La mayor parte de los estrenos cinematograficos en estos dias resultan insignificantes o meros sinonimos de mercadotecnia salvaje. A mi en realidad me da lo mismo si veo o no peliculas como las que componen las sagas de “Crepusculo”, “Harry Potter”, cosas asi.
Pero el caso de Sherlock Holmes es excepcional, ya que se trata de una historia en la que el arte de la deduccion y la inteligencia en si misma resultan los protagonistas. Ciertamente, las historias de Sherlock Holmes se encuentran entre los grandes referentes al momento de observar los vinculos entre la imaginacion y el saber a lo largo del cruce entre el siglo XIX y el XX.
Sherlock Holmes y el doctor Watson irumpen en la Inglaterra victoriana con una vision radical e innovadora del hecho policiaco. A traves de una mezcla entre metodos psicologicos y cientificos, esta insolita pareja teje una hermeneutica del crimen, sorprendiendo a los lectores europeos, tal y como lo hacia en esos momentos Sigmund Freud, que paso de su casa de Viena a su residencia final de Londres ahuyentado por la guerra, pero antes combino de manera eficaz y asombrosa metodos provenientes de la clinica medica, el analisis autobiografico y la literatura.
Asi, Sherlock Holmes nos enfrentara, a partir del 1 de enero, con una de las grandes necesidades humanas del presente: la posibilidad de pensar, interpretar y significar el crimen. Su metodo, que opera como una mirada que anticiparia tal vez a Foucault, Barthes y Ricoeur, nos entrega una hermeneutica del crimen. Sherlock Holmes es, a diferencia de los vampiros, robots y hombres lobo que hoy pueblan nuestras pantallas, un monstruo no de la supersticion sino de la inteligencia.
