiene la fortuna de perder algo y recuperarlo.

V de vaca, B de burro.

No me gusta empezar mis posts con un dicho, pero ¿ubican como algunas abuelitas dicen: “el que se enoja pierde”? Esta es una verdad universal, el que se enoja sufre consecuencias severas en su salud física y mental.  No sólo nos hace más propensos a sufrir problemas cardiovasculares, si no que un enojo temprano en la mañana nos puede arruinar el día completo. ¿A cuántos de ustedes les ha pasado esto?

En la mañana yo tuve la pelea más infantil que he tenido en la semana completa (tengo muchas peleas infantiles), todo empezó porque le pedí a mi hermano que buscara una palabra que contenía una “v” en su iPhone y el tonto la escribió con “b”, como buena hermana mayor, procedí a burlarme de él, así que él me respondió que yo no lo había pronunciado bien. Entonces yo dije que en México se pronuncian igual la “v” y la “b”, por eso la gente tiende a especificar diciendo “b de burro” o “v de vaca”. La conversación siguió de esta manera:

Mi hermano: “Entonces no sabes hablar bien”

Yo: “Entonces todo México no habla bien”

Mi hermano: (No me acuerdo qué me dijo aquí porque estaba muy enojada)

Yo: “Ahh, entonces, ¿ahora vas a pronunciar la v como gringo? ¿También vas a pronunciar la c como español?”

Sí, todo fue muy infantil y ñoño. Voy a parar aquí, aunque la pelea continuó durante casi media hora. Después me fui a mi trabajo y cuando estaba a punto de llegar descubrí que no traía mi medicina (no les conté esto, pero la semana pasada me quedé sorda de un oído por una infección, prometo destinar un post a ese tema otra semana), entonces tuve que regresar a mi casa para el Round 2. Aunque para ese entonces ya estaba muy tranquila, a pesar de haber perdido media hora de ida y otra media de regreso por el chistecito de olvidar mis gotas.

Cuando llegué tenía una de dos: A) Seguir la pelea con mi hermano y agregarle que por sus tonterías había olvidado mis gotas y que por eso iba a llegar tarde a la oficina. B) Asumir que era mi responsabilidad no haber agarrado mis gotas, que eso no es culpa de nadie más que la mía y que la mejor forma de arreglar las cosas es tranquilizándome y hablando bien.

Estoy muy orgullosa de mi misma porque hice justo lo de la opción B). Cada vez que alguien nos hace enojar hay dos caminos, podemos ser seres reactivos o seres proactivos. Ser seres proactivos significa aceptar la situación de manera tranquila, asumir nuestras responsabilidades y errores y partiendo de eso proponer alguna solución ya sea externa o interna. Ser seres reactivos significa dejarnos vencer por las emociones, culpar a otros, quemar puentes de manera impulsiva, ser violentos y atacar sin proponer una solución.

La próxima vez que alguien los haga enojar, antes de ponerse los guantes piensen si están cometiendo el error de culpar a otros por errores suyos, piensen en el tono de voz que están usando y antes de hablar intenten tranquilizarse y decir algo que ayude a solucionar el problema, no exacerbarlo. Y más importante, recuerden que en México la “v” y la “b” se pronuncian igual.

PD: Mi hermano y yo ya nos contentamos, esperemos que no lea mi blog.

Tragicomedias

Hoy es un día raro, de entrada me desperté con un oído completamente tapado, se me hizo tarde y ya no había nadie en mi casa que pudiera ponerme las gotas para destaparme el oído. Llego a la oficina medio tarde porque a la policía del DF se les ocurre arrestar a alguien a la mitad del puente de Rio Mississippi, le pido a mi compañero de trabajo que me ponga las gotas y al parecer no funcionaron porque sigo sin escuchar nada del oído izquierdo y sólo para agregarle otra cosa, me acabo de dar cuenta que olvidé mi thermo en la casa.

Pero bueno, siempre hay días así y aunque quiera quejarme sé que son cosas relativamente mezquinas comparadas con lo que le está pasando a muchas otras personas, pero como dice Carla Morrison: déjenme llorar. ¿Saben lo que se siente tener que subirle el volumen a todo porque por el día tienes una semidiscapacidad?

En fin, hoy quiero hablar de otra cosa. No sé si algunos de ustedes tuvieron la oportunidad de ir a la Comedia Infernal, yo fui el domingo pasado y… (esto no es una reseña, no se preocupen) algo se me quedó muy grabado, al principio de la obra/concierto Malkovich dice (debo añadir que esto lo dice interpretando a un hombre que estuvo muchos años en la cárcel) que la mayoría de los hombres viven en una especie de prisión, a pesar de no estar tras las rejas, en realidad viven sin disfrutar la vida, sin hacer el amor, sin libertad.

Se casan, pero no están enamorados, trabajan, pero odian lo que hacen, viven a medias, se conforman. En mi muy humilde opinión, esto se debe a una cuestión fundamental, la gran mayoría de los hombres son infelices porque constantemente sacrifican eso que más quieren en la vida por algo que quieren momentáneamente. Es muy sencillo, si lo que más quiero en esta vida es trabajar de vendedora de paletas de helado y llega alguien y me ofrece ser vendedora de zapatos y yo acepto porque es fácil, está aquí y no requiere un esfuerzo mayor de mi parte, voy a terminar vendiendo zapatos, conformándome a no vender paletas.

Es un ejemplo muy tonto y claro que hay excepciones, no pasa nada si decides cambiar de opinión, la vida te da una oportunidad distinta y la tomas, pero nunca hay que perder de vista aquello que queremos porque al hacer eso terminamos perdidos y casi siempre con cosas que no queremos, frustrados porque ya no sabemos como cambiar nuestro rumbo.

A veces es más fácil detectar esto en otras personas, yo tengo varios amigos que están en relaciones que no los hacen felices, relaciones que los desgastan o los frustran, algunos saben que eso no es lo que quieren, pero se conforman porque asumen que es mejor tener a cualquiera que no tener a nadie, otros siento que ni siquiera saben qué quieren y eso es mucho peor. Hay momentos en la vida en los que tenemos que olvidar lo que sentimos para recordar lo que merecemos, pero si de entrada no sabemos qué merecemos la cosa se pone complicada.

Es muy fácil entregar las riendas porque así no tenemos que responsabilizarnos, pero la verdad es que es nuestra decisión vivir bien, vivir a medias o de plano vivir mal. No sólo eso, es  nuestra decisión si nos rodeamos de gente que nos hace sentir bien o de gente que nos hace sentir mal. Por eso siempre que una amiga me dice que está deprimida lo primero que hago es preguntarle si está segura que su problema no sea que sólo se junta con idiotas (sin contarme a mi, obviamente).

En conclusión, dejen de culpar a otros y asuman su responsabilidad. Les recomendaría ir a la Comedia Infernal, pero además de que ya no está en cartelera, la verdad no me encantó (¡no es una reseña!).

Metamorfosis

Hace poco leí algo muy interesante, muchos conocemos a grandes rasgos el proceso de vida de una mariposa: estas empiezan como orugas, después crean un capullo y finalmente emergen como mariposas, pero en realidad nunca nos explicaron bien qué sucede durante la transformación.

Esta etapa generalmente es conocida como pupa. Previo a esto, la oruga se alejó de sus fuentes alimenticias, encontró un lugar seguro y cambió de piel por última vez, creando una capa exterior conocida como chrysalis. Dentro de este crysalis la oruga pasa por un proceso que asimila mucho el proceso de reciclaje (imaginen una botella de plástico que es derretida para crear algo nuevo). Sus células se convierten en “células imaginarias” (similares a las células madre) las cuales se pueden convertir en cualquier cosa.

Este proceso de transformación se llama holometabolismo y la cantidad de tiempo que requiere varia con cada especie, puede tomar desde dos semanas hasta varios meses. En otras palabras, las orugas prácticamente se desintegran y después se vuelven a construir, pero esta vez van a resurgir como mariposas, es decir, como un ser vivo completamente diferente.

Lo más interesante de todo esto es que algunos estudios han demostrado que las mariposas recuerdan sus vidas como orugas.  Ok, voy a dejar que procesen esto unos cuantos segundos. ¿Se imaginan poder cambiar a nivel celular? ¿Se imaginan el poder de las células si a pesar de cambiar por completo tienen la capacidad de recordar?

No quiero sonar toda “What the Bleep Do We Know!?”, ni quiero que piensen que soy como el villano de “Silence of the Lambs”, el loquito que estaba obsesionado con las polillas, pero sí quiero que piensen en las transformaciones. Todo cambia, si no es a nivel celular es en otros niveles que sólo existen en nuestra consciencia.

Sé que está mal, pero sus escenas siempre me dan un poco de risa.

Todos tenemos la habilidad de transformarnos y esa transformación empieza en una de las unidades más sencillas de los organismos, nuestras células. En el caso del ser humano se puede decir que estas transformaciones empiezan en nuestros pensamientos, esas cosas que nos repetimos todos los días, a veces de manera inconsciente.

Teniendo esto en cuenta, ¿qué se dicen ustedes frente al espejo? ¿Cuál es su pensamiento más recurrente? ¿Es positivo o negativo? ¿Es algo que los alienta o que les quita la esperanza? El cambio empieza en nuestros pensamientos.

Me senté encima de una abeja, pero no quiero hablar de eso.

Hoy les escribo desde las lejanas tierras de Campeche, no sé si les interese mucho, pero en la mañana me senté encima de una abeja. Fue horrible, en especial porque traía un vestido, no me fije y al sentarme sentí como si me enterrarán una aguja en el trasero. Al parecer no murió la abeja, pero yo tengo lo que parece tres pompas. Ha de ser horrible que algo se siente encima de ti, así que no tengo ningún resentimiento hacía la abeja.

Una vez mi hermano estaba haciendo alguna estupidez junto a un nido de avispas y lo picotearon, pero el tonto estaba borracho y dice que pensó que le estaban disparando con una pistola de gotcha. En fin, el post de hoy no es sobre desgracias ajenas o el hecho que no pueda sentarme cómodamente, hoy quiero hablar de algo muy importante, el poder de pedir las cosas.

¿Nunca les ha pasado que conocen a alguien que les gusta y asumen que esta persona sabe que les gusta, entonces no hacen nada y al final la persona que les gustaba empieza a salir con otras personas? Ok, talvez con menos detalles, pero seguro algo por el estilo les ha pasado, a mi me pasa muy seguido, bueno, me ha pasado un par de veces. El caso es que después del despecho y la agonía de sentirse rechazada, me di cuenta que en realidad nunca fui rechazada porque nunca admití que esta persona me gustaba, es más, nunca demostré mucho interés.

Puede ser miedo al rechazo o falta de seguridad, pero al final el resultado es el mismo, como ni siquiera lo intenté ni gané ni perdí. Suena un poco a galleta de la fortuna, pero es de esas cosas que son más fáciles de decir que de hacer. Hay gente que dice que no digas tus planes o lo que quieres porque se te puede cebar, pero si no dices lo que quieres, ¿cómo lo vas a obtener? Y si pierdes, ¿qué más da? No te hace menos que alguien te diga que no y por lo menos ya lo sabrás, en una de esas chance te dicen que sí.

El verdadero problema viene en saber qué quieres, muchas veces o no lo sabemos o nos convencemos de querer lo que pensamos que deberíamos querer. En las relaciones nos convencemos de querer algo casual o de querer una relación y ya que tenemos eso nos damos cuenta, a veces muy tarde, que no somos felices o que no estamos a gusto. Y así es, el que no sabe qué quiere siempre va a terminar con algo que no quiere.

Parte de saber qué quieres es saber que mereces, yo creo firmemente que todos tenemos el amor que creemos que merecemos. Si alguien no cree que merece algo bueno, va a conformarse con cosas inferiores. Tampoco se trata de ser un perfeccionista, nadie es perfecto y los defectos son humanos. Hay que encontrar ese balance y algo que ayuda mucho es saber a grandes rasgos qué quieres y qué no quieres.

Esa parte es más sencilla, si quieres una relación seria, no te conformes con cosas casuales, no digas que sí cuando alguien te proponga una amistad con beneficios. Si no quieres salir con alguien que tiene algunos rasgos específicos, como podría ser el miedo al compromiso o alguna adicción, no salgas con el player drogadicto.  Esto depende de cada quien.

Yo ya me tengo que ir, vayan pensando en las cosas que quieren y las que no. Hoy se supone que rentaremos unos kayaks para salir a la bahía y tengo que embarrarme mucha crema para piquetes, feliz semana santa.

¿Sigue siendo penoso si sucedió durante terapia?

Les voy a contar una historia muy personal, originalmente les iba a contar sobre la vez que decidí dedicar medio día a la búsqueda de la mejor canción de introducción para una caricatura de TODOS los tiempos

(Ok, eso fue hoy en la tarde y después de hablar con todos en la oficina yo llegué a la conclusión que la mejor canción para una caricatura era la de “Thunder Cats”, ya sé,  ahora estarán todo el día escuchando esa guitarrita eléctrica ochentera en sus cabezas mientras cantan “¡Thunder Thunder Thunder Cats!”… ¿o sólo soy yo?)

Thunder Cats Theme Song

En fin, sólo porque los quiero mucho y estuve ausente un buen rato, les voy a contar una historia particularmente penosa, así que no anden de chismosos.

Todo empezó hace unas semanas, cuando por alguna extraña razón probablemente causada por un desbalance hormonal, el clima loco o la reciente falta de imaginación de Madonna, de pronto sentí unas ganas tremendas de marcarle a un ex ligue.

Yo sé que están pensando y quiero ser la primera en decirles que están equivocados, no extraño a mi ex ligue, ni estoy ardida por cómo terminaron las cosas. La verdad absoluta es que de repente me di cuenta que me gustaría saber qué es de la vida de esta persona (y no puedo stalkear por Facebook porque es de esos seres extraños que NUNCA actualizan su perfil).

El caso es que durante un fin de semana pensé mucho en eso, ¿lo hago o no lo hago?, ¿qué tal que no me contesta?, o peor, ¿qué tal que sí me contesta y después piensa que soy una arrastrada? No, no, no, seguro ni me contesta. Lo pensé y lo pensé y al final no hice nada.

Esa semana cuando fui a terapia y lo comenté, mi terapeuta me dijo: “si la única razón por la que no le marcaste es porque tienes miedo que no te conteste, entonces tienes que marcarle” La lección a aprender era que uno no puede dejar de hacer cosas que quiere sólo porque le teme al fracaso y en mi caso personal, uno no puede ir por la vida sin decir y pedir lo que quiere, pero ese es otro tema por completo.

Entonces mi terapeuta dice: “márcale, si quieres me salgo” (yo sé lo que estaban pensando, y no, mi terapeuta no me pidió que pusiera mi celular en altavoz). Le dije que no era necesario que se saliera, yo sólo quería preguntarle cómo estaba.

Y así, después de media hora de hablar sobre la llamada, finalmente le marqué, sonó una vez, dos veces, tres veces… cuatro veces, cinco veces y de repente me mandó a buzón. Sí, fue un momento penoso, pero aparentemente fue muy bueno para fines terapéuticos.

Llegamos a esta conclusión, hay dos posibles explicaciones de porqué no me contestó: la primera es porque se estaba bañando o algo por el estilo y la segunda porque simplemente vio quién estaba marcando y dijo: “¡Ay! que horror, es Aurora”. No tengo forma de saber qué pasó, ni qué pensó, lo único que sé es cómo me siento yo. Y yo me siento…aliviada, sí, la verdad no quedó en mi, le marqué y descubrí que no me contestó, ahora puedo pensar en otras cosas.

Ya para cerrar este tema, ¿cuál es su canción favorita de la introducción para una caricatura de TODOS los tiempos?

Ten cuidado con lo que deseas

Talvez necesitaba esto. No, estoy segura que lo necesitaba, de la misma manera que hace dos años necesitaba andar con alguien que practicaba la santería y de la misma manera que este último año y medio he necesitado el mismo tipo de relaciones efímeras. Todo en esta vida nos sucede porque lo necesitamos, peor tantito, porque lo deseamos. El lado positivo es que nos sucede para que crezcamos.

¿Les conté que hace dos semanas conocí a un Reiki Master? Ayer fui a mi primera sesión. Ahora estoy recuperándome de una enorme adicción que he tenido por años: Cerrarme. No puedo evitarlo, me la vivo cruzando las piernas y los brazos. Puede sonar raro, pero cuando cruzamos los brazos nos cerramos, es una forma de protección, ponemos barreras. No tiene nada de malo, excepto que al hacer eso obstruimos la energía que recorre nuestro cuerpo.

Puede que pregunten: ¿qué tiene de malo obstruir la energía? Es muy sencillo, ¿cuántos de ustedes tienen dolores crónicos? Pueden ser de espalda, alguna articulación, migraña, cuello. De las tres personas que leen este blog les apuesto que al menos dos tienen algún tipo de dolor crónico. ¿Cómo no van a tener dolores si todo el día están pensando en todas las cosas que los estresan? Que si hay que pagar la renta, hay que ir al súper mercado, hay que terminar el informe de la oficina, hay que cuidar que no nos caiga un puente peatonal encima, que no nos asalten, que nos marque el novio o la novia. Todo el día pensando, sin parar.

Nadie dice que no hay que preocuparse y ocuparse, eso queda sin decir, pero muchas veces las personas olvidan que es igual de importante aprender a relajarse. Hay que aprender a dejar fluir la energía, y sólo porque me caen bien, les voy a compartir un tip que aprendí ayer en mi sesión de Reiki.

Cuando necesiten relajarse o limpiar su energía, siéntense con la espalda recta, sin cruzar las piernas, con las manos en los muslos (ojo, las manos en los muslos, no las rodillas), cierren los ojos y piensen en algún lugar que les guste con tierra (puede ser el bosque, la playa, el desierto, el caso es que sea tierra, no agua, no concreto).

Yo imagino la playa, siento como mis pies están cubiertos de arena, está fresca, está húmeda, las olas llegan y mojan mis pies. Soy una con la Tierra y mi energía es mínima comparada con la energía del planeta completo, mi energía fluye de mi cabeza a mis pies, a la tierra y de regreso. No pienso en nada, sólo dejo que fluya en mí está corriente de energía, puede que vea colores (ya descubrí que yo veo azul cuando hago esto) o que perciba olores o ruidos.

Cuando esté lista vuelvo a abrir los ojos, estoy relajada y tranquila. Pueden hacer esto cuántas veces necesiten al día. A mi me recomendaron hacerlo al despertarme y por lo menos una vez más al día. Inténtenlo y me avisan si les funcionó. ¿Qué se imaginan? ¿Qué perciben? ¿Ya se les quito ese dolor de espalda?

Más padre que un Master Jedi

Gente, ¡estoy en shock! A pesar de amar las películas sobre el poder de nuestros pensamientos y la física cuántica, tipo “El Secreto” y “What the bleep do you know” (que las ame no significa que las he visto más de una vez, la verdad, son medio aburridas), nada me pudo preparar para lo que viví hace unos días.

El sábado pasado hubo una comida en mi casa, el mismo día de la final de la Champions (sólo a mi mamá se le ocurre organizar una comida ese día). Vinieron los de siempre, familiares, amigos y un señor que nunca había visto en mi vida. Resulta que el señor (que para muchos podría no ser un señor porque tenía 37 años, pero para mí sí lo era) prefiere irse a sentar a la sala con las señoras en lugar de ver el partido, lo cual se me hizo muy raro y, por alguna extraña razón, molesto.

Voy a sonar muy sexista, pero se me hizo súper teto que no quisiera ver el partido y que no quisiera una cerveza. Además, yo andaba muy irritable, llevaba todo el día con un dolor de cabeza que no se me quitaba ni con ocho mil miligramos de advil. Finalmente cuando se acabó el partido nos sentamos en la mesa, no tenía ganas de convivir (en serio me sentía muy mal).

De repente, la congregación se dio cuenta de que no estaba hablando (cosa muy rara) y que me veía toda pálida (la verdad estaba un poco cruda). Les empecé a explicar que me sentía mal, que no era nada personal, pero que mejor me iba a acostar, cuando de repente el hombre misterioso dice: “¿Quieres que te quite el dolor de cabeza?”.

Me reí un poco y le dije: “bueno”. Se paró de su lugar y camino hasta el mío, se quedó parado atrás de mí y me dijo que no me moviera. En eso empecé a sentir como si alguien me clavara agujitas en la cabeza, después me dijo que iba a sentir la cabeza caliente, sentía como si me ardiera toda la cabeza. Siguió haciendo eso por unos segundos que se sintieron como minutos y de repente se me quitó el dolor de cabeza.

El hombre misterioso que no quería ver el futbol era un Reiki Master y me había quitado el dolor de cabeza sin tocarme. Para los que no saben qué es el Reiki, una definición ligeramente enciclopédica dice que es una práctica espiritual desarrollada en 1922 por un budista japonés llamado Mikao Usui. El Reiki sirve para sanar a seres vivos mediante la transferencia de energía a través de las manos.

Entonces le pregunté a Memo (no es su nombre verdadero, pero ya me cansé de llamarlo “el hombre que nunca había visto”) cómo funcionaba el Reiki. Me explicó que el cuerpo humano tiene tres dimensiones: una física, una que pertenece al mundo de la homeopatía y finalmente la de nuestro campo magnético o energía. Hay formas de medir nuestro campo magnético y hay personas que lo llaman aura, cuando hay problemas con nuestra energía podemos sentir malestares, dolores o inclusive tristeza.

“Mi energía estaba mal y él la había acomodado con sus manos”. Juro que no lo hubiera creído si no hubiera sentido como si me clavara agujitas en el cráneo sin tocarme. Un Reiki Master puede controlar la energía, acomodar tu campo magnético, pero tiene que saber hacerlo sin lastimarse, porque al hacerlo él se queda con todo lo negativo.

Por si seguía sin creerle, me pidió que pusiera las manos entre las suyas y sin tocarme sentí como las presionaba. No es tan descabellado, todo es energía y todo es vacío. Todo está formado por átomos, que en su mayoría son energía y vacío (eso no lo tienes que “creer”, es física elemental). Memo dice que un porcentaje muy alto de las personas enfermas están así porque en algún momento lo desearon (pensamientos negativos) o porque no saben o no pueden equilibrar sus campos magnéticos.

Mi última pregunta fue muy sencilla, ¿cómo le hago para curarme sola? ¿Cómo le hago para “arreglar” mi energía? Muy fácil, me dice: “La forma más sencilla y a la vez más complicada es lograr poner tu mente en blanco”. OK, tal vez no es tan fácil.

¿Cómo logras poner tu mente en blanco? Yo no puedo, en cuanto dejo de ver imágenes empiezo a tararear la nueva canción de Britney Spears ¡Es imposible! “Paciencia, cada persona tiene una forma de hacerlo. Algunos meditan, otros corren, otros pintan. Tengo amigas que arman rompecabezas, yo toco la guitarra y veo películas”.

Al final agregó la parte más importante: “tu problema es que quieres controlar todo, deja de hacer eso. Antes de encontrar una actividad que te ayude a callar tu mente, tienes que aprender que no puedes controlar a nadie y que nadie te puede controlar a ti. Relájate”. ¡Wow! ni en tres años de terapia recibí tan buen consejo, creo que nos serviría a todos intentar relajarnos y pensar cosas positivas. Yo prometo dejar de intentar controlar a la gente y también prometo dejar de intentar adivinar los motivos detrás de las acciones de la gente (soy súper intensa), y ustedes, ¿qué planean cambiar?